jueves, 28 de abril de 2022

Feriado de Semana Santa en Copiapó Sábado

 Este día no era necesario madrugar. El plan era ir a conocer el objetivo principal de este viaje, el Salar Maricunga. Nos encontramos en el desayuno, aunque nunca desayunamos todos juntos porque el trámite era engorroso. Había que hacer la cola donde se pedía el desayuno propiamente tal. Ninguna maravilla. Un par de tostadas, una lonja de jamón y otra de queso, huevos revueltos fríos, mantequilla y mermelada envasada. Pero lo peor era que esto no estaba listo. Un empleado armaba sin apuro cada bandeja, yendo y viniendo a la cocina, a buscar el agua, a echar un chorrito de leche, poniendo las rebanadas de pan en la tostadora, en fin, lo más ineficiente que he visto en una gestión bastante simple. 


A las 10:30 ya estábamos saliendo hacia el este, por el camino varias veces recorrido cuando fuimos a Diego de Almagro, El Salvador y Potrerillos. En esta época del año el sol es menos brillante, ya que cae más oblicuo en el hemisferio sur, acercándose al invierno.
Yo me fui de copiloto con Wirito porque la mayoría del camino era de tierra, y ya saben, yo tengo tema con eso... más bien tengo problema, y si la puedo evitar, lo hago.
En las aplicaciones de pronóstico del tiempo, para Maricunga  se anunciaban temperaturas bajo cero, hasta -4º, en la mañana, y recién a partir de las 12 podía subir hasta 6 u 8 grados. Por lo cual me abrigué como para ir al polo, con 7 capas arriba y 4 capas abajo, incluido el traje de moto y sus respectivos forros térmicos. 

Hacía tiempo que no andábamos por ahí. En mi recuerdo era un camino más bien recto que se perdía en el horizonte, al internarse en los cerros, con grandes planicies a cada lado. Uno que otro galpón, o alguna industria pequeña se veían cada tanto. Desde la carretera se veía la enorme chimenea de la fundición de Paipote, la primera fundición estatal de cobre.

Ahora el paisaje ha cambiado dramáticamente. A orillas del camino hay poblaciones, que pueden ser tomas, con casas muy rudimentarias, en la mitad de la tierra, sin urbanización aparentemente. En la amplitud del terreno hay espacio para estacionar camiones y maquinaria pesada, retroexcavadoras, por ejemplo, sin que estorben. Y también hay espacio para grandes basurales o botaderos de toda clase de objetos, fierros, neumáticos, bidones y basura doméstica no orgánica (creo), al borde de la calzada. 
Y detrás de todo eso, con alguna dificultad se logra divisar la chimenea de la fundición que, dicho sea de paso,  está en la mira de la gente de Tierra Amarilla, poblado colindante a la planta, y de algunas autoridades del gobierno local por las altas emanaciones de Dioxido de sulfuro, excediendo 3 o 4 veces el máximo permitido por la regulación ambiental, que llegan al pueblo y afectan a los habitantes.
En resumen, todo muy distinto a lo que era hace menos de una década.
El sol ya entibiaba algo el ambiente. Abandonamos el camino conocido, en el desvío al Paso Fronterizo San Francisco, y seguimos por la ruta 31 que se interna en el desierto y luego en la cordillera, hasta mas de 4000 msnm. Se acabó el pavimento y empezó la tierra, pero con tan buena suerte que se notaba que hacía muy poco habían pasado la máquina que lo empareja, entonces estaba bastante bueno. 
Es un camino muy lindo, con los cerros de colores, algunos tramos entre murallones de roca super altos, y el cielo azul de fondo. Casi sin tráfico. 




Hay señalética indicando la altura a la que se está en el camino. La primera, a los 2000 m
La primera parada la hicimos en un mirador en la Vega de San Andres, lo que a mí me parece que es un bofedal, es decir un humedal en altura, con fauna y flora propia de ese ecosistema. Esta a 2770 msnm. Hermoso! una especie de oasis en la mitad de la aridez extrema del entorno. Con un riachuelo, llamas, y la vegetación típica del altiplano. Sacamos muchas fotos. Un lindo recuerdo de un lugar bien desconocido.









Seguimos camino y llegamos a una subida como la de Portillo pero con las curvas más espaciadas. Como es de esperar, en las curvas el camino está un poco más malo pero no terrible. Las vistas desde la altura son alucinantes.


4000 msnm





EL CAMINO DESDE LA ALTURA

Wirito paró a abrigarse un poco; estaba bien helado, pero yo iba de lo más bien. 
Como a las 12 habíamos cubierto  los 133 Km y llegamos al Salar Maricunga, que aunque parezca snob, no es la gran cosa comparado con Uyuni, con Salinas Grandes en Argentina, con Badwater Basin en el parque nacional Death Valley, California, o con el Salar de Atacama en Antofagasta. 



Eso si el camino hasta allá es maravilloso. Antes de llegar al salar se puede ver el complejo volcánico de Ojos del Salado, el volcán más alto de la tierra, con 6891 msnm. 

 Un poco más allá, mirando al salar, está la Aduana chilena, que está en
construcción. Ahí se harán los trámites migratorios cuando el Paso San Francisco esté operativo. En el lado argentino el paso está en la provincia de Catamarca.




En el lugar hay una dotación de unos 4 carabineros, jovencitos, muy amables y hospitalarios. De hecho nos dejaron usar el baño de una casa que parecía ser su alojamiento. Muy básica.



Están ahí, en la mitad de nada, a 3700 msnm, sin internet, y bien aislados. Están 15 días corridos después de los cuales bajan otra cantidad de días, para luego volver a subir. Nos contaban que se entretienen viendo películas descargadas en los computadores. Y con los pocos turistas que se les ocurre ir a recorrer la zona.
El viento que corre ahí cala los huesos. Es muy helado. Así y todo, unos de los carabineros andaba con pura polera!!
El paseo incluía seguir a Laguna verde, ya que estábamos tan cerca! Pero era cerca entre comillas, teníamos que recorrer como 100 Km más, llegando al límite de la autonomía de las motos, bidón de reserva incluido. Osea, había que ir a baja velocidad de crucero, 80 o 90 Km/hr y asumir que, a la vuelta, en bajada el consumo disminuye. Y además cruzar los dedos y/o encomendarse a alguna divinidad y pedir su ayuda.
Asi que seguimos no más, con la agradable sorpresa que desde  ahí hasta la laguna estaba pavimentado! Eso sí  con arreglos y bandereros por tramos larguísimos.
A mi se me hizo eterno porque no sabía a cuanto estaba, y me había hecho la idea de unos 20 o 30 Km... no 100 o más! Ante mi duda, en algún punto del camino, le preguntamos a un banderero cuánto quedaba para llegar, y si había que seguir derecho, por ese camino. Y si, debíamos seguir por ahí, un buen rato más.


El esfuerzo  y la tenacidad tuvieron su recompensa, cuando, después de una curva, y en un sector en bajada, apareció majestuosa, en primer plano la Laguna Verde. Una belleza!! rodeada de ceniza volcánica blanca, a 4350 msnm.

Qué cosa más linda. Había que parar, para sacar las fotos, y empezar a volver, calculando que alcanzara la bencina. Al poco rato llegaron los Vampis, y Migué. 
Vampiro venía evidentemente cuidando la reserva de combustible, en esta moto nueva, con el estanque más chico, y muuuy lejos del Supertanker en algún paseo al norte, que tuvo que convidarle bencina a los que quedaron secos.
La Angelita se sentía super mal la pobre, con la altura. El oxigeno que compró la Leo, desde Santiago para que le llegara al Wiro al hotel el día antes de este paseo fue salvador! Ella aprendió rápidamente ha inhalarlo y sentirse mejor. Al menos la ayudó a sobrevivir hasta que bajamos a menos de 1000 msnm.
Nos bajamos todos, sacamos montones de fotos y admiramos el paisaje. La belleza del altiplano es difícil de describir, es una especie distinta de conexión con la naturaleza, su inmensidad, su misterio.  A mi me subyuga.











Empezamos a volver. 
Recorrimos de vuelta el camino con los bandereros, viendo otro paisaje, con la perspectiva de ir bajando y no subiendo.
Bajando hacia Maricunga desde Laguna Verde, antes de llegar a la aduana hay una especie de santuario de la Virgen de la Candelaria. 
Cuenta la historia que El arriero Mariano Caro Inca descubrió en 1780 una figura tallada en piedra plana, de 14 centímetros de alto que estaba en las cercanías del Salar de Maricunga. La tradición popular, sostiene que fue la propia Virgen la que lo llamó a su encuentro, al ser atrapado por una tormenta cordillerana, divisó a lo lejos una tenue luz corriendo siguió su destello y fue así como encontró una cueva, que le permitió abrigo de la tormenta. La Virgen de la Candelaria es una pequeña figura hecha de piedra plana de tan solo 14 centímetros de altura, recibe el nombre de Candelaria por llevar en uno de sus brazos al niño Jesús, y en el otro una candela encendida. La Virgen en la actualidad, se encuentra resguardada en una pequeña vitrina detrás del altar mayor, a un costado descansan los restos de su descubridor, Mariano Caro Inca.
El Santuario fue construido en el lugar donde el arriero encontró la figura de la virgen por el MOP, en 2017. 
La historia es muy parecida a la de la Virgen de Andacollo. Un indio encontró la figura perdida en los cerros. Los curas o los conquistadores buenos para perder cosas!! Lo bueno es que a partir del hallazgo se crea el mito, se hace el santuario y hay fiesta!! Las fiestas para el día de la Virgen de Andacollo y de la Candelaria son como las de la Tirana, a menor escala, pero con todo!! Bailes, cantos, drogas y alcohol... y rock and roll!! jajajajaja





Alas 15:30 con  llegamos a la aduana y esperamos que llegaran los demás. Hacía mucho viento y mucho frío. Wirito, inquieto como es, recorriendo el lugar encontró unas sillas como de sala de espera, en el túnel donde estarían las oficinas de migración, a buen resguardo del viento, y al sol.

Una delicia!! calorcito al fin. Ese sería el lugar para comer el picnic que Migué llevaba en la camioneta. 
Cuando llegaron les indicamos que se estacionaran ahí al lado del túnel, y disfrutamos de los sandwiches, el café caliente que preparó Wirito, el descanso sin pasar frío y los comentarios e impresiones de los viajeros en esta nueva ruta.



Terminado el almuerzo, partimos de vuelta para llegar con luz a Copiapó. 
Wirito encontró que para todos los fines prácticos yo era un lastre, asi que también me fui en la camioneta. La Angelita durmió casi todo el camino, hasta que llegamos a una altura normal, y le volvió el alma al cuerpo, recuperando sus colores. 
Vampiro había dejado 2 litros de bencina en el bidón cuando recargó su estanque. Lo cual estuvo muy bueno y muy bien pensado, porque Wirito tuvo que echárselos a su moto para poder llegar a la Copec en Copiapó. Eran las 18:30, cerca de la puesta de sol.



Llegamos al hotel ya anocheciendo. Nos cambiamos de ropa y nos juntamos a las 8 para ir a comer. Primero intentamos dar con algún restoran de carnes, luego dimos varias vueltas por calles donde Migué sabía que había sitios para comer. Todo cerrado!
Terminamos en el restoran donde comimos el primer día jajajajajaja! La comida estuvo muy buena y muy entretenida, repasando las anécdotas del periplo por la 3ª Región.




Feriado de Semana Santa en Copiapó Domingo

 El plan original era volver sin apuro y alojar en La Serena el Domingo, y seguir viaje a Santiago el Lunes, como para llegar tipo 3 o 4 y saltarnos el taco del Domingo, producto del regreso masivo de los turistas del litoral entre Pichidangui y Maitencillo.

Pero solo Camarón con la Sonia y yo  podíamos hacerlo así. Y como Camarón se tuvo que volver antes, no me iba a quedar sola en La Serena y me programé para volver el Domingo con todo el grupo.

Teníamos que salir muy temprano, para tratar de avanzar lo más posible antes de la avalancha de autos que se tomarían la 5 Norte, desde La Ligua al sur.

De hecho, deslicé la idea de salirnos en La Ligua y volver por Putaendo y la cuesta Los Patos... más largo pero sin taco. Pero nadie me pescó.

Teníamos que salir a las 7 de Copiapó. Por lo tanto, el desayuno tenía que ser a las 6:30. Había dejado todo preparado la noche antes, como para guardar el pijama y las cosas de baño, cargar la moto y no demorarme en la mañana.



Entre una cosa y otra, partimos a las 7:15. Apenas amaneciendo, despejado pero frío.

Ese día y a esa hora si que no andaba nadie en las calles. Rápidamente tomamos el camino a Vallenar, a medida que despuntaba el sol detrás de los cerros.




Pocos kilómetros después de salir de Copiapó, en el horizonte, se veía una nube larga sobre las casas y el camino, algo muy raro. Parecido a una nube tóxica de las películas, cerniéndose inadvertidamente sobre el pueblo... No era una nube tóxica, era peor que eso.

Era la colita o el comienzo de un banco de niebla muy densa, que reducía la visibilidad a pocos metros, y por lo mismo la velocidad. Osea el plan de avanzar rápido en la mañana se fue a las pailas.
EL BANCO DE NIEBLA QUE LLEGABA HASTA VALLENAR

Yo iba tiesa, concentrada en seguir la luz roja de la moto del Vampi o del Wiro, que era lo único  que veía con nitidez. La niebla nos acompañó todo el trayecto hasta Vallenar. A ratos era tan densa que mojaba el casco como llovizna, Con el casco cerrado se me empañaban los anteojos... con el casco abierto me entraba la llovizna y me dificultaba ver. Todo mal.
Pasamos a la Copec de Vallenar a echar bencina y a tomar un café. Eran las 9:15
Bien chatos con el asunto de la neblina. Estábamos en eso cuando llegó un whatsapp de la Olga diciéndonos que en Vallenar habían seguido, y que un poco mas allá terminaba la niebla y estaba despejado. Fue una muy buena noticia!



Así que retomamos camino más animad@s.
Efectivamente, un poco más al sur ya estaba despejado, pero faltaba la Cuesta Pajonales y la Cuesta Buenos Aires que suelen estar con neblina a esa hora, por lo que no nos hacíamos ninguna ilusión con el resto del camino hasta La Serena.
Disfrutamos del sol, y nos olvidamos de la niebla. 
Pajonales estaba despejada! asi que fue un agrado hacerla de vuelta, con muy poco tráfico. 
Y lo mismo la cuesta Buenos Aires... se veían las nubes al fondo, pero eran nubes altas, lo cual tampoco fue problema.
Llegamos a La Serena y nos fuimos a la Copec a la salida de Coquimbo. A esa hora, las 11.30 había movimiento pero no taco. Todavía era posible creer que el retorno a Santiago podía ser relativamente fluido.



Pero esa creencia se hizo trizas en el peaje de Tongoy. Una cola gigante. Wirito atinó y se tiró a la derecha por un hueco estrecho y nos saltamos la cola casi completa porque por ahí solo cabían motos hasta la caseta de peaje.
Seguimos camino con bastantes autos pero fluido. Ademas por el tema de la bencina no podíamos ir muy rápido. 
Habíamos acordado pasara a Huentelauquén si es que no estaba muy lleno. Y si no, seguir no más y entrar a Los Vilos a una bomba chica que no estuviera tan colapsada.
Huentelauquén si estaba colapsada, así que seguimos no más. Seguimos hacia Los Vilos, y entramos a una bomba con no tantos autos. Wirito compró café y creo que algo picoteamos, un queque malo del desayuno.
El peaje de Pichidangui lleno, volvimos a aplicar tirarnos por la derecha y saltarnos la cola para llegar a la caseta. Increíble que todavía hayan tantos peajes manuales y no con free flow!
De ahí en adelante fue todo el rato un acto de fe. Que alguna fuerza sobrenatural nos libraría del caos vial en el primer fin de semana largo post pandemia, sin mascarillas, sin aforos, y con 4 retiros de fondos previsionales, convertidos en automóviles!! Porca miseria. 
El taco empezó en La Ligua y no terminó nunca más. Kilómetros y kilómetros en 2ª o 3ª, o derechamente por la berma cuando bajaba demasiado la velocidad. Una verdadera pesadilla. Titubeamos respecto de hacer la cuesta El Melón o meternos al túnel. A último minuto elegimos irnos por el túnel y a la salida había dos vias separadas por barreras sin señalización. Todos se iban por la izquierda (como buenos ingleses de América que somos) pero Wirito se tiró por la pista de la derecha que estaba vacía.Y gracias a eso nos saltamos la cola del peaje!! las dos llegaban a las casetas, pero la nuestra estaba vacía jajajajajaja.
El resto del camino siguió por la berma. A Wirito lo perdimos y nos fuimos pegados con el Vampi. El Vampi creía que después del Peaje Las Vegas el taco terminaba...
Qué ingenuidad! seguía igual o peor, nuevamente aplicar berma, así que en TilTil, más vale tarde que nunca, nos salimos hacia Quilapilún y Los Libertadores, que sin estar vacías, al menos fluían a buena velocidad.
Seguimos juntos hasta que tomé la salida a la Radial Nororiente. Ellos siguieron por Los Libertadores. 
Ya no quedaba nada para llegar pero se estaba poniendo el sol. No me gusta andar sola en autopistas no iluminadas y de noche. Asi que guardando todas las proporciones le metí chala y con el ultimo resplandor del crepúsculo entré  a  Vespucio, calle iluminada, y de ahi a mi casa. Nos echamos 4 horas de Los Vilos a Santiago!! Horroroso. 
Migué, en la camioneta, creo que se demoró 1 hora mas en llegar a Santiago.
Mirado a la distancia pasará a ser un capítulo  más del anecdotario de Cualtaco.

Con todo fue un excelente viaje! conocimos lugares desconocidos para nosotr@s y el grupo 10 puntos! Una pena que Camarón haya tenido que volverse, pero creo que está planeando algo así como el viaje de los picados, o de los que no fueron, repitiendo el itinerario.
Muchas muchas gracias a tod@s por una experiencia inolvidable!!
Hasta la próxima!!