Nos levantamos temprano, sin haber resuelto el problema del neumático, lo cual significaba en simple, empezar a volver a Santiago, hasta donde se pudiera; y eventualmente echar la moto de Ojitos en un camión, y volver los dos en mi moto, o, si era más cerca De Santiago, La Serena, por ejemplo, seguir sola.
Ya en el desayuno, en el comedor lleno de gente de la minería, que después partirían a sus faenas en la camionetas rojas, constatamos que en ninguno de los lugares que contactamos por teléfono, en Calama y en Antofagasta, tenían el repuesto.
Tampoco nadie sabía quién lo podría tener.
Ahora, en retrospectiva se ve más terrible de lo que pasaba en el momento mismo, porque, por algún motivo, los dos manteníamos una especie de optimismo ingenuo, que nos hacía confiar que de alguna manera se resolvería, mezclado con la resignación ante lo inevitable, y tener que volver a Santiago, porque no había nada que hacer.
Bueno, en eso estábamos, con las motos cargadas, en el lobby del hotel, cuando mandamos el SOS al chat del grupo.
El número mágico era 120 70 18.
Ahí cambió todo. Los cualtaqueros se movilizaron al llamado de auxilio, y empezaron a llegar montones de datos de gente o tiendas en Antofagasta, para contactar. Este grupo vale oro!!
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Después de estar toda la mañana llamando a las tiendas en Calama y Antofagasta, sin resultados, ya estábamos perdiendo las esperanzas.
Pero Chapulin Paparazzi nos salvó el viaje! Había encontrado el neumático, que a esa altura era como haber encontrado el santo grial o el arca de la alianza.
Ofreció comprarlo y mandarlo por Chilexpress. Llegaría al otro día, a la oficina de Chilexpress en Antofagasta.
Podíamos seguir y el próximo destino era Antofagasta, solo para visitar las ruinas de Huanchaca.
Cerca de las 2 de la tarde partimos. Era un tramo corto, pero no rápido.
Pasamos a la bomba a echar bencina y a rellenar el neumático con la espuma antipinchazo. Ninguno de los dos sabía exactamente como se usaba, ni tenía la experiencia de haberlo hecho. Ambos habíamos visto como otro realizaba la maniobra.
Llamé a Camarón para que me explicara como poner la espuma... me explicó y le entendí más o menos.
Había tres motoristas que se notaban que andaban viajando, y obviamente nos saludamos, y supimos que eran brasileños, y nos entendíamos más o menos bien. Aprovechándome del momento y haciéndome la linda, le pregunté a uno si sabía cómo echar la espuma al neumático, porque tiene su técnica, después de todo. Y sin que fuera mi intención, uno de ellos, que según el otro, era el que sabía terminó haciéndolo él mismo, jajajajaja una ayuda inesperada. Debe haber cachado que con mi partner, entre los dos no hacíamos uno.
Ya podíamos seguir.
En el camino paramos a ver un geoglifo gigantes, que casi no están señalizados. Debería haber un sitio especial para estacionar y poder verlos sin riesgo de atropellamiento.
Además había mucha polvareda que dificultaba la visibilidad.
Paramos en la Copec de Sierra Gorda a revisar el aire del neumático en cuestión, (era como verle la saturación de oxígeno a un paciente agónico) y yo no pude estacionarme porque el viento me hacia tambalear.
Sierra Gorda es un poblado, de pocas calles y tres hostales que debe su existencia a la industria minera local. Tiene la peculiaridad de que sus dos calles principales, paralelas, separadas por apenas una cuadra se llaman Jaime Guzmán y Salvador Allende respectivamente. Se puede convivir con el pasado.
En esa zona se ven las tortas, hechas de relaves mineros. Se construyen a medida que los camiones van depositando los sedimentos, en una estructura más o menos circular, con un camino que se va haciendo simultáneamente para el paso de los camiones. Es casi tan ingenioso como las pirámides. Y quedan instaladas, visibles desde lejos, como las pirámides.
Seguimos hacia el puerto. La perla del Norte, y unos 20 Km antes de llegar, se acabó el viento.
En la entrada al área urbana había un desvío que no se entendía mucho, y que limitaba el paso de camiones por ahí. Con todo, el acceso a la ciudad, y al hotel, fue expedito, por la Avenida Salvador Allende (en bajada) y la Costanera.
El hotel elegido, estaba lejos de la ciudad, en el borde costero, con estacionamiento fácil y a 800 m de las Ruinas de Huanchaca, que era EL motivo para ir a Antofagasta.
Otras veces había pasado por ahí, y las veía desde lejos. Siempre quedé con gusto a poco, de no haber parado a visitarlas.
Algo muy bueno del hotel era que tenía carrito para llevar el equipaje. Eso permite sacarse el casco los guantes y la chaqueta, y poner todo junto con el bolso, sin tener que cargarlo, para ir al lobby y hacer el check in.
El plan original era llegar a almorzar a Antofagasta, ir a las ruinas, y seguir al otro día a La Tirana, distante 453 Km de Antofagasta.
Y eso no fue. A Antofagasta llegamos como a las 16:30
Considerando que al otro día estaríamos gran parte de la mañana en el asunto de ir a buscar el neumático a Chilexpress y montarlo, era poco probable que saliéramos de Antofagasta antes de las 2. Esa hora ya era tarde para hacer los 450 Km, sin ninguna garantía de que no hubiera viento en el camino. Los Rápidos & Furiosos hubieran seguido, seguro. Pero nosotros no.
Siempre la idea de este viaje fue hacerlo lento, pudiendo apreciar el entorno, el paisaje, y parando todo lo que se nos antojara, por un café, una foto, un cambio de ropa o lo que fuera.
Así que decidimos cambiar la noche de alojamiento en La Tirana para la noche siguiente (se pudo) y quedarnos otra noche en Antofagasta.
Preguntamos en el hotel en que estábamos (el NH Antofagasta, buenísimo) y estaban llenos.
Buscamos otro en la cercanías y estaban todos llenos!!
No era opción ir a meterse al centro.
Pensamos en Mejillones... tampoco, todo lleno. Incomprensible, en Noviembre, ni siquiera temporada alta.
Quedamos a la espera que se anulara alguna reserva en el hotel en que ya estábamos, y partimos a las ruinas.
Según lo que vimos en internet, el lugar cerraba a las 18. Eran las 17:35, pero fuimos igual. Mal que mal era lo único que justificaba alojar una noche en Antofagasta
Estábamos muy cerca, como para ir caminando. Llegamos como 10 minutos antes del cierre. Pero con tanta suerte, que ese día había un congreso, y estaría abierto hasta tarde.
Claro, el lugar es un escenario espectacular para eventos de cualquier tipo, y se le saca partido en ese aspecto.
El cabro que estaba en la entrada nos explicó que estaba este congreso, y que si hubiera podido nos hubiera dado credenciales para colarnos al cóctel después de las actividades académicas. Típico chileno solidario.
Y que pasáramos no más, que estaría abierto hasta tarde.
Ni siquiera tuvimos que pagar por la entrada.
Recorrimos el museo con la historia del salitre, y de la fundición de plata que operaba en los edificios que ahora son ruinas.
El conjunto cuenta con un anfiteatro al aire libre, una joyita desde el punto de vista de su arquitectura. No lo vimos, parece que estaba encarpado, con motivo del congreso.
Era una industria enorme, espetacular!! Y la historia documentada en el museo es muy entretenida.
Huanchaca fue una gran fundición de plata, que fue construida en 1888, por la compañía boliviana Huanchaca, en conjunto con capitales chilenos, para procesar la plata de las minas bolivianas. Fue la fundición más moderna de Sudamérica en su época. Se inauguró en 1892. Desde el primer año de operaciones generó ganancias
significativas.
Sin embargo, en 1902 cesaron sus actividades, producto de la inestabilidad de los precios de la plata en el mercado mundial, y que su tecnología fe quedando obsoleta. Además una de las minas, en Oruro, cuya producción se procesaba en la fundición sufrió una inundación, de la cual no se pudo recuperar.
Tras esto, se produjo el desarme y remate del patrimonio.
Tras años en manos del fisco (osea del abandono total), en 1964 fue transferida a la Universidad del Norte, y declarada monumento histórico en 1974.
En 2006 el grupo AM Corp, y su proyecto Enjoy, se adjudicó la licencia de casino. Construyó un casino y hotel al frente de las ruinas (las habitaciones del hotel tienen una vista privilegiada a las ruinas iluminadas de noche)
| Este es el Hotel Enjoy, visto desde las ruinas |
De hecho, también preguntamos ahí para quedarnos la segunda noche en Antofagasta y tirar la casa por la ventana jajajaja y tampoco había disponibilidad.
Pero el grupo empresarial también construyó el Parque Cultural Huanchaca que alberga al Museo del Desierto de Atacama y el anfiteatro.
Para su administración se creó la Fundación Ruinas de Huanchaca, sociedad entre el Casino y la Universidad. Quién lo diría! El Casino y la Universidad asociados...
Nos fuimos al hotel, caminando por la costanera, donde está la Capilla Militar y un mirador, uno de varios en el paseo marítimo, que rinde homenaje a algún héroe, pero no me acuerdo cual sería. Lo curioso es que la estatua mira al mar...
Nos fuimos al hotel a terminar el día con un trago en la terraza con vista al mar.
Nos fuimos al hotel a terminar el día con un trago en la terraza con vista al mar.
A esa hora el envío de Chilexpress estaba en ruta, osea en el aeropuerto para ser embarcado rumbo a Antofagasta.
Más tarde comimos en el hotel. Excelente alternativa! La comida estaba buenísima y es tan agradable ir del comedor directo a la pieza!
Eso si todavía no sabíamos dónde dormiríamos al dia siguiente. No perdíamos la esperanza de que se anulara alguna reserva de dos piezas singles... la esperanza es lo último que se pierde.
Segundo día en Antofagasta : llegó el neumático y se reprograma el viaje.
Nos levantamos muy temprano a tomar desayuno, que estuvo buenísimo!
Después de haber constatado que el neumático había llegado a Antofagasta, el plan era buscar algún taller donde pudieran montarlo en cuanto fuéramos a buscarlo a Chilexpress.
En paralelo, el problema, de dónde alojaríamos esa noche seguía sin solución.
Cargamos las motos y nos fuimos a un local que Ojitos había visto a la pasada , relativamente cerca del hotel. No nos servía, porque lo podían montar pero al día siguiente.
Seguimos al siguiente taller que estaba en la misma calle, y que era el que había recomendado el Vetu.
Ahí si podían hacer el trabajo en cuanto tuviéramos el neumático, pero con un recargo por saltarse el orden de llegada. $$$$$$
Listo, aquí nos quedábamos. Estacionamos las motos, nos guardaron los cascos y las chaquetas y Ojitos pidió un Uber.
La oficina de Chilexpress quedaba lejos de donde estábamos, en una especie de Parque Industrial a unos 16 Km del taller.
Dimos con la oficina de Chilexpress y volvimos al taller, con el preciado objeto, y bendiciendo a Paparazzi por su ágil y eficiente gestión.
De ida y de vuelta nos fuimos conversando con el chofer del Uber, de cómo Antofagasta había cambiado para peor, pero que todavía era un buen lugar para vivir, porque había trabajo.
La vuelta completa salió como 8 lucas. Yo lo encontré barato.
Ojitos estaba chocho porque nunca había usado la aplicación. Sólo la había descargado.
Mientras esperábamos que cambiaran el neumático, nos ofrecieron un café, el cual aceptamos y subimos a una especie de comedor, con decoración full Harley Davidson, donde nos convidaron café, un pastel, y agua.
Ahora tocaba resolver el tema alojamiento.
En Antofagasta no había nada. En Mejillones tampoco.
Ya habíamos corrido la reserva en La Tirana y anulado la primera noche en Arica.
Había que pensar fuera de la caja. Miré el mapa para ver qué había entre Antofagasta y La Tirana. Más o menos a mitad de camino estaba Quillagua.
Lo más desconocido y random jajajaja. Busqué alojamiento en Quillagua y había!! Unas cabañas en un lugar llamado Quillagua Space.
Las cabañas tenían 3 habitaciones y 3 baños. y costaban 50 lucas. Perfecto!
Tenían pinta de ser como un centro vacacional, con alguna cancha de algo y piscina. Problema solucionado.
En cuanto la moto estuvo lista, como a las 2 (hasta la lavaron), partimos a Quillagua, distante 280 Km. Teníamos toda la tarde para llegar.
La salida de Antofagasta fue relativamente expedita, con tráfico normal de día de semana.
Teníamos que parar en la Copec de Sierra Gorda (una vez más jajajaja) a echar bencina y comer algo.
Mientras almorzábamos se levantó un viento de los más fuertes que me ha tocado ver. Viento con con tierra, que no se veía a 3 o 4 metros.
El polvo se colaba hacia adentro de la tienda, ensuciándolo todo. Una aseadora empezó a barrer el piso, sólo para que se ensuciara al poco rato.
En un momento, una ráfaga abrió la mampara de acceso, y el viento hizo volar los paquetes de papas fritas y Cheezels que estaban ordenaditos en una góndola, quedando esparcidos en el piso.
Tuvimos que esperar una hora, quizá más, ya que con ese viento se nos haría difícil avanzar, lo pasaríamos re mal, y aún no era tarde para seguir camino.
Cuando íbamos a partir el botón de arranque de mi moto estaba medio pegado y no funcionaba. Yo creo que se le metió polvo. Después de varios intentos funcionó.
No podíamos ir a más de 90 Km/hr, y anduvimos a sí como 1 hora, hasta que ya, en la 5 Norte, el viento cambió de dirección y casi no se sentía. Eso fue muy agradable, un descanso, un respiro, en un tramo largo.
Pude disfrutar con total relajo del paisaje, que era el objetivo central de este viaje...volver a conectar con el desierto.
Más adelante, en carretera de una pista por lado, volvió a pegarnos el viento cruzado, muy fuerte, lo cual era particularmente desagradable al cruzarnos con un camión en sentido contrario. Pero mejoraba mucho metiéndome hecha ovillo detrás del parabrisas.
En los tramos sin viento volvía a disfrutar de la ruta, el camino recto, interminable en la mitad del desierto y los cerros en el horizonte. A eso habíamos venido! A vivir el desierto en moto.
Demoramos 3 horas en cubrir 250 Km. Osea, lo normal. Yo hubiera pensado que nos demoraríamos mucho más.
En el camino de acceso nos equivocamos y nos metimos a un camino de tierra que no era. Tuvimos que dar la vuelta.
Finalmente llegamos al Quillagua Space. Todos acalorados y entierrados.
Las motos quedaban estacionadas a la salida de la cabaña y las tres piezas eran en suite, con su baño.
El único detalle fue que las 50 lucas no era la cabaña completa, era cada habitación.
Pero filo, era eso o nada, así que lo pagamos sin chistar.
Esto ilustra la flexibilidad de los motoristas (osea nosotros) que pasamos felices de la vida del NH en Antofagasta, a esto:
Quillagua es un oasis, a orillas del río Loa, en la comuna de María Elena.
Su mayor importancia radica en la aduana, a 4 Km del pueblo, para el control de las mercancías provenientes de la Zona Franca de Iquique.
El censo de 2017 registró 141habitantes.
Es un pueblo condenado a desaparecer, ya que se considera el punto más seco del planeta (0,2 mm/año los últimos 40 años) cuya única fuente hídrica es el río Loa, con un caudal progresivamente menor y más contaminado, ya que aguas arriba Codelco y Soquimich han ido aumentando su demanda de agua en las faenas productivas, lo cual impide que la comunidad pueda usar sus derechos de aprovechamiento de aguas del caudal del río.
La migración sobre todo a Calama ha ido en aumento en la ultima década, especialmente de la gente más joven, en busca de un mejor futuro.
Después de ducharnos y sacarnos la tierra de encima, fuimos al único restorán del pueblo, que queda en la plaza, se llama Don Benja y atiende 24 horas al día. Literalmente.
Obviamente que fuimos caminando, ya que quedaba a 1 Km aproximadamente.
En el camino vimos una escultura metálica, enorme, semi desmantelada, de un camarón. Parecía una armadura de algún ser mitológico. Muy rara.
Super bueno el lugar! Me comí unas lentejas deliciosas, con una preparación que no conocía, acompañadas (no mezcladas) con arroz. Riquísimas.
Volvimos a la cabaña a un merecido descanso.
El caos se había organizado provisoriamente.
Pero el guionista nos tenía reservadas más sorpresas para el día siguiente.






