domingo, 18 de enero de 2026

Voy y vuelvo: De Santiago a Arica ida y vuelta en moto. Capitulo Seis: Antofagasta, como el caos se organiza solo

 Nos levantamos temprano, sin haber resuelto el problema del neumático, lo cual significaba en simple, empezar a volver a Santiago, hasta donde se pudiera; y eventualmente echar la moto de Ojitos en un camión, y volver los dos en mi moto, o, si era más cerca De Santiago, La Serena, por ejemplo, seguir sola.
Ya en el desayuno, en el comedor lleno de gente de la minería, que después partirían a sus faenas en la camionetas rojas, constatamos que en ninguno de los lugares que contactamos por teléfono, en Calama y en Antofagasta, tenían el repuesto.

 Tampoco nadie sabía quién lo podría tener. 
Ahora, en retrospectiva se ve más terrible de lo que pasaba en el momento mismo, porque, por algún motivo, los dos manteníamos una especie de optimismo ingenuo, que nos hacía confiar que de alguna manera se resolvería, mezclado con la resignación ante lo inevitable, y tener que volver a Santiago, porque no había nada que hacer.
Bueno, en eso estábamos, con las motos cargadas, en el lobby del hotel, cuando mandamos el SOS al chat del grupo.

El número mágico era 120 70 18. 


Ahí cambió todo. Los cualtaqueros se movilizaron al llamado de auxilio, y empezaron a llegar montones de datos de gente o tiendas en Antofagasta, para contactar. Este grupo vale oro!!


Después de estar toda la mañana llamando a las tiendas en Calama y Antofagasta, sin resultados, ya estábamos perdiendo las esperanzas.

Pero Chapulin Paparazzi nos salvó el viaje! Había encontrado el neumático, que a esa altura era como haber encontrado el santo grial o el arca de la alianza. 
Ofreció comprarlo y mandarlo por Chilexpress. Llegaría al otro día, a la oficina de Chilexpress en Antofagasta.

Podíamos seguir y el próximo destino era Antofagasta, solo para visitar las ruinas de Huanchaca.
Cerca de las 2 de la tarde partimos. Era un tramo corto, pero no rápido.
Pasamos a la bomba a echar bencina y a rellenar el neumático con la espuma antipinchazo. Ninguno de los dos sabía exactamente como se usaba, ni tenía la experiencia de haberlo hecho. Ambos habíamos visto como otro realizaba la maniobra.
Llamé a Camarón para que me explicara como poner la espuma... me explicó y le entendí más o menos.
Había tres motoristas que se notaban que andaban viajando, y obviamente nos saludamos, y supimos que eran brasileños, y nos entendíamos más o menos bien. Aprovechándome del momento y haciéndome la linda, le pregunté a uno si sabía cómo echar la espuma al neumático, porque tiene su técnica, después de todo. Y sin que fuera mi intención, uno de ellos, que según el otro, era el que sabía terminó haciéndolo él mismo, jajajajaja una ayuda inesperada. Debe haber cachado que con mi partner, entre los dos no hacíamos uno.


Ya podíamos seguir. 
En el camino paramos a ver un geoglifo gigantes, que casi no están señalizados. Debería haber un sitio especial para estacionar y poder verlos sin riesgo de atropellamiento.


A unos 50  Km de Calama empezó un viento terrible. No se podía ir a más de 70-80 km/hr y agachados.

Además había mucha polvareda que dificultaba la visibilidad.
Paramos en la Copec de Sierra Gorda a revisar el aire del neumático en cuestión, (era como verle la saturación de oxígeno a un paciente agónico) y yo no pude estacionarme porque el viento me hacia tambalear.
Sierra Gorda es un poblado, de pocas calles y tres hostales que debe su existencia a la industria minera local. Tiene la peculiaridad de que sus dos calles principales, paralelas, separadas por apenas una cuadra se llaman Jaime Guzmán y Salvador Allende respectivamente. Se puede convivir con el pasado.
En esa zona se ven las tortas, hechas de relaves mineros. Se construyen a medida que los camiones van depositando los sedimentos, en una estructura más o menos circular, con un camino que se va haciendo simultáneamente para el paso de los camiones. Es casi tan ingenioso como las pirámides. Y quedan instaladas, visibles desde lejos, como las pirámides.

Seguimos hacia el puerto. La perla del Norte, y unos 20 Km antes de llegar, se acabó el viento.
En la entrada al área urbana había un desvío que no se entendía mucho, y que limitaba el paso de camiones por ahí. Con todo, el acceso a la ciudad, y al hotel, fue expedito, por la Avenida Salvador Allende (en bajada) y la Costanera.
El hotel elegido, estaba lejos de la ciudad, en el borde costero,  con estacionamiento fácil y a 800 m de las Ruinas de Huanchaca, que era EL motivo para ir a Antofagasta. 
Otras veces había pasado por ahí, y las veía desde lejos. Siempre quedé con gusto a poco, de no haber parado a visitarlas.

Algo muy bueno del hotel era que tenía carrito para llevar el equipaje. Eso permite sacarse el casco los guantes y la chaqueta, y poner todo junto con el bolso, sin tener que cargarlo, para ir al lobby y hacer el check in.

El plan original era llegar a almorzar a Antofagasta, ir a las ruinas, y seguir  al otro día a La Tirana, distante 453 Km de Antofagasta.
Y eso no fue. A Antofagasta llegamos como a las 16:30
Considerando que al otro día estaríamos gran parte de la mañana en el asunto de ir a buscar el neumático a Chilexpress y montarlo, era poco probable que saliéramos de Antofagasta antes de las 2. Esa hora ya era tarde para hacer los 450 Km, sin ninguna garantía de que no hubiera viento en el camino. Los Rápidos & Furiosos hubieran seguido, seguro. Pero nosotros no. 
Siempre la idea de este viaje fue hacerlo lento, pudiendo apreciar el entorno, el paisaje, y parando todo lo que se nos antojara, por un café, una foto, un cambio de ropa o lo que fuera.
Así que decidimos cambiar la noche de alojamiento en La Tirana para la noche siguiente (se pudo) y quedarnos otra noche en Antofagasta.
Preguntamos en el hotel en que estábamos (el NH Antofagasta, buenísimo) y estaban llenos.
Buscamos otro en la cercanías y estaban todos llenos!!
No era opción ir a meterse al centro.
Pensamos en Mejillones... tampoco, todo lleno. Incomprensible, en Noviembre, ni siquiera temporada alta.
Quedamos a la espera que se anulara alguna reserva en el hotel en que ya estábamos, y partimos a las ruinas.
Según lo que vimos en internet, el lugar cerraba a las 18. Eran las 17:35, pero fuimos igual. Mal que mal era lo único que justificaba alojar una noche en Antofagasta
Estábamos muy cerca, como para ir caminando. Llegamos como 10 minutos antes del cierre. Pero con tanta suerte, que ese día había un congreso, y estaría abierto hasta tarde. 
Claro, el lugar es un escenario espectacular para eventos de cualquier tipo, y se le saca partido en ese aspecto.
El cabro que estaba en la entrada nos explicó que estaba este congreso, y que si hubiera podido nos hubiera dado credenciales para colarnos al cóctel después de las actividades académicas. Típico chileno solidario.
Y que pasáramos no más, que estaría abierto hasta tarde.
Ni siquiera tuvimos que pagar por la entrada.
Recorrimos el museo con la historia del salitre, y de la fundición de plata que operaba en los edificios que ahora son ruinas. 
El conjunto cuenta con un  anfiteatro al aire libre, una joyita desde el punto de vista de su arquitectura. No lo vimos, parece que estaba encarpado, con motivo del congreso.

Era una industria enorme, espetacular!! Y la historia documentada en el museo es muy entretenida.
Huanchaca fue una gran fundición de plata, que fue construida en 1888, por la compañía boliviana Huanchaca, en conjunto con capitales chilenos, para procesar la plata de las minas bolivianas. Fue la fundición más moderna de Sudamérica en su época. Se inauguró en 1892. Desde el primer año de operaciones generó ganancias 
significativas.
Sin embargo, en 1902 cesaron sus actividades, producto de la inestabilidad de los precios de la plata en el mercado mundial, y que su tecnología fe quedando obsoleta. Además una de las minas, en Oruro, cuya producción se procesaba en la fundición sufrió una inundación, de la cual no se pudo recuperar. 
Tras esto, se produjo el desarme y remate del patrimonio.
Tras años en manos del fisco (osea del abandono total), en 1964 fue transferida a la Universidad del Norte, y declarada monumento histórico en 1974.
En 2006 el grupo AM Corp, y su proyecto Enjoy, se adjudicó la licencia  de casino. Construyó un casino y hotel al frente de las ruinas (las habitaciones del hotel tienen una vista privilegiada a las ruinas iluminadas de noche)
Este es el Hotel Enjoy, visto desde las ruinas

De hecho, también preguntamos ahí para quedarnos la segunda noche en Antofagasta y tirar la casa por la ventana jajajaja y tampoco había disponibilidad.
Pero el grupo empresarial también construyó el Parque Cultural Huanchaca que alberga al Museo del Desierto de Atacama y el anfiteatro.
Para su administración se creó la Fundación Ruinas de Huanchaca, sociedad entre el Casino y la Universidad. Quién lo diría! El Casino y la Universidad asociados...
Entre pitos y flautas estuvimos como 2 horas el lugar. Osea, mi expectativa se cumplió con creces!



Nos fuimos al hotel, caminando por la costanera, donde está la Capilla Militar y un mirador, uno de varios en el paseo marítimo, que rinde homenaje a algún héroe, pero no me acuerdo cual sería. Lo curioso es que la estatua  mira al mar...


Nos fuimos al hotel a terminar el día con un trago en la terraza con vista al mar.
A esa hora el envío de Chilexpress estaba en ruta, osea en el aeropuerto para ser embarcado rumbo a Antofagasta.
Más tarde comimos en el hotel. Excelente alternativa! La comida estaba buenísima y es tan agradable ir del comedor directo a la pieza!
Eso si todavía no sabíamos dónde dormiríamos al dia siguiente. No perdíamos la esperanza de que se anulara alguna reserva de dos piezas singles... la esperanza es lo último que se pierde.


Segundo día en Antofagasta : llegó el neumático y se reprograma el viaje.

Nos levantamos muy temprano a tomar desayuno, que estuvo buenísimo!
Lo primero que hicimos fue averiguar el estado del despacho del neumático a Antofagasta. 


Después de haber constatado que el neumático había llegado a Antofagasta, el plan era buscar algún taller donde pudieran montarlo en cuanto  fuéramos a buscarlo a Chilexpress.
En paralelo, el problema, de dónde alojaríamos esa noche seguía sin solución.
Cargamos las motos y nos fuimos a un local que Ojitos había visto a la pasada , relativamente cerca del hotel. No nos servía, porque lo podían montar pero al día siguiente.
Seguimos al siguiente taller que estaba en la misma calle, y que era el que había recomendado el Vetu.
Ahí si podían hacer el trabajo en cuanto tuviéramos el neumático, pero con un recargo por saltarse el orden de llegada. $$$$$$



Listo, aquí nos quedábamos. Estacionamos las motos, nos guardaron los cascos y las chaquetas y Ojitos pidió un Uber.
La oficina de Chilexpress quedaba lejos de donde estábamos, en una especie de Parque Industrial a unos 16 Km del taller.
Dimos con la oficina de Chilexpress y volvimos al taller, con el preciado objeto, y bendiciendo a Paparazzi por su ágil y eficiente gestión. 
                        


De ida y de vuelta nos fuimos conversando con el chofer del Uber, de cómo Antofagasta había cambiado para peor, pero que todavía era un buen lugar para vivir, porque había trabajo.
La vuelta completa salió como 8 lucas. Yo lo encontré barato.
Ojitos estaba chocho porque nunca había usado la aplicación. Sólo la había descargado.
Mientras esperábamos que cambiaran el neumático, nos ofrecieron un café, el cual aceptamos y subimos a una especie de comedor, con decoración full Harley Davidson, donde nos convidaron café, un pastel, y agua.
Ahora tocaba resolver el tema alojamiento.
En Antofagasta no había nada. En Mejillones tampoco.
Ya habíamos corrido la reserva en La Tirana y anulado la primera noche en Arica.
Había que pensar fuera de la caja. Miré el mapa para ver qué había entre Antofagasta y La Tirana. Más o menos a mitad de camino estaba Quillagua. 
Lo más desconocido y random jajajaja. Busqué alojamiento en Quillagua y había!! Unas cabañas en un lugar llamado Quillagua Space. 
Las cabañas tenían 3 habitaciones y 3 baños. y costaban 50 lucas. Perfecto!
Tenían pinta de ser como un centro vacacional, con alguna cancha de algo y piscina. Problema solucionado.
En cuanto la moto estuvo lista, como a las 2 (hasta la lavaron), partimos a Quillagua, distante 280 Km. Teníamos toda la tarde para llegar.
La salida de Antofagasta fue relativamente expedita, con tráfico normal de día de semana.
Teníamos que parar en la Copec de Sierra Gorda (una vez más jajajaja) a echar bencina y comer algo.
Mientras almorzábamos se levantó un viento de los más fuertes que me ha tocado ver. Viento con con tierra, que no se veía a 3 o 4 metros.
El polvo se colaba hacia adentro de la tienda, ensuciándolo todo. Una aseadora empezó a barrer el piso, sólo para que se ensuciara al poco rato.
En un momento, una ráfaga abrió la mampara de acceso, y el viento hizo volar los paquetes de papas fritas y Cheezels que estaban ordenaditos en una góndola, quedando esparcidos en el piso.
Afuera, se veía cómo flameaban las banderas, en la nube de polvo que parecía neblina densa.

Tuvimos que esperar una hora, quizá más, ya que con ese viento se nos haría difícil avanzar, lo pasaríamos re mal, y aún no era tarde para seguir camino.
Cuando íbamos a partir el botón de arranque de mi moto estaba medio pegado y no funcionaba. Yo creo que se le metió polvo. Después de varios intentos funcionó.
El viento seguía muy pesado, con tierra, poca visibilidad y calor (31º) ufff




No podíamos ir a más de 90 Km/hr, y anduvimos a sí como 1 hora, hasta que ya, en la 5 Norte, el viento cambió de dirección y casi no se sentía. Eso fue muy agradable, un descanso, un respiro, en un tramo largo.
Pude disfrutar con total relajo del paisaje, que era el objetivo central de este viaje...volver a conectar con el desierto.




Más adelante, en carretera de una pista por lado, volvió a pegarnos el viento cruzado, muy fuerte, lo cual era particularmente desagradable al cruzarnos con un camión en sentido contrario. Pero mejoraba mucho metiéndome hecha ovillo detrás del parabrisas.
En los tramos sin viento volvía a disfrutar de la ruta, el camino recto, interminable en la mitad del desierto y los cerros en el horizonte. A eso habíamos venido! A vivir el desierto en moto.

Demoramos 3 horas en cubrir 250 Km. Osea, lo normal. Yo hubiera pensado que nos demoraríamos mucho más.
En el camino de acceso nos equivocamos y nos metimos a un camino de tierra que no era. Tuvimos que dar la vuelta.

Finalmente llegamos al Quillagua Space. Todos acalorados y entierrados.
Las motos quedaban estacionadas a la salida de la cabaña y las tres piezas eran en suite, con su baño.

El único detalle fue que las 50 lucas no era la cabaña completa, era cada habitación.
Pero filo, era eso o nada, así que lo pagamos sin chistar.
Esto ilustra la flexibilidad de  los motoristas (osea nosotros) que pasamos felices de la vida del NH en Antofagasta, a esto:


Quillagua es un oasis, a orillas del río Loa, en la comuna de María Elena.
Su mayor importancia radica en la aduana, a 4 Km del pueblo, para el control de las mercancías provenientes de la Zona Franca de Iquique.
El censo de 2017 registró 141habitantes. 
Es un pueblo condenado a desaparecer, ya que se considera el punto más seco del planeta (0,2 mm/año los últimos 40 años) cuya única fuente hídrica es el río Loa, con un caudal progresivamente menor y más contaminado, ya que aguas arriba Codelco y Soquimich han ido aumentando su demanda de agua en las faenas productivas, lo cual impide que la comunidad pueda usar sus derechos de aprovechamiento de aguas del caudal del río.
La migración sobre todo a Calama ha ido en aumento en la ultima década, especialmente de la gente más joven, en busca de un mejor futuro.
Después de ducharnos y sacarnos la tierra de encima, fuimos al único restorán del pueblo, que queda en la plaza, se llama Don Benja y atiende 24 horas al día. Literalmente.
Obviamente que fuimos caminando, ya que quedaba a 1 Km aproximadamente.
En el camino vimos una escultura metálica, enorme, semi desmantelada, de un camarón. Parecía una armadura de algún ser mitológico. Muy rara.

Super bueno el lugar! Me comí unas lentejas deliciosas, con una preparación que no conocía, acompañadas (no mezcladas) con arroz. Riquísimas.
Volvimos a la cabaña a un merecido descanso.
El caos se había organizado provisoriamente.
Pero el guionista nos tenía reservadas más sorpresas para el día siguiente.



 






domingo, 28 de diciembre de 2025

Voy y vuelvo: De Santiago a Arica ida y vuelta en moto. Capitulo Uno VIcuña y Valle del Elqui

 Este viaje fue el resultado de una cadena de frustraciones por cosas que no resultaron.
Para Septiembre 2024 estaba programado un viaje espectacular a la Península de Los Balcanes, planeado por el Vampi con la rigurosidad que lo caracteriza.
Por circunstacias imprevisibles se suspendió temporalmente. Popeye y Cristián Fauré ya habían  comprado pasajes y lo hicieron igual.
Al final nunca se retomó y murió en el olvido.
Yo no me resignaba porque ya estamos "en una edad" que la frase "se puede hacer más  adelante" no es tan evidente.
A Ojitos le pasó algo parecido y a principio de este año me lo comentó, planteándome la idea de planear otro viaje importante, hartos días y muchos kilómetros. Y me dejó la tarea de pensar en algo.
Y yo me puse a pensar jajajajaja y dije, "qué me gustaría?" 
Y me representé un lugar con calor, con playas, con mar, y con lindos paisajes. Con eso en mente, se me vino a la mente casi automáticamente un video de Charly Sinewan viajando por Baja California, diciendo que la carretera que recorre la península  de Norte a Sur es, si no la más linda, de las más lindas del mundo. Nada menor para alguien que ha recorrido casi todo el mundo en moto desde hace 15 años.
Listo! Lo teníamos!! 
Hice la ruta, partiendo en Tijuana, vi muchas horas de videos de viajeros en moto recorriendo el estado mexicano, y registré muchos datos, recomendaciones, advertencias, y pude hacerme una buena idea de como sería.
La fecha elegida sería Octubre 2025, unos 20 dias de viaje y llegar de vuelta a Tijuana para pasar Halloween allá.
Y este plan guatió por un motivo absurdo. En Tijuana solo había un lugar donde arriendan motos, y solo tenían Royal Enfield Himalayan, lo cual era perfecto, porque tenía muchas ganas de probarla y la bajada a la mayoría de las playas es camino de tierra. El problema fue que solo tenían motos con asiento de 83 cm de altura... para mí eso es un problema (el asiento de la mía es 76 cm) y también era un problema para Ojitos, mas todavía con una moto desconocida.
No hubo caso. Hablé muchas vces con el encargado para ver si había opción de asiento bajo, o de conseguir otra moto y nada.
Estaba la posibilidad de arrendar las motos en San Diego, una BMW como lo hicimos en el viaje a Las Vegas, pero con todas las restricciones migratorias de Trump era muy arriesgado: llegar a San Diego, arrendar motos, cruzar la frontera con Tijuana sacando motos norteamericanas, estar en Mexico 20 dias y volver a cruzar la frontera con las motos de Tijuana a San Diego... antes se podría haber hecho, pero con como están las cosas, no lo vimos viable.
Y que fue lo mas parecido a Baja California? El Norte de Chile! Calor, desierto, mar y playas. Mencionemos que además, a Ojitos y a mi nos encanta el desierto.
Entonces, el plan sería un viaje de ida y vuelta a Arica, sin apuro, con tramos cortos y paradas en pueblos chicos, que solo los conocía escritos en una señalética de las carreteras principales.
Hice el plan de viaje, lo modificamos en una reunión con Ojitos que vino a Santiago y lo publicamos por si alguien más se sumaba. 
Sería del 10 al 30 de Noviembre y 6300 Km. Había un par de tramos que andaríamos super justos con la bencina, asi que llevaríamos bidones de 5 lt, uno cada uno. 
Yo llevé uno que tenía de antes y Ojitos uno que le prestó el Wiro.
No se sumó nadie asi que seríamos solo los dos... como el viaje a Cabo Norte en 2012. Las dos manos izquierdas como nos dice Camarón que no nos tiene ni una fe para resolver problemas con la moto.
Y así llegó el Lunes 10 de Noviembre, a las 7 en la Aramco de Vespucio con Vitacura. Ahi estaba mi partner listo para la aventura.
La mañana estaba muy fresca pero íbamos convenientemente abrigados. Salimos por la Nororiente hasta la 5 Norte y fue un verdadero agrado. Poquísimo tráfico, el día despejado, la autopista para nosotros.

La primera parada fue en la Copec de Hijuelas, antes de La Calera, a las 8:30 "a tomar desayuno". Este es un esquema de viaje totalmente  nuevo para mi, más acostumbrada a correr más, a parar solo a echar bencina y seguir y llegar lo antes posible.
Mi parter se mandó un café y una paila de huevos... lo del desayuno era literal.


SEGUIMOS CAMINO

El tramo hasta Palo Colorado se me hizo super corto y muy agradable.
Tener la 5 Norte prácticamente vacía es un lujo pocas veces experimentado. Y más aún con el día precioso.


 En la Copec echamos bencina y obviamente tocaba el café con algo dulce.
Dato: Solo en la Copec venden café expreso "de verdad", y si no es ese, Ojitos no toma café... con las consecuencias de un sindrome de abstinencia moderado a severo jajajajaja Las dependencias son terribles!

Todo lo idílico se esfumó unos Km más al norte de Los Vilos.
De ahí hasta Coquimbo empezó un viento muy fuerte, que me recordó el que nos tocó en la llegada a Catamarca y el que se levanta en las tardes, en el tramo entre Uspallata y Los Libertadores, en la ruta 7.
Y a eso hay que agregarle muchos arreglos en el camino, muy seguidos, con los desvíos correspondientes, muchos km. por una pista, muy lento.

En el sector de Canela Baja, y más al norte donde están los parques eólicos, las hélices de los aerogeneradores giraban a toda máquina, impulsadas por un viento muy fuerte.
Eso si, cuando tocaba viento de cola era exquisito. Sin acelerar nada, la velocidad aumentaba 5 o 6 Km/hr.
Los peajes de Pichidangui y Tongoy, a diferencia de muchas otras veces, estaban vacíos.


Hicimos una parada técnica (léase baño) en Socos, donde aprovechamos de desabrigarnos porque ya estaba subiendo la temperatura, y hasta ahí ibamos con el abrigo preciso para no sentir ni frío ni calor.
Estas fotos son para graficar la diferencia conceptual extrema en lo que a equipaje para un viaje de 20 dias se refiere jajajajaja.


El cielo estaba despejado, casi sin nubes, lo cual hace que los paisajes sean más lindos.
Ya no quedaba nada del verde producto de las lluvias de invierno, y los cerros de la zona ya habían recuperado su típico aspecto semi árido con arbustos pequeños.
Desde Socos hasta La Herradura nos fuimos prácticamente solos a 100-120 Km/hr que sería la tónica de todo el viaje.
Paramos en la Shell de La Herradura a llenar los estanques  y pusimos el Waze para que nos sacara de La Serena camino a Vicuña.La pasada entre Coquimbo y La Serena fue super fluida! Maravilloso!
No tuvimos el taco infernal en que hay que encontrar el hueco justo donde colarse, en un mar de autos donde nadie deja pasar a nadie.
La salida de La Serena, por la calle Huanhualí tambien fue fácil y expedita, a pesar de que había mucho tráfico.

Eso si, la primera parte del camino a Vicuña es una calle más, entonces no tiene mucho sentido adelantar o tratar de ir más rápido, ya que son un montón de autos yendo todos juntos para el mismo lado. 
Mucho más adelante conforme los autos se han ido desviando a diferentes localidades, el tráfico disminuye considerablemente.
Pasamos por el embalse Puclaro. Siempre me han impresionado las represas, en cuanto obras de ingeniería, y esta no fue la excepción. Según Ojitos, el nivel de agua estaba bajo. Yo no me fijé realmente.
Empezaron a aparecer las viñas donde se produce la uva para el producto estrella de la zona, elixir esencial de l@s piscoler@s, el Pisco.

Después del embalse hay un túnel cuya existencia no recordaba y luego sigue un camino serpenteante, que tampoco me esperaba, con harta curva y algunas pendientes, pero fácil y agradable, considerando que íbamos prácticamente solos.

Para entrar a Vicuña se dobla a la izquierda para enfrentar un puente de una pista, con Ceda el Paso, sobre el río Elqui.
Justo antes de doblar el camino se ensancha y casi al lado de la entrada al puente, están las letras multicolores que dicen Vicuña. 
Uno de mis objetivos para este viaje era fotografiar los nombres de todos los pueblos localidades y ciudades por las que anduviéramos. A objeto de fotografiar las letras de Vicuña que se veian lindas iluminadas con el sol, traté de dejar la moto al borde del camino y bajarme pero no pude, venían más autos, estaba haciendo taco y Ojitos no entendía porqué no pasaba. Asi que descarté la foto en ese momento, y la dejé pendiente para cuando nos fuéramos para seguir viaje.
Llegamos a Vicuña muertos de calor, porque, si bien nos habíamos desabrigado, yo iba con primera capa y los forros térmicos del pantalón y de la chaqueta, y a todo sol y cerca de 30º, se hacía pesado buscar el hotel. Ibamos al Hotel Halley, pero el Waze nos llevó al restorán Halley, y nos demoramos en cachar que el hotel estaba casi dos cuadras más adelante.
Como a las 15 hr. llegamos al Hotel, cuyo estacionamiento estaba al frente.

Bajamos el equipaje, el minibolso de Ojitos y el megabolso mío jajajajaja
Nos registramos en la recepción y, estando ahí, me empecé a marear y me tuve que sentar porque sentí que me iba a desmayar, tanto que tuve que pedir agua.
Con el agua, y ya no estar a todo sol, me empecé a recuperar. Ahí me tomé en serio el asunto de la deshidratación, y la importancia de tomar agua aunque no tenga sed.
El hotel es increíble. Un viaje al pasado, muy bien conservado y con una piscina muy agradable. Mi pieza, toda en tonos palo de rosa, con catre de bronce, cortinas con cenefas y cojines con vuelos.
Nos cambiamos a ropa liviana, chalitas y  fuimos a almorzar al restorán Halley.
Estaba vacío, solo para nosotros, y nos atendieron muy bien.
Nos comimos unas ensaladas surtidas buenísimas  y muy abundantes.
Y sus buenas cervezas y su buena conversa! 
El primer brindis de muchos que vendrían después de días muy buenos o de días en que pudimos sortear exitosamente situaciones complicadas o incluso potencialmente desastrosas.
Volvimos al hotel pero paramos en una heladería artesanal. Me compré un helado de Copao, que es un fruto de los cactus de la zona, bien bueno, de sabor parecido a las tunas, pero un poco más ácido bien refrescante, bien rico.

Se nos hizo medio tarde para la piscina así que la dejamos para el día siguiente, después de la vuelta por le Valle del Elqui.
Salimos a recorrer la plaza y sus alrededores. Es muy bonita, bien diseñada, y muy cuidada. Ni un rayado... (graffitis les dicen algunos)
Me encantan los pimientos centenarios, con formas caprichosas que los hacen parecer personajes de cuentos.
Cuenta con varias áreas, con bancas, fuentes y un pequeño escenario donde ponen música para animar la tarde y el paseo de los visitantes. En la misma zona se encuentran la iglesia y la Torre Bauer.
La Torre Bauer, con sus 28 metros de altura, fue mandada a construir por el señor Bauer, empresario alemán, nacionalizado chileno, y en esa época alcalde de la ciudad, nostálgico de una torre similar que había en Ulm, su pueblo natal.
El reloj fue traído de Alemania. 
En esos tiempos parece que no se cuestionaba la relación entre el dinero y la política.








Nos sorprendimos con la oferta cultural que la Municipalidad ofrece a sus vecinos, unos 24.000 habitantes. Teatro, exposiciones, cine y conciertos. Todas actividades gratuitas para la comunidad. Notable.

Entramos al Centro Cultural que funciona en el edificio de la escuela donde estudió Gabriela Mistral.
Se suponía que estaba cerrado, pero como la puerta estaba abierta entramos y conversamos con Franco, que tiene un cargo en el Centro, y que además es bombero, y seguía trabajando a las 20 horas. Nos abrió una sala donde había una exposición de los trabajos sobre los glaciares de unos alumnos de 5º, 6º y 7º básico después de una visita al río para observar los glaciares. 
El río Elqui es un gran protagonista en la cosmovisión y la cultura de los pueblos del Valle del Elqui. Uno de los valles transversales de la región de Coquimbo.




La estatua de Gabriela Mistral para la foto es genial! 

A esta altura, Gabriela Mistral junto con haber ganado el Premio Nobel de Literatura, se ha convertido en un producto de marketing, que trae sus réditos.
Su imagen aparece en la publicidad de de un observatorio turístico.
Ya era hora de comer algo y buscamos en Trip Advisor y dimos con un restorán con puntaje de 4,9 de 5 con 300 referencias.
Y fue un acierto! el restoran Aloe, precioso, sofisticado, servicio impecable, tragos muy buenos y una ensalada con queso de cabra, manzana verde y avellanas, deliciosa. El copao sur, también muy bueno.
La conversa fluyó desde los cahuines de la contingencia nacional, la inteligencia artificial hasta el problema conceptual y epistémico de la conciencia. Se dice que el alcohol es un muy buen lubricante que facilita estas conversaciones.
Ojo que no estoy sugiriendo que fue una conversación de curaos.



Como a las 22:30 volvimos al hotel Nos dimos las buenas noches y nos retiramos a nuestros respectivos aposentos.
Esa noche dormí extraordinariamente bien y super repuesta para salir a motear adentrándonos en el camino hacia Pisco Elqui.

LA VUELTA POR EL VALLE
Nos encontramos en el comedor a las 8:30 para tomar desayuno. El servicio es muy familiar. Te preguntan que quieres y te lo llevan a la mesa. El pan si mal no recuerdo, eran marraquetas o hallullas frescas, con acompañamientos standard, mantequilla, queso, mermelada, y huevos.
Como a las 9:30 sacamos las motos y partimos a recorrer el mítico valle, famoso por el frecuente avistamiento de ovnis y por sus supuestas propiedades energéticas  y electromagnéticas, que transforman a las personas y las pone en contacto profundo con la madre tierra.


Mi interés  principal era ir al mirador ufológico frente al cerro Las Mollacas, donde se encuentra una estatua que representa a un extraterrestre, en Paihuano.
A las 9:30 estábamos sacando las motos. 
Cruzamos el pueblo para volver a la carretera que atraviesa el Valle del Elqui. El día soleado, ni una nube, ese cielo azul calipso, y la temperatura justa para ir solo con polera y chaqueta.
Había mucho más tráfico que el que me esperaba, pero gradualmente se fue despejando.


Pero no duró mucho porque luego apareció el primer banderero y tuvimos que esperar a que nos dieran la pasada. Estaban arreglando un tramo grande del camino.

Habrán sido unos 10 minutos que estuvimos parados, los primeros de la cola y mientras esperábamos Ojitos se puso a conversar con unos trabajadores de la los parronales que estaban al lado del camino. En este viaje caché que él es muy sociable!

El tramo era de ripio que por suerte estaba apisonado, así que no fue terrible.
A los pocos metros Ojitos se cambió a la pista que se suponía que no se debía transitar por los arreglos, y se detuvo porque estaba sintiendo un ruido raro en la moto y no sabía qué podía ser, quizá las piedras sueltas al ir avanzando.
Después de revisar y no encontrar nada anormal, seguimos, pero seguimos mucho más atrás que el resto de los autos, y no en el orden inicial, ya que habíamos partido los primeros de la cola. 
El problema era que los bandereros, ignorantes de este cambio, no consideraban que al final iban dos motos, para soltar a los autos esperando en dirección contraria.
Ojitos adelantó y yo quedé la última, y cuando llegamos al banderero, ya habían dejado pasar a dos autos. Ojitos se dio cuenta de la situación, paró al primer auto y le avisó que todavía faltaba una moto, asi que cuando llegué pasamos los dos y los autos pudieron seguir.
El paisaje se ponía cada vez más bonito, con esa luz tan especial del valle, el cielo azul, los cerros ocre, algunos cerros tapizados de parronales verde intenso.
Las plantaciones son gigantescas.

Muchas están cubiertas con un material como las mallas de kiwi pero color beige, que deben servir para proteger y mejorar la calidad de la uva.


Seguimos camino con dos o tres interrupciones más, por los arreglos.
El camino sinuoso, pero siempre con vistas espectaculares hacia el valle.
Llegamos a Paihuano, pero nunca vimos el mirador ufológico, con la estatua del extraterrestre, nuestra Area 51 criolla.

Luego de cruzar el pueblo, no sin cierta frustración llegamos a Montegrande y paramos en una explanada que funciona como estacionamiento y donde se encuentran la iglesia del pueblo, el monumento a Gabriela Mistral (obvio), una feria artesanal y una plazoleta con fuente de agua y todo.




Recorrimos el lugar, entramos a la iglesia, visitamos la feria y compré un imán para el refrigerador.




Nos despedimos de los locatarios, y seguimos a Pisco Elqui. En ese tramo hay un caserío, construido en las laderas de una quebrada, con un puente sobre un pequeño río que discurre en el fondo de la quebrada y se llama Pueblo Hundido.
Literalmente es un pueblo en el fondo de un hoyo.
Llegamos a Pisco Elqui y nos anduvimos perdiendo porque no hay donde estacionar. En una de esas yo paré en lo que creía que podía ser una alternativa pero Ojitos siguió derecho por una calle empinada y no alcancé a ver hacia dónde había doblado. Asi que tuve que parar en la esquina, en subida y ver como salía del lío.
Por suerte el freno para subidas funciona super bien y pude partir y doblar en subida, no vamos a decir que con toda prestancia, pero pude!
Y nos volvimos a encontrar. Encontramos donde dejar las motos y nos fuimos a un café. Ya tocaba jajajajaja!


El café extraordinario, maravilloso!! Super lindo, muy bien decorado, como ondero con toques autóctonos, con el baño igual de lindo e impecable. 
Y puros productos naturales, que los preparan ahí mismo, café de grano, como tiene que ser y jugos hechos con frutas frescas que tienen ahí mismo (no con pulpa congelada) En Pisco Elqui poh!! mejor que un café en Vitacura.

La chica que atendía muy amable y profesional. Nos contó que el café ya lleva varios años funcionando, pero parece recién inaugurado.
Mi partner eso si se fue al chancho con el asunto del café con algo dulce. Se pidió un café, un jugo de una mezcla de frutas creo, que más parecía postre, y un trozo de  torta de chocolate, enorme. Me rogaba que lo ayudara con  tamaña grosería pero de verdad no hubiera sido capaz de comer torta de chocolate después de haber desayunado 2 horas antes.

Aprovechamos de preguntar por el dichoso mirador que no habíamos encontrado, y nos dieron las referencias correctas.
Estábamos preparándonos para partir cuando se acercaron dos tipos muy simpáticos preguntando si podían sacarle fotos a las motos. Uno de ellos particularmente fascinado con la mía asi que le dije que se subiera y se sacara la foto como corresponde jajajajaja
Me dijo que si la vendía me acordara de él.
Emprendimos el regreso y esta vez sí encontramos el Mirador Ufológico que está pegado al camino... no sé cómo no lo vimos a la ida.
Estacionamos y sacamos fotos. 
La historia es un misterioso incidente OVNI del 7 de Octubre de 1998, apodado el Roswell chileno, donde testigos locales vieron un objeto brillante estrellarse en el cerro, generando un apagón y una investigación militar secreta sin resultados claros para el público, aunque se han barajado teorías como algún globo sonda que se desvió y cayó, o un meteorito que no alcanzó a desintegrarse, dejando una historia de gran interés ufológico que ha motivado turismo y fervor local. 
Algunos aseguran haber escuchado una fuerte explosión en el cerro Las Mollacas, al frente del pueblo de Paihuano, a la misma hora que otros vieron un objeto caer del cielo y partirse en dos. Cuentan que rápidamente llegaron carabineros y militares en helicópteros a acordonar el sitio, impidiendo que se supiera la verdad del acontecimiento.
Pero lejos lo mejor de esta historia, es el mirador que se construyó y la estatua de extraterrestre emplazada junto a una placa que cuenta la historia.
El punto es que, en un gesto muy shileno, al poco tiempo de  su inauguración, la estatua fue vandalizada, partida en dos y dañado uno de los brazos.
Luego de ser restaurada, la volvieron a poner en el mirador, pero protegida, dentro de una caja transparente.






Después de cumplir el objetivo de esa visita puntual volvimos a Vicuña.
Pero no sin sorpresas. 

Cuando llegamos al primer desvío con banderero, parece que se habían ido a almorzar, por lo que ese tramo estaba cerrado y había que "bajar hacia el río" y seguir por ese camino.
Oh my god!! me imaginé altiro un camino alternativo de mierda, de tierra y difícil.
Pero no!
Era un camino pavimentado ( yo seguía pensando que el pavimento se acabaría en cualquier momento), al lado del río, con mucha vegetación, algunas casas, varias curvas pero estrecho. Asi que había que calcular para pasar cuando veía un auto en contra.
A mi me gustó, a Ojitos no. El empalme con el camino principal era fácil, sin pendiente y buena visibilidad.
En Vicuña había calles cerradas por una feria por lo que nos dimos varias vueltas demás antes de llegar al hotel.

Nos cambiamos ropa y fuimos a almorzar a un restorán con pinta de fuente de soda al frente del hotel. Super bueno!!
La entrada era como de fuente de soda, pero más adentro era como restorán. Tenia dos vitrinas enormes con la mas grande colección de piscos que puedan imaginar. Y lo más llamativo, una lampara de lágrimas enorme,  colgando de un techo rústico, que funcionaba lo más bien con el mesón del bar, también rústico. Lo encontré muy innovador y se veía muy bien.


Yo me pedí un hotdog italiano y un schop. El hotdog de muy buen tamaño, traía papas hilo encima... estaba bien bueno.  Mi partner, más en línea con la alimentación saludable y no tan chancha, se pidió un pollo con ensalada y un schop

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Nos fuimos al hotel a descansar, cada uno a su manera. Yo a la piscina, y hasta me bañé a pesar de que el agua estaba fría, pero hacía mucho calor y estuvo muy agradable.


Al rato llegó Ojitos pero no se metió.
Después salimos a pasear un rato por la plaza, a tomar un helado, y más tarde fuimos a comer a un restorán peruano, también muy cerca del hotel.
Resultó una grata sorpresa! super bueno, pertenece a una familia peruana, la comida rica, la decoración muy cuidada y Perú en el corazón.
En Vicuña entendieron perfecto el concepto de buen servicio en lo que a gastronomía se refiere. No es casualidad que todos los lugares donde comimos fueran tan buenos!
Nos devolvimos al hotel, ya despidiéndono  del Valle del Elqui, y pensando en el siguiente día para seguir viaje a Vallenar.