Era el día 13 desde habíamos partido, y estábamos en algo así como la mitad del viaje, Arica, ya que desde ese punto empezaríamos a volver acercándonos a Santiago.
La estadía en Arica se vio reducida de tres a dos noches, por el problema con el neumático de Ojitos, pero no fue tan terrible, porque, por el tema de la altura habíamos descartado ir a Chungará, y eso tomaba un día entero en el itinerario.
El plan para el día era subir al Morro y visitar el Museo Arqueológico San Miguel de Azapa, donde se encuentras las momias de Chinchorro.
Ambos panoramas para mí estaban pendientes desde hacía muchos años.
Nos organizamos para estar en el Morro a las 10, que es la hora de apertura.
Desayunamos en el comedor, un lugar muy bonito, con un desayuno correcto, no excepcional pero bueno.
Salimos a la hora que habíamos programado para recorrer los casi 7 Km que había hasta el sitio histórico. Estaba nublado pero templado. Agradable si se anda con pantalones y chaquetas de moto.
No era tan fácil salir del hotel hacia la ciudad, por una calle muy empinada, que terminaba en un viraje a la derecha con cero visibilidad en una calle muy transitada, y un disco pare en pendiente.
Cuando Ojitos lea esto, se va a acordar perfecto del susto que lo hizo pasar un taxista energúmeno en el viraje a la derecha.
El trayecto hasta allá no fue muy agradable, con mucho tráfico para ser sábado en la mañana, y conductores agresivos y amenazantes, buenos para tirar el auto encima, no dejar pasar pudiendo hacerlo, y bocinear.
Cruzamos varios barrios re pencas, con las calles rotas.
En un ceda el paso Ojitos alcanzó a pasar y yo quedé varada mucho rato, con giles que en vez de mantener o disminuir la velocidad en el cruce, aceleraban y no dejaban pasar. Por suerte mi partner cachó y me esperó más adelante.
La subida misma al Morro, con una altura de 139 msnm es fácil y el camino está super bueno.
Per el estacionamiento es de tierra, disparejo y con pendiente. Riiiico jajajajaja.
Y más encima la pata de mi moto que no baja si no hay altura suficiente con el terreno, lo hacía más complicado asi que necesité ayuda para estacionar.
Nos dirigimos primero a la cima, donde hay un Cristo, algunos bustos de los héroes que participaron de en la gesta histórica, y al mirador desde donde se aprecia en el litoral, el Puerto de Arica y la Península El Alacrán, ex Isla El Alacrán.
En la Isla El Alacrán se han encontrado arpones que datan del siglo I y también evidencia de comunidades recolectoras de mariscos.
En el Virreinato del Perú se usó como presidio para los rebeldes y en la guerra del Pacífico funcionó como destacamento militar peruano, donde se instalaron torpederas.
En 1964 se construyó el camino de 460 m para unir la isla con el continente convirtiendo la isla en península. En 1985 fue declarada Monumento Histórico Nacional.
Actualmente alberga instalaciones pacíficas como el Club de Yates y la playa El Alacrán, la favorita para la práctica del surf y del bodyboard.
Después fuimos al Museo Histórico y de Armas del Morro de Arica.
Como habíamos llegado temprano, lo recorrimos casi solos. Estas cosas tan marciales y tan patrióticas despiertan ese espíritu nacionalista orgulloso de Chile.
El recorrido tiene como música de fondo Los Viejos Estandartes; no podía ser de otra manera.
Muy buen recorrido por el Morro y su historia.
A la salida hay un puesto donde venden souvenirs. Yo compré un imán para el refrigerador y un destapador de botellas para andar trayendo en la moto.
Cuando nos íbamos yendo, había llegado un bus con un paseo de adultos mayores, casi puras mujeres, más desordenadas que curso de colegio. El guía a cargo rabiaba y sufría que no le hicieran caso jajajajaja.
También nos topamos con unos motoristas, dos hombres, y por supuesto Pedro les metió conversa. Y resultó que uno de ellos era amigo de su hermano jajajajaja.
Nos despedimos, Ojitos sacó mi moto de la tierra y bajamos para ir al Museo San Miguel de Azapa, para ver las momias Chinchorro.
El sitio en cuestión quedaba lejos, en la Quebrada de Azapa, obvio, como a 20 Km y nuevamente había que cruzar barrios con el pavimento en regular estado.
Pasamos a echar bencina y seguimos camino.
Estacionamos las motos en la calle, y al frente había un foodtruck con mesa y quitasol donde vendían mote con huesillos. Heladito. No podía ser mejor.
Luego entramos al recinto que es mucho más que solo el museo que conserva las momias.
Compramos las entradas y nos guardaron los cascos y las chaquetas.
Es espectacular.
Y después hay un recorrido predeterminado, para adentrarse gradualmente en la historia de la región, sus primeros habitantes, su cultura, hasta llegar a la cultura Chinchorro que fue la más avanzada y sofisticada.
Estuvimos mucho rato inmersos en la experiencia, disfrutando a concho.
Tienen una gran colección de objetos, cerámica y cestería, y lo más notable, está un molino de la época de la Colonia, que era el sistema de molienda de aceitunas hecho en piedra, para producir artesanalmente el aceite de oliva, producto estrella de la región.
Y al final se llega al edificio donde están las momias.
Antes de entrar fuimos al baño, y cuando salí Ojitos estaba en animada charla (cuéntate una nueva) con un funcionario del museo.
Fue una suerte, porque nos hizo una especie de visita guiada, no solo de la sala de las momias, sino, que de el sitio en que nos encontrábamos. 85 hectáreas pertenecientes a la Universidad de Tarapacá, donde funcionan, además del museo, la Facultada de Arqueología y la Facultad de Agronomía. Y nos mostró un proyecto en la ladera del cerro, una plantación de algo que no recuerdo, con alguna técnica muy sofisticada que tampoco pude retener 😬
| ARAUCARIAS EN TARAPACA |
| AL FONDO EL AREA DE AGRONOMIA |
La guinda de la torta fue la sala de las momias, y se notaba el orgullo con que nuestro improvisado guía se refería al espacio en que las conservan, con parámetros de temperatura humedad e iluminación muy estrictos.
Se considera que estas son las momias conocidas más antiguas del mundo. Las investigaciones las ubican en el 5000 a.C. con su auge en el 3000 a.C. Osea, hace 5000 a 7000 años
Las primeras fueron encontradas en la playa Chinchorro, en Arica y de ahí su nombre.
Surgieron como un complejo ritual mortuorio en la cultura Chinchorro que ha sido reconocida por la UNESCO por su valor excepcional en el tratamiento de los cuerpos y su cosmovisión, destacando su adaptación al desierto más árido del mundo
Es muy impactante la sensación de estar presenciando los restos de un humano, hombres, mujeres, niños y fetos, de hace 7000 años... imaginar que vivían y tenía su rutina cotidiana en su comunidad.
Me imagino cómo será para los arqueólogos que ademas los manipulan.
A la salida nos topamos con una viajera solitaria en moto, que venía desde Colombia. Y que también le gustaba viajar lento, sin apuro.
Nos despedimos y nos fuimos al hotel para ir a la playa.
Estuvimos en la playa pero no nos bañamos. Yo fui hasta la orilla y tenía la expectativa de que el agua estuviera más tibia. Asi que llegué hasta la orilla no más, para mojarme las patitas.
Nos fuimos de la playa para ir a comer algo y después al hotel.
Más tarde recibo un WhatsApp del alojamiento en Mejillones, donde llegaríamos 2 días después, avisándome que no tenía estacionamiento para las motos, y si manteníamos o cancelábamos la reserva. Queeeee!!! Nuevamente el guionista y sus cambios de planes. Al principio entré en caos. Había que reprogramar todo.
Después de hablarlo con Ojitos, anulé la reserva y nos fuimos a arreglar el lío con una cerveza.
Demás esta decir que en Mejillones, que iba a ser uno de los highlights del viaje, no había alternativa de alojamiento. Ya estaba todo tomado dos meses antes cuando empecé a ver las reservas y solo había conseguido en el Hostal Nancy
Plan: Alargar una noche la estadía en Iquique y reemplazar Mejillones por Antofagasta que tampoco era tan simple.
Estuvimos como 5 horas en ese asunto y quedó resuelto. Una noche más en Iquique, en el mismo hotel donde teníamos la reserva, y una noche en Antofagasta, en un departamento por Air B&B.
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