domingo, 28 de diciembre de 2025

Voy y vuelvo: De Santiago a Arica ida y vuelta en moto. Capitulo Dos Vallenar y problema de la llave que nos persiguió casi todo el viaje.

 Nos juntamos a tomar desayuno a las 8:30, para luego cargar las motos y salir hacia Vallenar alrededor de las 10.
Era un día de pocos Km. 300 aproximadamente, en dos tramos.
El primero hasta Punta de Choros, porque yo quería ver como está actualmente, ya que nunca más volví a ir desde la época, en los 90, que no había camino y se llegaba por unas huellas en camioneta 4x4 con los neumáticos un poco desinflados para andar en arena. Solo existía una caleta precaria y un bote que cobraba por cruzar a Isla Damas.
Muy distinto a lo que es ahora por lo que he sabido.
Desde ahí tomaríamos el camino costero hasta Domeyko, y la 5 Norte para llegar a Vallenar.

A las 10:30 estábamos partiendo super relajados, con un día exquisito, soleado y templado, como para ir sin ninguna capa, solo con la polera y la chaqueta y pantalón sin forros.
Mi idea de sacar la foto de las letras de Vicuña quedó descartada de plano, ya que a esa hora la luz del sol subiendo hacia el cenit era la peor, el letrero simplemente no se vería con la luz en contra.


El camino con muy poco tráfico, hasta las cercanías de La Serena.
En este trayecto si me fijé en el embalse Pulcro, y efectivamente está con un nivel muy bajo de agua y como suele suceder, en uno de los extremos ya no hay agua sino vegetación.
Paramos en el camino para chequear la salida hacia la 5 Norte pero el mapa sugerido era confuso, así que esperamos a estar más cerca para verlo.

Y tal cual, mas cerca salía como suponíamos que era, derecho hasta la Francisco de Aguirre y de ahí al norte.
Nos tocó un poco de taco en la pasada pr la ciudad, pero nada complicado.
La idea era parar en la Copec a la salida de La Serena para echar bencina y... adivinan? Siiiii !!!!! para el café de mi partner!
En ese tramo la 5 Norte pasa de tener dos pistas por lado hacia el norte a tener solo una. Da la impresión de que está en construcción y no terminada, pero lo que pasa es que el proyecto está en revisiones y recálculos desde 2015 cuando se descubrió que el trazado pasaba por una zona de alto valor arqueológico, patrimonial, cultural, ancestral, por tratarse de los restos del mayor asentamiento descubierto hasta ahora en la zona de Coquimbo.
Son 35 hectáreas con restos de al menos 3 culturas prehispánicas,  especialmente la Diaguita, que se desarrolló entre los años 900 y 1536 d.C .
Y ahí estamos... con varios ministerios involucrados en las posibles soluciones.
Yo creo que no hay mucha vuelta y seguiremos con la 5 Norte angostada y con el consiguiente taco que se produce para todo el tráfico de autos y camiones.
Llegamos a la Copec, Ojitos se tomó un café y yo una agua.
Nos abrigamos un poco, porque al lado del mar se sentía más fresco.
Estábamos listos para seguir y la moto de Ojitos no arrancó. La batería estaba muerta!!
Me pidió que lo empujara para hacerla partir y no resultó. Alguien que miraba la escena se ofreció para ayudar a empujar pero tampoco fue suficiente.
Llegó el minuto de usar el partidor. 
Estacionamos la moto denuevo y unos cabros en una camioneta se ofrecieron para hacer puente.
Por suerte Ojitos se acordaba de como sacar el asiento y las demás piezas para exponer la batería y conectar el partidor.
Costó pero se pudo!! La moto partió y podíamos seguir.


Pero en ese momento consideramos arriesgado ir a Punta de Choros sin saber que pasaba con la batería, y decidimos ir directo a Vallenar por si se necesitaba comprar una nueva.
Le agradecimos y nos despedimos de  los cabros de la camioneta que la habían puesto al lado de la moto, por si el partidor no resultaba.
Conclusión, Punta de Choros queda pendiente para otro viaje a la IV Región.
En ese momento no lo sabíamos pero el problema fue que cuando Ojitos llega a estacionarse, al bajar la pata de la moto, el motor se apaga y si no cortas el contacto con la llave,  la luz y el ventilador quedan funcionando gastando batería.
Seguimos camino por la 5 Norte con esos paisajes maravillosos, la antesala al desierto extremo que tanto nos gusta. 
La Cuesta Buenos Aires y luego Pajonales, deliciosas, casi sin tráfico, en un día precioso.





El trayecto hasta Vallenar se hizo super corto. Después del segundo peaje paramos a sacarnos la ropa que nos habíamos puesto en vista que iríamos por el borde costero, pero que no se concretó por el asunto de la batería.


Después de  la señalética indicando la proximidad de Vallenar, llegamos a la Aramco - ex Petrobras - que ahora tiene un restorán bien grande y no solo la tienda básica.
Así que nos sentamos a almorzar.
Pollo asado con ensalada que estaba re bueno.

Nos atendió un flaco tirillento muy simpático, que nos contó que andaba en una moto de 200 cc. Nos preguntó de cuánto eran las nuestras, y de ahí siempre surge una conversación.
Aprovechamos de llamar a varias tiendas en Vallenar y averiguar si tenían baterías para la moto de Ojitos sin éxito. Había una parecida pero el mecánico dijo que no cabía.
Comimos, y si la moto no partía, al día siguiente iríamos a Copiapó a buscar una batería nueva.
La moto partió sin problemas, asi que ya no era necesario ir a Copiapó, y nos fuimos directo al hotel Puerto De la Vega 
Nos costó llegar porque por afuera no tiene aspecto de Hotel. Más parece la entrada de una casa, tiene un letrero enano, y no tenía entrada de estacionamiento. Y yo estaba segurísima de que era con estacionamiento, a ras de vereda.
Al final cachamos, tocamos el timbre y nos abrió y nos hizo pasar una señora super amable y hospitalaria. 
Nos explicó que la entrada al estacionamiento estaba en la calle paralela, como por detrás del hotel.
El lugar resultó ser un hotel realmente e inesperadamente fantástico!!
Precioso, cuidado, moderno, estábamos felices!
Todas las habitaciones y los espacios tienen nombres de regiones o de ciudades españolas. 
Pertenece a los hijos del dueño original, un español avecindado en estas latitudes, con mucho espíritu emprendedor. 
El hotel lo hicieron transformando la casa familiar.
Me dio la impresión de que la mujer trabaja en el hotel desde mucho antes que los hijos tomaran las riendas y que los conoce de chicos.
Ella le atribuye el mérito del diseño y la decoración a la hija, que se preocupa personalmente de cada detalle.




Tiene una piscina muy agradable, y en uno de los extremos del patio donde está la piscina hay un gomero como del país de los gigantes.



Entramos las motos por donde nos indicaron y quedaron estacionadas en un espacio enorme y bajo techo.
Para llegar a las habitaciones había que aprenderse los recovecos y los pasillos, un poco laberínticos.
En cuanto pude me fui a la piscina y me bañé. El agua estaba rica y hacía mucho calor.
Después de eso nos fuimos a recorrer un poco del centro, para ir a un café que nos habían mencionado.
Era un local grande, con mucho movimiento, con mucha gente comiendo mega sandwiches.
Nos tomamos solo un café porque no tenían pasteles o cosas dulces.
Luego optamos por ir a una botillería "de urgencia" a comprar unas cervezas para tomar en la sala de estar del hotel.
Se imaginarán el tipo de clientes que nos precedían en la  botillería. Se hacía una cola en la vereda y se compraba en una ventana con reja!

Mas tarde fuimos a comer a un restobar. No me acuerdo si era bueno o malo, pero Vicuña dejó la vara gastronómica tan alta que es difícil de superar.
En Vicuña también aprendimos de contaminación lumínica y del cuidado de los cielos mas prístinos del planeta para las observaciones astronómicas. Acá lo practicaban y no hay iluminación innecesaria, las luminarias son muy tenues, la calle bastante oscura, y en algunas casas hay faroles chicos automáticos con sensor de movimiento para alumbrar la vereda.
Y nos fuimos al hotel, después de un día lleno de sorpresas, buenas y malas, y cambios de planes. Y eso que recién era el dia 3 de 20 jajajajaja!!





  



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