En este día cubriríamos 508 Km entre Antofagasta y Copiapó.
Partimos el día en del departamento en que habíamos alojado con la preocupación de ver si la batería de la moto de Ojitos se había recuperado durante la noche, y si no, hacerla partir con los partidores bien cargados.
La batería estaba sin carga y se necesitaría de los partidores para echar a andar su moto.
Al darme cuenta que la batería no funcionaba, también bajé a dar apoyo moral, junto con mi partidor.
Cuando llegué abajo mi partner ya había sacado el asiento, tenía las herramientas y demás todo perfectamente ordenado y su cargador conectado a los bornes de la batería.
En los primeros intentos no pasó nada, pero había que darle tiempo.
Yo me devolví al departamento, que quedaba re lejos, a prepara mis cosas y buscar un carro de supermercado para bajar todas las cosas de una vez.
Por supuesto que no había carro... estaba en la otra portería que quedaba en la otra salida del condominio. Todo mal.
Armé el bolso gigante y me lo puse como mochila para bajar al estacionamiento.
Ahí estaba mi partner, sin poder arrancar la moto aún.
Volví al departamento para bajar todo lo que faltaba y dejar la llave para avisar que ya nos íbamos.
Pero antes le pasé una cadena espiral plástica, como la que se usa en los casinos para sujetar la tarjeta que se mete en las máquinas y no dejarlas olvidadas.
Yo la tenía con las llaves de mi casa, atada al banano donde llevo los documentos.
La idea era que pusiera la llave de la moto en la argolla y la atara a su chaqueta. Así sería imposible que dejara llave puesta en la moto sin cortar el contacto.
Cuando bajé con los otros bolsos, la moto había arrancado y Ojitos estaba muy contento dando vueltas en el estacionamiento mientras yo cargaba mi moto.
Al poco rato me llama y me dice que salió a dar vueltas en la calle, y que me esperaba a la sombrita, a la salida del condominio.
Cuando estuve lista salí y Ojitos no estaba!!
Paré, lo llamé, le dije donde estaba y esperé que llegara.
Nos juntamos y avanzamos por la calle del condominio, que era paralela a la Ruta 1, la costanera propiamente tal.
Seguimos unas pocas cuadras por esa calle, y no fue tan fácil cruzar a la Ruta1.
La calle para doblar tenía disco pare y como era hora peak había mucho tráfico.
Como pudimos doblamos y llegamos al semáforo para doblar a la izquierda y entrar a la Ruta 1. Era una calle de 1 pista y nos fuimos por el lado hasta el semáforo.
Quedamos al lado de un camión que nos confirmó que en Antofagasta manejan como energúmenos.
Ojitos se adelantó un poco con la idea de salir primeros cuando dieran la verde y el cabrón del camión también se adelantó y nos bloqueó el paso.
Entramos a la Ruta 1 que era un solo taco. Había que andar entre 1ª y 2ª.
Teníamos que buscar donde tomar desayuno. No atinamos que al frente del departamento había una tremenda Copec. Yo ni la vi. Contábamos con que más adelante tenía que haber algún lugar.
Craso error. Esa era la última bomba hasta la salida a la 5 Norte.
Seguimos en el taco hasta que tomamos la salida a la 5 Norte. El próximo lugar para desayunar era una Shell en La Negra.
Ese camino es estupendo, de doble pista y muy buen pavimento. Poco tráfico y buena temperatura, nada de calor, así que lo disfrutamos.
Paramos en la Shell a echar bencina, pero la tienda estaba cerrada. No podía ser!!
Fuimos bien torpes, porque deberíamos haber salido a la carretera a buscar un lugar y ahí meternos a la tierra, pero en lugar de eso salimos de la bomba y nos metimos a la tierra sin fijarnos que el primer negocio era un lavado de camiones. Osea era un poco de tierra pero más que nada barro, pozas, baches y piedras asomadas.
Avanzamos hasta que vimos una posada y estacionamos como pudimos.
Entramos, por fin, a tomar desayuno.
La típica picá de camioneros.
Un salón muy amplio, con muchas mesas cuadradas con manteles plásticos, refrigeradores con puerta transparente para conservar las bebidas, y la tele con el matinal para hacer que la gente no converse y no piense.
El desayuno consistía en un café gigante (500 cc calculo yo) un jugo de piña, bien rico de 750 cc, una paila de huevos y una marraqueta gigante crujiente, fresquita, pero también mucho más grande que la que yo compro en el supermercado cerca de mi casa.
Obviamente sobró café, jugo y media marraqueta, por más que me esforcé por no dejar nada. Es que no soy camionera! soy una modesta motorista.
Mirando el mapa caché la movida de las alternativas de rutas para seguir hacia Copiapó.
Una era por la Caleta El Cobre, que no la hemos hecho nunca, y es donde se retoma la Ruta 1, que se interrumpe en Coloso.
Otra era por la 710, que pasa por Paranal y llega a Paposo.
Y la otra era por la 5 Norte, por el desierto.
Elegimos la alternativa de la 5 Norte, ya que yo quería ir a la Mano del Desierto. Muchas veces pasé mirándola de lejos, sin ni siquiera parar a sacar una foto, y tenía muchas ganas de verla con calma.
El problema con esa ruta es que no hay bencineras hasta Agua Verde, y ya nos pasó una vez que quedamos varados ahí porque las bombas se echaron a perder con el viento y la tierra.
Pero hablamos con unos colegas camioneros, muy amables, que también estaban tomando desayuno, al lado nuestro, y les preguntamos como veían ellos la situación.
Nos dijeron que ellos nunca habían tenido ese problema, que nunca fallaba y que estaba a 200 Km.
Listo, estaba decidido. Nos iríamos por la 5 para ver la Mano del Desierto y pasaríamos a Agua Verde a echar bencina.
Además, yo seguía con mi bidón lleno con bencina de Pozo Almonte jajajajaja.
Para seguir había que sacar las motos del barrial/tierral.
No quedaba otra que salir por la parte con hoyos, barro y pozas de agua.
Ojitos salió primero. Yo vi como rebotó en un hoyo y aterrizó en una poza de agua.
Dada la complejidad del asunto, me hice la linda y mi partner sacó mi moto hasta terreno más plano.😘
Seguimos con el día exquisito, sin viento y muy poco tráfico.
En este viaje nos hemos dado de cuenta que el norte ha cambiado mucho en los últimos años.
Los caminos que antes no andaba casi nadie, ahora tienen harto tráfico. Lo vimos en Antofagasta, Mejillones para qué decir, y desde ahí hacia el sur, lo normal es que haya muchos camiones circulando.
Parece que Chile no se cae a pedazos.
Divisamos una animita con una araucaria... por mucho que sean una clase especial de araucaria, adaptadas a ese clima, no imagino como sobrevive.
Unos 40 Km. al sur de La Negra se empieza ver la megaescultura de Mario Irarrázabal. Es impactante y yo la encuentro una genialidad, como toda su obra.
La escultura es de hormigón armado y mide 11 m. Fue inaugurada en 1992.
Paramos un poco antes para ver como estaba la entrada, que obviamente es de tierra.
Yo había visto muchos videos de gente en moto entrando al lugar y no se veía tan terrible. Solo en una parte era muy irregular, con hoyos respetables, pero según yo, se podía pasar por el lado. Estaba super convencida de meterme a la tierra para llegar a la Mano del Desierto.
El lugar donde paramos no fue el mejor porque la berma era muy angosta y los camiones pasaban re cerca.
De lejos vimos como un auto chico daba bote en el camino de tierra.
Así que decidimos ni intentarlo y sacar las fotos de lejos no más.
Me dio lo mismo los camiones pasando por el lado.
Saqué la camara, le puse el zoom y saque las fotos que siempre había querido.
La próxima parada era Agua Verde, a unos 150 Km, para echar bencina y comer algo.
El trayecto fue super agradable, sin nada de viento. Pero con mucho calor. El termómetro marcaba 31º a las 10:40.
En esa zona, en el Km 1200, a 130 Km al este de Taltal, está el Parque eólico Horizonte de la empresa Colbún. Está en funcionamiento desde 2025, con una capacidad instalada de 816 MW.
El área del proyecto es de 8.000 hectáreas, de las cuales se han utilizado 454.
Evita la emisión de casi 500.000 toneladas de CO2 y provee energía renovable para 715.000 hogares.
Recién en Agua Verde se levantó un poco de viento suave, pero nada del otro mundo.
Ahí echamos bencina y conversamos con unos moteros osorninos que venían de Uyuni.
Nos contaron todas las dificultades inherentes a estar en Bolivia, (que las vivimos en carne propia) pero que todo vale la pena cuando llegas al salar.
Igual que en ChiuChiu y en San Miguel de Azapa aplacamos el hambre con un mote con huesillos que estaba muy bueno.
Esa parte estuvo un poco más ruda, con el viento más fuerte, (el mismo que hace girar las aspas de los aerogeneradores) salvo cuando nos tocó viento de cola, lo cual era muy agradable.
En algún punto del camino tuvimos que hacernos a un lado porque venía alguien adelantando con línea continua, que no hizo ningún amago de frenar o devolverse a su pista.
Parece que nos habíamos acostumbrado a lidiar con el viento, porque no se sintió tan terrible. Claro que era muuuucho menos que en Calama.
El camino a Chañaral es maravilloso. Ese es el desierto más lindo. Son las imágenes que yo recordaba y que justifican por si solas, el viaje hasta allá.
Son cerros que parecen de felpa con colores espectaculares, vetas y cambios de tono preciosos. Y el camino transcurre en la mitad de esta maravilla, con los cerros ahí mismo, al lado del pavimento.
Lo disfruté mucho. Me encantó. Especialmente la zona que se llama cuesta Portezuelo Blanco, con unos paisajes maravillosos, las vistas hacia el valle, y las curvas exquisitas.
En una de las salidas a Pan de Azúcar Ojitos disminuyó mucho la velocidad, como evaluando la alternativa de seguir por ahí a Chañaral.
Pero yo pensé nooooo ni lo pienses!
No tenía ganas de andar por un camino que podía ser malo, y que agregaba una hora de viaje hasta Copiapó.
Así que lo adelanté seguí adelante hasta la Copec.
En la parada en Chañaral yo eché bencina, Pedro no quiso, y nos sentamos a comer algo con un café. Ojitos descubrió la bebida Suerox que s la mejor para hidratarse.
Nos volvimos a encontrar con los Osorninos, que querían llegar a La Serena si mal no recuerdo.
Nos volvimos a encontrar con los Osorninos, que querían llegar a La Serena si mal no recuerdo.
Reanudamos la marcha de los últimos 170 Km. hasta Copiapó.
Pero se hizo desagradable, primero por un viento muy fuerte que no recuerdo haber sentido en ese camino, y también por los tacos de camiones, que casi no se pueden adelantar porque es muy serpenteante, con subidas y bajadas, con poca visibilidad, y con mucho tráfico en contra.
Además se han multiplicado las tomas en la playa y en los cerros, con casuchas y mucha suciedad. Está lejos de ser una belleza indescriptible; me alegré de haber estado ahí, varias veces en su mejor época.
El viento nos acompañó desde Agua Verde hasta 30 Km antes de Copiapó, que venía desde la derecha y dificultaba volver a tomar la pista después de adelantar los camiones.
En el camino Ojitos entró a un estacionamiento de camioneros, porque tenía que ir al baño.
Lo malo es que era de tierra, por supuesto que la pata de la moto no bajaba y había que buscar la posición correcta, así que mejor me quedé en la moto. Además había perros pero por suerte eran amistosos.
Salimos de la tierra y los perros no nos persiguieron.
La salida a Copiapó versus el by pass para seguir al sur está super bien señalizado.
No como antes que alguna vez nos perdimos y nos dividimos en los dos caminos.
Llegamos a Copiapó con mucho taco en la avenida principal, que es la Copayapu.
Lo primero que pensé cuando planifiqué este viaje era haber alojado en Las Pircas, que es muy agradable, está a la pasada, tanto si vienes desde el sur o el norte o si vas de vuelta hacia el sur. Además tiene una bomba de bencina al lado.
Por supuesto que no había disponibilidad cuando quise reservar ahí.
Después que salimos de la avenida grande el tráfico era totalmente normal.
Llegamos al hotel sin ningún problema. Las motos se podían dejar en la calle mientras nos registrábamos, y el acceso al estacionamiento interior super fácil.
Estacionamos las motos y estábamos bajando los bolsos cuando se acercaron unos cabros típicos como ingenieros que trabajan en empresa grande, a preguntarnos si sabíamos algo de camionetas porque su camioneta no partía y no sabían que pasaba. Camioneta nueva, full electrónica.
Y qué creen!
Mi partner se subió al asiento del chofer muy en el rol de solucionar el problema y oh milagro!! La echó a andar.
Los cabros no podían estar más contentos y agradecidos
A nosotros!!! Jajajajaja
Para Ojitos este fue el viaje de echar a andar motos y autos que no parten.
Bajamos los bolsos, nos acomodamos, nos cambiamos ropa y pedimos un Uber para ir a un restorán que nos recomendaron, el Bahía Grill, que también está en Bahía Inglesa.
Estábamos en la vereda esperando el Uber. Ojitos estaba con su celular en la mano.
Y de repente se urge, y dice uh! mi celular, donde está mi celular... y le digo "en tu mano" jajajajaja Fue muy gracioso.
El restoran super bueno. Rica comida, musica electrónica de la que me gusta, no estridente, con "buen ambiente" como nos dijeron en el hotel.
Volvimos caminando al hotel. No quedaba tan lejos.
El día terminó muy bien pero con la reflexión de que no hay ninguna bomba en el camino hasta Vallenar, que nos da lata entrar a la ciudad para llenar los estanques, y que parece que llegó el momento de usar el bidón de emergencia.

