sábado, 14 de marzo de 2026

Voy y vuelvo: De Santiago a Arica ida y vuelta en moto. Capitulo Trece: Antofagasta a Copiapó . Desayuno en La Negra y parada en la Mano del Desierto.

 En este día cubriríamos 508 Km entre Antofagasta y Copiapó.
Partimos el día en del departamento en que habíamos alojado con la preocupación de ver si la batería de la moto de Ojitos se había recuperado durante la noche, y si no,  hacerla partir con los partidores bien cargados.
El bajó al estacionamiento para salir de dudas.

La batería estaba sin carga y se necesitaría de los partidores para echar a andar su moto.
Al darme cuenta que la batería no funcionaba, también bajé a dar apoyo moral, junto con mi partidor.
Cuando llegué abajo mi partner ya había sacado el asiento, tenía las herramientas y demás todo perfectamente ordenado y su cargador conectado a los bornes de la batería.


En los primeros intentos no pasó nada, pero había que darle tiempo.
Yo me devolví al departamento, que quedaba re lejos, a prepara mis cosas y buscar un carro de supermercado para bajar todas  las cosas de una vez.
Por supuesto que no había carro... estaba en la otra portería que quedaba en la otra salida del condominio. Todo mal.
Armé el bolso gigante y me lo puse como mochila para bajar al estacionamiento.
Ahí estaba mi partner, sin poder arrancar la moto aún.
Volví al departamento para bajar todo lo que faltaba y dejar la llave para avisar que ya nos íbamos.
Pero antes le pasé una cadena espiral plástica, como la que se usa en los casinos para sujetar la tarjeta que se mete en las máquinas y no dejarlas olvidadas.
Yo la tenía con las llaves de mi casa, atada al banano donde llevo los documentos.
La idea era que pusiera la llave de la moto en la argolla y la atara a su chaqueta. Así sería imposible que dejara llave puesta en la moto sin cortar el contacto.
Y fue santo remedio.

Cuando bajé con los otros bolsos, la moto había arrancado y Ojitos estaba muy contento dando vueltas en el estacionamiento mientras yo cargaba mi moto.
Al poco rato me llama y me dice que salió a dar vueltas en la calle, y que me esperaba a la sombrita, a la salida del condominio.
Cuando estuve lista salí y Ojitos no estaba!!
Paré, lo llamé, le dije donde estaba y esperé que llegara.
Nos juntamos y avanzamos por la calle del condominio, que era paralela a la Ruta 1, la costanera propiamente tal.
Seguimos unas pocas cuadras por esa calle, y no fue tan fácil cruzar a la Ruta1.
La calle para doblar tenía disco pare y como era hora peak había mucho tráfico.
Como pudimos doblamos y llegamos al semáforo para doblar a la izquierda y entrar a la Ruta 1. Era una calle de 1 pista y nos fuimos por el lado hasta el semáforo.
Quedamos al lado de un camión que nos confirmó que en Antofagasta manejan como energúmenos. 
Ojitos se adelantó un poco con la idea de salir primeros cuando dieran la verde y el cabrón del camión también se adelantó y nos bloqueó el paso.
Entramos a la Ruta 1 que era un solo taco. Había que andar entre 1ª y 2ª.
Teníamos que buscar donde tomar desayuno. No atinamos que al frente del departamento había una tremenda Copec. Yo ni la vi. Contábamos con que más adelante tenía que haber algún lugar.
Craso error. Esa era la última bomba hasta la salida a la 5 Norte.
Seguimos en el taco hasta que tomamos la salida a la 5 Norte. El próximo lugar para desayunar era una Shell en La Negra.
Ese camino es estupendo, de doble pista y muy buen pavimento. Poco tráfico y buena temperatura, nada de calor, así  que lo disfrutamos. 
Paramos en la Shell a echar bencina, pero la tienda estaba cerrada. No podía ser!!
Nos quedaba la alternativa de alguna parada de camioneros en el tierral al lado de la Ruta 5.


Fuimos bien torpes, porque deberíamos haber salido a la carretera a buscar un lugar y ahí meternos a la tierra, pero en lugar de eso salimos de la bomba y nos metimos a la tierra sin fijarnos que el primer negocio era un lavado de camiones. Osea era un poco de tierra pero más que nada barro, pozas, baches y piedras asomadas.



Avanzamos hasta que vimos una posada y estacionamos como pudimos. 
Las motos quedaron un poco a la pasada pero no estábamos para fijarnos en detalles sin importancia.

Entramos, por fin, a tomar desayuno.
La típica picá de camioneros.
Un salón muy amplio, con muchas mesas cuadradas con manteles plásticos, refrigeradores con puerta transparente para conservar las bebidas, y la tele con el matinal para hacer que la gente no converse y no piense.
El desayuno consistía en un café gigante (500 cc calculo yo) un jugo de piña, bien rico de 750 cc, una paila de huevos y una marraqueta gigante crujiente, fresquita, pero también mucho más grande que la que yo compro en el supermercado cerca de mi casa. 

Obviamente sobró café, jugo y media marraqueta, por más que me esforcé por no dejar nada. Es que no soy camionera!  soy una modesta motorista.
Mirando el mapa caché la movida de las alternativas de rutas para seguir hacia Copiapó.
Una era por la Caleta El Cobre, que no la hemos hecho nunca, y es donde se retoma la Ruta 1, que se interrumpe en Coloso.
Otra era por la 710, que pasa por Paranal y llega a Paposo.
Y la otra era por la 5 Norte, por el desierto.
Elegimos la alternativa de la 5 Norte, ya que yo quería ir a la Mano del Desierto. Muchas veces pasé mirándola de lejos, sin ni siquiera parar a sacar una foto, y tenía muchas ganas de verla con calma.
El problema con esa ruta es que no hay bencineras  hasta Agua Verde, y ya nos pasó una vez que quedamos varados ahí porque las bombas se echaron a perder con el viento y la tierra.
Pero hablamos con unos colegas camioneros, muy amables, que también estaban tomando desayuno, al lado nuestro, y les preguntamos como veían ellos la situación.
Nos dijeron que ellos nunca habían tenido ese problema, que nunca fallaba y que estaba a 200 Km.
Listo, estaba decidido. Nos iríamos por la 5 para ver la Mano del Desierto y pasaríamos a Agua Verde a echar bencina.
Además, yo seguía con mi bidón lleno con bencina de Pozo Almonte jajajajaja.
Salimos del local y pegamos un sticker de Cualtaco.

Para seguir había que sacar las motos del barrial/tierral.
Había llegado otro camión que bloqueó la salida menos accidentada.


No quedaba otra que salir por la parte con hoyos, barro  y pozas de agua.
Ojitos salió primero. Yo vi como rebotó en un hoyo y aterrizó en una poza de agua.
Debe haber quedado todo mojado. 

Dada la complejidad del asunto, me hice la linda y mi partner sacó mi moto hasta terreno más plano.😘

Seguimos con el día exquisito, sin viento y muy poco tráfico.
En este viaje nos hemos dado de cuenta que el norte ha cambiado mucho en los últimos años.
Los caminos que antes no andaba casi nadie, ahora tienen harto tráfico. Lo vimos en Antofagasta, Mejillones para qué decir, y desde ahí hacia el sur, lo normal es que haya muchos camiones circulando.
Parece que Chile no se cae a pedazos.
Pero sigue siendo una ruta mágica, una cinta de asfalto atravesando el desierto infinito.

Divisamos una animita con una araucaria... por mucho que sean una clase especial de araucaria, adaptadas a ese clima, no imagino como sobrevive.

Unos 40 Km. al sur de La Negra se empieza ver la megaescultura de Mario Irarrázabal. Es impactante y yo la encuentro una genialidad, como toda su obra.
La escultura es de hormigón armado y mide 11 m. Fue inaugurada en 1992.
Paramos un poco antes para ver como estaba la entrada, que obviamente es de tierra.
Yo había visto muchos videos de gente en moto entrando al lugar y no se veía tan terrible. Solo en una parte era muy irregular, con hoyos respetables, pero según yo, se podía pasar por el lado. Estaba super convencida de meterme a la tierra para llegar a la Mano del Desierto.
El lugar donde paramos no fue el mejor porque la berma era muy angosta y los camiones pasaban re cerca.

De lejos vimos como un auto chico daba bote en el camino de tierra. 
Así que decidimos ni intentarlo y sacar las fotos de lejos no más.
Me dio lo mismo los camiones pasando por el lado.
Saqué la camara, le puse el zoom y saque las fotos que siempre había querido.
Mejor hubiera sido llegar al lado de la escultura, pero quedé más que conforme.

La próxima parada era Agua Verde, a unos 150 Km, para echar bencina y comer algo.
El trayecto fue super agradable, sin nada de viento. Pero con mucho calor. El termómetro marcaba 31º a las 10:40.

En esa zona, en el Km 1200, a 130 Km al este de Taltal, está el Parque eólico Horizonte de la empresa Colbún. Está en funcionamiento desde 2025, con una capacidad instalada de 816 MW. 
El área del proyecto es de 8.000 hectáreas, de las cuales se han utilizado 454. 
Evita la emisión de casi 500.000 toneladas de CO2 y provee energía renovable para 715.000 hogares.
es el parque eólico más grande de Chile y el 2º más grande de Sudamérica.


Recién en Agua Verde se levantó un poco de viento suave, pero nada del otro mundo.
Ahí echamos bencina y conversamos con unos moteros osorninos que venían de Uyuni.
Nos contaron todas las dificultades inherentes a estar en Bolivia, (que las vivimos en carne propia) pero que todo vale la pena cuando llegas al salar.
Igual que en ChiuChiu y  en San Miguel de Azapa aplacamos el hambre con un mote con huesillos que estaba muy bueno.




Luego del descanso seguimos camino a Chañaral.
Esa parte estuvo un poco más ruda, con el viento más fuerte, (el mismo que hace girar las aspas de los aerogeneradores) salvo cuando nos tocó viento de cola, lo cual era muy agradable.
En algún punto del camino tuvimos que hacernos a un lado porque venía alguien adelantando con línea continua, que no hizo ningún amago de frenar o devolverse a su pista.
Parece que nos habíamos acostumbrado a lidiar con el viento, porque no se sintió tan terrible. Claro que era muuuucho menos que en Calama.
El camino a Chañaral es maravilloso. Ese es el desierto más lindo. Son las imágenes que yo recordaba y que justifican por si solas, el viaje hasta allá.
Son cerros que parecen de felpa con colores espectaculares, vetas  y cambios de tono preciosos. Y el camino transcurre en la mitad de esta maravilla, con los cerros ahí mismo, al lado del pavimento.




Lo disfruté mucho. Me encantó. Especialmente la zona que se llama cuesta Portezuelo Blanco, con unos paisajes maravillosos, las vistas hacia el valle, y las curvas exquisitas. 
En una de las salidas a Pan de Azúcar Ojitos disminuyó mucho la velocidad, como evaluando la alternativa de seguir por ahí a Chañaral.
Pero yo pensé nooooo ni lo pienses! 
No tenía ganas de andar por un camino que podía ser malo, y que agregaba una hora de viaje hasta Copiapó.
Así que lo adelanté seguí adelante hasta la Copec.
En la parada en Chañaral yo eché bencina, Pedro no quiso, y nos sentamos a comer algo con un café. Ojitos descubrió la bebida Suerox que s la mejor para hidratarse.


Nos volvimos a encontrar con los Osorninos, que querían llegar a La Serena si mal no recuerdo.
Reanudamos la marcha de los últimos 170 Km. hasta Copiapó.
La geografía de la ruta costera sigue siendo espectacular, de las más lindas para recorrer.



Pero se hizo desagradable, primero por un viento muy fuerte que no recuerdo haber sentido en ese camino, y también por los tacos de camiones, que casi no se pueden adelantar porque es muy serpenteante, con subidas y bajadas, con poca visibilidad, y con mucho tráfico en contra.
Además se han multiplicado las tomas en la playa y en los cerros, con casuchas y mucha suciedad. Está lejos de ser una belleza indescriptible; me alegré de haber estado ahí, varias veces en su mejor época.
El viento nos acompañó desde Agua Verde hasta 30 Km antes de Copiapó, que venía desde la derecha y dificultaba volver a tomar la pista después de adelantar los camiones.
En el camino Ojitos entró a un estacionamiento de camioneros, porque tenía que ir al baño.
Lo malo es que era de tierra, por supuesto que la pata de la moto no bajaba y había que buscar la posición correcta, así que mejor me quedé en la moto. Además había perros pero por suerte eran amistosos.
Salimos de la tierra y los perros no nos persiguieron.
La salida a Copiapó versus el by pass para seguir al sur está super bien señalizado.
No como antes que alguna vez nos perdimos y nos dividimos en los dos caminos.
Llegamos a Copiapó con mucho taco en la avenida principal, que es la Copayapu.
Lo primero que pensé cuando planifiqué este viaje era haber alojado en Las Pircas, que es muy agradable, está a la pasada, tanto si vienes desde el sur o el norte o si vas de vuelta hacia el sur. Además tiene una bomba de bencina al lado.
Por supuesto que no había disponibilidad cuando quise reservar ahí.
Después que salimos de la avenida grande el tráfico era totalmente normal. 
Llegamos al hotel sin ningún problema. Las motos se podían dejar en la calle mientras nos registrábamos, y el acceso al estacionamiento interior  super fácil.
Un acierto el hotel. Super bonito, de estilo como atacameño, étnico,y chic.


Estacionamos las motos y estábamos bajando los bolsos cuando se acercaron unos cabros típicos como ingenieros que trabajan en empresa grande, a preguntarnos si sabíamos algo de camionetas porque su camioneta no partía y no sabían que pasaba. Camioneta nueva, full electrónica.
Y qué creen!
Mi partner se subió al asiento del chofer muy en el rol de solucionar el problema y oh milagro!! La echó a andar.
Los cabros no podían estar más contentos y agradecidos 
A nosotros!!! Jajajajaja
Para Ojitos este fue el viaje de echar a andar motos y autos que no parten.
Un crack!


Bajamos los bolsos, nos acomodamos, nos cambiamos ropa y pedimos un Uber para ir a un restorán que nos recomendaron, el Bahía Grill, que también está en Bahía Inglesa.
Estábamos en la vereda esperando el Uber. Ojitos estaba con su celular en la mano.
Y de repente se urge, y dice uh! mi celular, donde está mi celular... y le digo "en tu mano" jajajajaja Fue muy gracioso.
El restoran super bueno. Rica comida, musica electrónica de la que me gusta, no estridente, con "buen ambiente" como nos dijeron en el hotel.
Volvimos caminando al hotel. No quedaba tan lejos.
El día terminó muy bien pero con la reflexión de que no hay ninguna bomba en el camino hasta Vallenar, que nos da lata entrar a la ciudad para llenar los estanques, y que parece que llegó el momento de usar el bidón de emergencia.









domingo, 28 de diciembre de 2025

Voy y vuelvo: De Santiago a Arica ida y vuelta en moto. Capitulo Uno VIcuña y Valle del Elqui

 Este viaje fue el resultado de una cadena de frustraciones por cosas que no resultaron.
Para Septiembre 2024 estaba programado un viaje espectacular a la Península de Los Balcanes, planeado por el Vampi con la rigurosidad que lo caracteriza.
Por circunstacias imprevisibles se suspendió temporalmente. Popeye y Cristián Fauré ya habían  comprado pasajes y lo hicieron igual.
Al final nunca se retomó y murió en el olvido.
Yo no me resignaba porque ya estamos "en una edad" que la frase "se puede hacer más  adelante" no es tan evidente.
A Ojitos le pasó algo parecido y a principio de este año me lo comentó, planteándome la idea de planear otro viaje importante, hartos días y muchos kilómetros. Y me dejó la tarea de pensar en algo.
Y yo me puse a pensar jajajajaja y dije, "qué me gustaría?" 
Y me representé un lugar con calor, con playas, con mar, y con lindos paisajes. Con eso en mente, se me vino a la mente casi automáticamente un video de Charly Sinewan viajando por Baja California, diciendo que la carretera que recorre la península  de Norte a Sur es, si no la más linda, de las más lindas del mundo. Nada menor para alguien que ha recorrido casi todo el mundo en moto desde hace 15 años.
Listo! Lo teníamos!! 
Hice la ruta, partiendo en Tijuana, vi muchas horas de videos de viajeros en moto recorriendo el estado mexicano, y registré muchos datos, recomendaciones, advertencias, y pude hacerme una buena idea de como sería.
La fecha elegida sería Octubre 2025, unos 20 dias de viaje y llegar de vuelta a Tijuana para pasar Halloween allá.
Y este plan guatió por un motivo absurdo. En Tijuana solo había un lugar donde arriendan motos, y solo tenían Royal Enfield Himalayan, lo cual era perfecto, porque tenía muchas ganas de probarla y la bajada a la mayoría de las playas es camino de tierra. El problema fue que solo tenían motos con asiento de 83 cm de altura... para mí eso es un problema (el asiento de la mía es 76 cm) y también era un problema para Ojitos, mas todavía con una moto desconocida.
No hubo caso. Hablé muchas vces con el encargado para ver si había opción de asiento bajo, o de conseguir otra moto y nada.
Estaba la posibilidad de arrendar las motos en San Diego, una BMW como lo hicimos en el viaje a Las Vegas, pero con todas las restricciones migratorias de Trump era muy arriesgado: llegar a San Diego, arrendar motos, cruzar la frontera con Tijuana sacando motos norteamericanas, estar en Mexico 20 dias y volver a cruzar la frontera con las motos de Tijuana a San Diego... antes se podría haber hecho, pero con como están las cosas, no lo vimos viable.
Y que fue lo mas parecido a Baja California? El Norte de Chile! Calor, desierto, mar y playas. Mencionemos que además, a Ojitos y a mi nos encanta el desierto.
Entonces, el plan sería un viaje de ida y vuelta a Arica, sin apuro, con tramos cortos y paradas en pueblos chicos, que solo los conocía escritos en una señalética de las carreteras principales.
Hice el plan de viaje, lo modificamos en una reunión con Ojitos que vino a Santiago y lo publicamos por si alguien más se sumaba. 
Sería del 10 al 30 de Noviembre y 6300 Km. Había un par de tramos que andaríamos super justos con la bencina, asi que llevaríamos bidones de 5 lt, uno cada uno. 
Yo llevé uno que tenía de antes y Ojitos uno que le prestó el Wiro.
No se sumó nadie asi que seríamos solo los dos... como el viaje a Cabo Norte en 2012. Las dos manos izquierdas como nos dice Camarón que no nos tiene ni una fe para resolver problemas con la moto.
Y así llegó el Lunes 10 de Noviembre, a las 7 en la Aramco de Vespucio con Vitacura. Ahi estaba mi partner listo para la aventura.
La mañana estaba muy fresca pero íbamos convenientemente abrigados. Salimos por la Nororiente hasta la 5 Norte y fue un verdadero agrado. Poquísimo tráfico, el día despejado, la autopista para nosotros.

La primera parada fue en la Copec de Hijuelas, antes de La Calera, a las 8:30 "a tomar desayuno". Este es un esquema de viaje totalmente  nuevo para mi, más acostumbrada a correr más, a parar solo a echar bencina y seguir y llegar lo antes posible.
Mi parter se mandó un café y una paila de huevos... lo del desayuno era literal.


SEGUIMOS CAMINO

El tramo hasta Palo Colorado se me hizo super corto y muy agradable.
Tener la 5 Norte prácticamente vacía es un lujo pocas veces experimentado. Y más aún con el día precioso.


 En la Copec echamos bencina y obviamente tocaba el café con algo dulce.
Dato: Solo en la Copec venden café expreso "de verdad", y si no es ese, Ojitos no toma café... con las consecuencias de un sindrome de abstinencia moderado a severo jajajajaja Las dependencias son terribles!

Todo lo idílico se esfumó unos Km más al norte de Los Vilos.
De ahí hasta Coquimbo empezó un viento muy fuerte, que me recordó el que nos tocó en la llegada a Catamarca y el que se levanta en las tardes, en el tramo entre Uspallata y Los Libertadores, en la ruta 7.
Y a eso hay que agregarle muchos arreglos en el camino, muy seguidos, con los desvíos correspondientes, muchos km. por una pista, muy lento.

En el sector de Canela Baja, y más al norte donde están los parques eólicos, las hélices de los aerogeneradores giraban a toda máquina, impulsadas por un viento muy fuerte.
Eso si, cuando tocaba viento de cola era exquisito. Sin acelerar nada, la velocidad aumentaba 5 o 6 Km/hr.
Los peajes de Pichidangui y Tongoy, a diferencia de muchas otras veces, estaban vacíos.


Hicimos una parada técnica (léase baño) en Socos, donde aprovechamos de desabrigarnos porque ya estaba subiendo la temperatura, y hasta ahí ibamos con el abrigo preciso para no sentir ni frío ni calor.
Estas fotos son para graficar la diferencia conceptual extrema en lo que a equipaje para un viaje de 20 dias se refiere jajajajaja.


El cielo estaba despejado, casi sin nubes, lo cual hace que los paisajes sean más lindos.
Ya no quedaba nada del verde producto de las lluvias de invierno, y los cerros de la zona ya habían recuperado su típico aspecto semi árido con arbustos pequeños.
Desde Socos hasta La Herradura nos fuimos prácticamente solos a 100-120 Km/hr que sería la tónica de todo el viaje.
Paramos en la Shell de La Herradura a llenar los estanques  y pusimos el Waze para que nos sacara de La Serena camino a Vicuña.La pasada entre Coquimbo y La Serena fue super fluida! Maravilloso!
No tuvimos el taco infernal en que hay que encontrar el hueco justo donde colarse, en un mar de autos donde nadie deja pasar a nadie.
La salida de La Serena, por la calle Huanhualí tambien fue fácil y expedita, a pesar de que había mucho tráfico.

Eso si, la primera parte del camino a Vicuña es una calle más, entonces no tiene mucho sentido adelantar o tratar de ir más rápido, ya que son un montón de autos yendo todos juntos para el mismo lado. 
Mucho más adelante conforme los autos se han ido desviando a diferentes localidades, el tráfico disminuye considerablemente.
Pasamos por el embalse Puclaro. Siempre me han impresionado las represas, en cuanto obras de ingeniería, y esta no fue la excepción. Según Ojitos, el nivel de agua estaba bajo. Yo no me fijé realmente.
Empezaron a aparecer las viñas donde se produce la uva para el producto estrella de la zona, elixir esencial de l@s piscoler@s, el Pisco.

Después del embalse hay un túnel cuya existencia no recordaba y luego sigue un camino serpenteante, que tampoco me esperaba, con harta curva y algunas pendientes, pero fácil y agradable, considerando que íbamos prácticamente solos.

Para entrar a Vicuña se dobla a la izquierda para enfrentar un puente de una pista, con Ceda el Paso, sobre el río Elqui.
Justo antes de doblar el camino se ensancha y casi al lado de la entrada al puente, están las letras multicolores que dicen Vicuña. 
Uno de mis objetivos para este viaje era fotografiar los nombres de todos los pueblos localidades y ciudades por las que anduviéramos. A objeto de fotografiar las letras de Vicuña que se veian lindas iluminadas con el sol, traté de dejar la moto al borde del camino y bajarme pero no pude, venían más autos, estaba haciendo taco y Ojitos no entendía porqué no pasaba. Asi que descarté la foto en ese momento, y la dejé pendiente para cuando nos fuéramos para seguir viaje.
Llegamos a Vicuña muertos de calor, porque, si bien nos habíamos desabrigado, yo iba con primera capa y los forros térmicos del pantalón y de la chaqueta, y a todo sol y cerca de 30º, se hacía pesado buscar el hotel. Ibamos al Hotel Halley, pero el Waze nos llevó al restorán Halley, y nos demoramos en cachar que el hotel estaba casi dos cuadras más adelante.
Como a las 15 hr. llegamos al Hotel, cuyo estacionamiento estaba al frente.

Bajamos el equipaje, el minibolso de Ojitos y el megabolso mío jajajajaja
Nos registramos en la recepción y, estando ahí, me empecé a marear y me tuve que sentar porque sentí que me iba a desmayar, tanto que tuve que pedir agua.
Con el agua, y ya no estar a todo sol, me empecé a recuperar. Ahí me tomé en serio el asunto de la deshidratación, y la importancia de tomar agua aunque no tenga sed.
El hotel es increíble. Un viaje al pasado, muy bien conservado y con una piscina muy agradable. Mi pieza, toda en tonos palo de rosa, con catre de bronce, cortinas con cenefas y cojines con vuelos.
Nos cambiamos a ropa liviana, chalitas y  fuimos a almorzar al restorán Halley.
Estaba vacío, solo para nosotros, y nos atendieron muy bien.
Nos comimos unas ensaladas surtidas buenísimas  y muy abundantes.
Y sus buenas cervezas y su buena conversa! 
El primer brindis de muchos que vendrían después de días muy buenos o de días en que pudimos sortear exitosamente situaciones complicadas o incluso potencialmente desastrosas.
Volvimos al hotel pero paramos en una heladería artesanal. Me compré un helado de Copao, que es un fruto de los cactus de la zona, bien bueno, de sabor parecido a las tunas, pero un poco más ácido bien refrescante, bien rico.

Se nos hizo medio tarde para la piscina así que la dejamos para el día siguiente, después de la vuelta por le Valle del Elqui.
Salimos a recorrer la plaza y sus alrededores. Es muy bonita, bien diseñada, y muy cuidada. Ni un rayado... (graffitis les dicen algunos)
Me encantan los pimientos centenarios, con formas caprichosas que los hacen parecer personajes de cuentos.
Cuenta con varias áreas, con bancas, fuentes y un pequeño escenario donde ponen música para animar la tarde y el paseo de los visitantes. En la misma zona se encuentran la iglesia y la Torre Bauer.
La Torre Bauer, con sus 28 metros de altura, fue mandada a construir por el señor Bauer, empresario alemán, nacionalizado chileno, y en esa época alcalde de la ciudad, nostálgico de una torre similar que había en Ulm, su pueblo natal.
El reloj fue traído de Alemania. 
En esos tiempos parece que no se cuestionaba la relación entre el dinero y la política.








Nos sorprendimos con la oferta cultural que la Municipalidad ofrece a sus vecinos, unos 24.000 habitantes. Teatro, exposiciones, cine y conciertos. Todas actividades gratuitas para la comunidad. Notable.

Entramos al Centro Cultural que funciona en el edificio de la escuela donde estudió Gabriela Mistral.
Se suponía que estaba cerrado, pero como la puerta estaba abierta entramos y conversamos con Franco, que tiene un cargo en el Centro, y que además es bombero, y seguía trabajando a las 20 horas. Nos abrió una sala donde había una exposición de los trabajos sobre los glaciares de unos alumnos de 5º, 6º y 7º básico después de una visita al río para observar los glaciares. 
El río Elqui es un gran protagonista en la cosmovisión y la cultura de los pueblos del Valle del Elqui. Uno de los valles transversales de la región de Coquimbo.




La estatua de Gabriela Mistral para la foto es genial! 

A esta altura, Gabriela Mistral junto con haber ganado el Premio Nobel de Literatura, se ha convertido en un producto de marketing, que trae sus réditos.
Su imagen aparece en la publicidad de de un observatorio turístico.
Ya era hora de comer algo y buscamos en Trip Advisor y dimos con un restorán con puntaje de 4,9 de 5 con 300 referencias.
Y fue un acierto! el restoran Aloe, precioso, sofisticado, servicio impecable, tragos muy buenos y una ensalada con queso de cabra, manzana verde y avellanas, deliciosa. El copao sur, también muy bueno.
La conversa fluyó desde los cahuines de la contingencia nacional, la inteligencia artificial hasta el problema conceptual y epistémico de la conciencia. Se dice que el alcohol es un muy buen lubricante que facilita estas conversaciones.
Ojo que no estoy sugiriendo que fue una conversación de curaos.



Como a las 22:30 volvimos al hotel Nos dimos las buenas noches y nos retiramos a nuestros respectivos aposentos.
Esa noche dormí extraordinariamente bien y super repuesta para salir a motear adentrándonos en el camino hacia Pisco Elqui.

LA VUELTA POR EL VALLE
Nos encontramos en el comedor a las 8:30 para tomar desayuno. El servicio es muy familiar. Te preguntan que quieres y te lo llevan a la mesa. El pan si mal no recuerdo, eran marraquetas o hallullas frescas, con acompañamientos standard, mantequilla, queso, mermelada, y huevos.
Como a las 9:30 sacamos las motos y partimos a recorrer el mítico valle, famoso por el frecuente avistamiento de ovnis y por sus supuestas propiedades energéticas  y electromagnéticas, que transforman a las personas y las pone en contacto profundo con la madre tierra.


Mi interés  principal era ir al mirador ufológico frente al cerro Las Mollacas, donde se encuentra una estatua que representa a un extraterrestre, en Paihuano.
A las 9:30 estábamos sacando las motos. 
Cruzamos el pueblo para volver a la carretera que atraviesa el Valle del Elqui. El día soleado, ni una nube, ese cielo azul calipso, y la temperatura justa para ir solo con polera y chaqueta.
Había mucho más tráfico que el que me esperaba, pero gradualmente se fue despejando.


Pero no duró mucho porque luego apareció el primer banderero y tuvimos que esperar a que nos dieran la pasada. Estaban arreglando un tramo grande del camino.

Habrán sido unos 10 minutos que estuvimos parados, los primeros de la cola y mientras esperábamos Ojitos se puso a conversar con unos trabajadores de la los parronales que estaban al lado del camino. En este viaje caché que él es muy sociable!

El tramo era de ripio que por suerte estaba apisonado, así que no fue terrible.
A los pocos metros Ojitos se cambió a la pista que se suponía que no se debía transitar por los arreglos, y se detuvo porque estaba sintiendo un ruido raro en la moto y no sabía qué podía ser, quizá las piedras sueltas al ir avanzando.
Después de revisar y no encontrar nada anormal, seguimos, pero seguimos mucho más atrás que el resto de los autos, y no en el orden inicial, ya que habíamos partido los primeros de la cola. 
El problema era que los bandereros, ignorantes de este cambio, no consideraban que al final iban dos motos, para soltar a los autos esperando en dirección contraria.
Ojitos adelantó y yo quedé la última, y cuando llegamos al banderero, ya habían dejado pasar a dos autos. Ojitos se dio cuenta de la situación, paró al primer auto y le avisó que todavía faltaba una moto, asi que cuando llegué pasamos los dos y los autos pudieron seguir.
El paisaje se ponía cada vez más bonito, con esa luz tan especial del valle, el cielo azul, los cerros ocre, algunos cerros tapizados de parronales verde intenso.
Las plantaciones son gigantescas.

Muchas están cubiertas con un material como las mallas de kiwi pero color beige, que deben servir para proteger y mejorar la calidad de la uva.


Seguimos camino con dos o tres interrupciones más, por los arreglos.
El camino sinuoso, pero siempre con vistas espectaculares hacia el valle.
Llegamos a Paihuano, pero nunca vimos el mirador ufológico, con la estatua del extraterrestre, nuestra Area 51 criolla.

Luego de cruzar el pueblo, no sin cierta frustración llegamos a Montegrande y paramos en una explanada que funciona como estacionamiento y donde se encuentran la iglesia del pueblo, el monumento a Gabriela Mistral (obvio), una feria artesanal y una plazoleta con fuente de agua y todo.




Recorrimos el lugar, entramos a la iglesia, visitamos la feria y compré un imán para el refrigerador.




Nos despedimos de los locatarios, y seguimos a Pisco Elqui. En ese tramo hay un caserío, construido en las laderas de una quebrada, con un puente sobre un pequeño río que discurre en el fondo de la quebrada y se llama Pueblo Hundido.
Literalmente es un pueblo en el fondo de un hoyo.
Llegamos a Pisco Elqui y nos anduvimos perdiendo porque no hay donde estacionar. En una de esas yo paré en lo que creía que podía ser una alternativa pero Ojitos siguió derecho por una calle empinada y no alcancé a ver hacia dónde había doblado. Asi que tuve que parar en la esquina, en subida y ver como salía del lío.
Por suerte el freno para subidas funciona super bien y pude partir y doblar en subida, no vamos a decir que con toda prestancia, pero pude!
Y nos volvimos a encontrar. Encontramos donde dejar las motos y nos fuimos a un café. Ya tocaba jajajajaja!


El café extraordinario, maravilloso!! Super lindo, muy bien decorado, como ondero con toques autóctonos, con el baño igual de lindo e impecable. 
Y puros productos naturales, que los preparan ahí mismo, café de grano, como tiene que ser y jugos hechos con frutas frescas que tienen ahí mismo (no con pulpa congelada) En Pisco Elqui poh!! mejor que un café en Vitacura.

La chica que atendía muy amable y profesional. Nos contó que el café ya lleva varios años funcionando, pero parece recién inaugurado.
Mi partner eso si se fue al chancho con el asunto del café con algo dulce. Se pidió un café, un jugo de una mezcla de frutas creo, que más parecía postre, y un trozo de  torta de chocolate, enorme. Me rogaba que lo ayudara con  tamaña grosería pero de verdad no hubiera sido capaz de comer torta de chocolate después de haber desayunado 2 horas antes.

Aprovechamos de preguntar por el dichoso mirador que no habíamos encontrado, y nos dieron las referencias correctas.
Estábamos preparándonos para partir cuando se acercaron dos tipos muy simpáticos preguntando si podían sacarle fotos a las motos. Uno de ellos particularmente fascinado con la mía asi que le dije que se subiera y se sacara la foto como corresponde jajajajaja
Me dijo que si la vendía me acordara de él.
Emprendimos el regreso y esta vez sí encontramos el Mirador Ufológico que está pegado al camino... no sé cómo no lo vimos a la ida.
Estacionamos y sacamos fotos. 
La historia es un misterioso incidente OVNI del 7 de Octubre de 1998, apodado el Roswell chileno, donde testigos locales vieron un objeto brillante estrellarse en el cerro, generando un apagón y una investigación militar secreta sin resultados claros para el público, aunque se han barajado teorías como algún globo sonda que se desvió y cayó, o un meteorito que no alcanzó a desintegrarse, dejando una historia de gran interés ufológico que ha motivado turismo y fervor local. 
Algunos aseguran haber escuchado una fuerte explosión en el cerro Las Mollacas, al frente del pueblo de Paihuano, a la misma hora que otros vieron un objeto caer del cielo y partirse en dos. Cuentan que rápidamente llegaron carabineros y militares en helicópteros a acordonar el sitio, impidiendo que se supiera la verdad del acontecimiento.
Pero lejos lo mejor de esta historia, es el mirador que se construyó y la estatua de extraterrestre emplazada junto a una placa que cuenta la historia.
El punto es que, en un gesto muy shileno, al poco tiempo de  su inauguración, la estatua fue vandalizada, partida en dos y dañado uno de los brazos.
Luego de ser restaurada, la volvieron a poner en el mirador, pero protegida, dentro de una caja transparente.






Después de cumplir el objetivo de esa visita puntual volvimos a Vicuña.
Pero no sin sorpresas. 

Cuando llegamos al primer desvío con banderero, parece que se habían ido a almorzar, por lo que ese tramo estaba cerrado y había que "bajar hacia el río" y seguir por ese camino.
Oh my god!! me imaginé altiro un camino alternativo de mierda, de tierra y difícil.
Pero no!
Era un camino pavimentado ( yo seguía pensando que el pavimento se acabaría en cualquier momento), al lado del río, con mucha vegetación, algunas casas, varias curvas pero estrecho. Asi que había que calcular para pasar cuando veía un auto en contra.
A mi me gustó, a Ojitos no. El empalme con el camino principal era fácil, sin pendiente y buena visibilidad.
En Vicuña había calles cerradas por una feria por lo que nos dimos varias vueltas demás antes de llegar al hotel.

Nos cambiamos ropa y fuimos a almorzar a un restorán con pinta de fuente de soda al frente del hotel. Super bueno!!
La entrada era como de fuente de soda, pero más adentro era como restorán. Tenia dos vitrinas enormes con la mas grande colección de piscos que puedan imaginar. Y lo más llamativo, una lampara de lágrimas enorme,  colgando de un techo rústico, que funcionaba lo más bien con el mesón del bar, también rústico. Lo encontré muy innovador y se veía muy bien.


Yo me pedí un hotdog italiano y un schop. El hotdog de muy buen tamaño, traía papas hilo encima... estaba bien bueno.  Mi partner, más en línea con la alimentación saludable y no tan chancha, se pidió un pollo con ensalada y un schop

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Nos fuimos al hotel a descansar, cada uno a su manera. Yo a la piscina, y hasta me bañé a pesar de que el agua estaba fría, pero hacía mucho calor y estuvo muy agradable.


Al rato llegó Ojitos pero no se metió.
Después salimos a pasear un rato por la plaza, a tomar un helado, y más tarde fuimos a comer a un restorán peruano, también muy cerca del hotel.
Resultó una grata sorpresa! super bueno, pertenece a una familia peruana, la comida rica, la decoración muy cuidada y Perú en el corazón.
En Vicuña entendieron perfecto el concepto de buen servicio en lo que a gastronomía se refiere. No es casualidad que todos los lugares donde comimos fueran tan buenos!
Nos devolvimos al hotel, ya despidiéndono  del Valle del Elqui, y pensando en el siguiente día para seguir viaje a Vallenar.