Hoy tocaba llegar a Calama.
Y porqué Calama?
Para ir a Ollagüe, el pueblo casi fantasma que visitamos en la pandemia.
La ruta pasando por el salar de Ascotan, los volcanes, ahí, al lado del camino, las lagunas y bofedales es de los más alucinantes que he visto, y por eso, y porque Ojitos no lo conocía, es que quería volver y quedó incluido en el plan.
Ya comenté que este era el dia de elecciones y que teníamos que excusarnos por no votar en un trámite mixto digital en comisaria virtual y presencial.
Ojitos había tratado de hacer el trámite virtual en la noche anterior antes de dormir y no pudo.
Yo puse el despertador un poco más temprano, antes de las 7 para hacerlo en la mañana y tampoco pude. Además en la tele ya estaban diciendo que la página no estaba funcionando, que se bloqueaba y que estaban trabajando en arreglarlo.
Así que no había que perder tiempo insistiendo en lo mismo. Mejor dejarlo para la tarde.
Preparamos el desayuno y lo tomamos en la pieza de Ojitos, con lo que quedaba de las compras en el supermercado. La hicimos corta.
Terminamos de cargar las motos y nos organizamos para la salida.
Era en subida, semibloqueada por camioncito chico estacionado, y doblar en una calle con pendiente pero con poco tráfico.
Ojitos iba a salir primero, y yo me fui para arriba para detener a los eventuales peatones, avisarle que no venía nadie y que se tirara no más.
Junto con nosotros estaba saliendo una camioneta.
Ojitos empezó a avanzar, pero se detuvo en el giro antes de la subida del estacionamiento, para asegurarse que la camioneta ya hubiera salido.
Pero perdió pié y se fue al suelo.
Fue más estrepitoso que grave. Otro cabro que estaba por salir en otra camioneta, nos ayudó a levantar la moto.
Por suerte a mi partner no le pasó nada y a la moto muy poco. Esa moto ya tiene experiencia en caerse detenida.
Después salí yo, con él avisándome que no venía nada.
Partimos, y nos fuimos a la bomba Aramco, a 5 cuadras.
No tenían tarjetas, solo efectivo.
Desde ahí nos devolvimos para tomar el camino a Paposo.
Nos dimos una vuelta para evitar un giro imposible en la Copec, con disco Pare y pendiente.
Salimos de Taltal hacia Paposo, por un camino que es hermoso, incluso nublado.
Avanzamos a buen ritmo, y después de un buen rato Ojitos se detuvo en la berma para arreglar su bolso que se venía corriendo, porque había quedado suelto con el porrazo.Un poco más adelante esta Playa Cachinales, que también tiene fama de ser muy bonita.
Llegamos a Paposo y tomamos la cuesta que va a Paranal y a la Ruta 5.
Esa cuesta tiene fama de ser muy difícil y peligrosa. A mi nunca me lo ha parecido, y esta no fue la excepción porque, además, le han construido doble pista en las zonas más críticas, aparte de la barreras que separan las calzadas en distinta dirección, y en general tiene buena visibilidad.
Estaba saliendo el sol cuando salimos de la cuesta y entramos a un camino precioso, con curvas suaves y casi sin viento.
Paramos a tomar algunas fotos de ese lugar, porque era a lo que veníamos, al desierto, a admirarlo, a vivirlo.
Estábamos en eso, cuando llegó un grupo de tres brasileños que querían saber donde estaba la próxima bomba de bencina.
Estuvimos un rato medio conversando en español y portugués, nos despedimos y cada uno sigue su camino.
En la entrada a Paranal paramos pero lo dimos por visto.
Los dos habíamos ido un par de veces, y como solo se puede mirar de lejos, no tenía mucha gracia ir otra vez.
Pasamos por esa parte del camino en que hay montones de piedras desparramadas a lado y lado del camino, algunas pintadas, realzando la figura de la piedra, y otras apiladas en apachetas, esas torrecitas de piedras que hacen los caminantes como señalización o como ofrenda a la Pachamama.
Llegamos a la 5 Norte, un camino de dos pistas con disco Pare.
Seguimos hacia La Negra. Pocos kilómetros más al norte ya se empezaba a ver que es una zona industrial super contaminada.
Junto con los materiales propios de las industrias, el polvo en suspensión que se levanta con el viento afectan mucho la visibilidad. La cantidad de tierra qu hay en todas partes es terrible.
Lo bueno fue que era Domingo y día de elecciones, asi que había poquísimo tráfico, y no el caos habitual que se forma con decenas de camiones yendo y viniendo, entrando y saliendo de los servicentros.
En ese sentido fue muy fácil y agradable.
Entramos a una Copec, fuimos al baño, Ojitos se tomó un café con una masita dulce, era lo único que había, echamos bencina y seguimos a Calama.
Esa primera parte del camino fue sin viento, pero duró poco. Más adelante se levantó un viento muy fuerte con polvaredas y menos visibilidad.
En esa zona, eminente minera, empiezan a verse las tortas. Una palabra bonita para denominar cerros de distinto tamaño hechos de residuos de los relaves.
Unos 40 Km más adelante paramos en la Copec de Sierra Gorda que si tenía comida. Ojitos se comió un sandwich y yo un hotdog, bien bueno.
Aprovechando la parada, tratamos de hacer el trámite en la Comisaria Virtual y resultó! Ya teníamos el código para ir al trámite presencial y validarlo.
El resto del camino fue agradable, en el sentido de muy poco tráfico, pero con viento que lo hace más pesado.
Ojitos se enredó con la señalética y sin querer entramos a Baquedano jajajajaja.
Bien fome Baquedano.
En este camino hay dos peajes que para la moto son 3 lucas. Lo encontré caro, pero se justifica porque los caminos están super buenos.
Antes de llegar a Calama Ojitos paró para decirme que que quería pasar a alguna bomba, porque sentía que el neumático había perdido mucho aire.
Entramos a Calama. Ya no está esa estatua horrible del minero hecha con piezas de máquinas en la rotonda.
En su reemplazo hay una escultura de unas manos, una femenina y una masculina que sostienen a Chile, con un letrero que dice Calama
Paramos en una Copec y Ojitos pudo constatar que había perdido mucho aire y corregirlo.
Encontré que para ser Domingo de elecciones, andaba mucha gente y mucho auto en las calles.
Nos fuimos al hotel, que como casi todos los alojamientos elegidos, tiene estacionamiento plano, a ras de la vereda.
Bajamos el equipaje, nos registramos y nos dimos una buena ducha para sacarnos el calor del camino. La temperatura había llegado a 34º.
Después de refrescarnos averiguamos dónde estaba la comisaría para hacer el trámite presencial.
Había dos lugares, ambos relativamente cerca del hotel, como para ir caminando.
Nos pusimos a conversar con los otros que estaban en lo mismo.
La mayoría hombres, alrededor de los 40 diría yo, que trabajaban en la minería, en diferentes actividades.
Como era de esperarse, se sorprendieron con nuestra historia, adultos mayores, amigos y no pareja, recorriendo el Norte en dos motos, por el gusto de ir al desierto.
Estábamos de lo más entretenidos con la conversa, cuando llega un carabinero preguntando si hay mayores de 50 para apoyarlos y yo digo si!!! aquí hay dos!! y levanto las manos.
Ojitos, que no había cachado la movida seguía conversando con los otros de la cola, no entendía nada cuando lo arrastré fuera de la cola.
El funcionario nos hizo la validación en su teléfono y ya estábamos listos.
Nos fuimos a recorrer un poco cerca de la plaza, con la expectativa de encontrar algún sitio donde tomarnos una cerveza pero estaba todo cerrado. Claro, no consideramos el pequeño detalle que era día de elecciones y había ley seca.
Al final terminamos en un peruano ahí no más, nos tomamos la cerveza y celebramos que habíamos llegado a Calama y que habíamos cumplido con el trámite.
Nos fuimos al hotel a comer.
El hotel está pensado para alojar a la gente de empresas mineras que trabajan en la zona. Las habitaciones son chicas pero cómodas, el baño muy bueno, el comedor con sistema de casino con voucher, con mesones como para 8 personas, otras más chicas, todas con enchufes encima como para cargar teléfonos y computadores.
La comida más o menos no más... la carne malita.
Mientras comíamos, veíamos en la tele los primeros cómputos que daban como ganadores para la segunda vuelta a Jara y Kast, relegando a un humillante 5º lugar a la tía Evelyn, después de Parisi y Kaiser. La sorpresa fue que el chanta de Parisi quedara en tercer lugar, no tan lejos de Kast.
Después de comer yo me fui a acostar. Ojitos se quedó tomando un té.
Al día siguiente, temprano, tenía que encontrar una vulcanización para averiguar porqué el neumático pierde aire y resolverlo.
Segundo día en Calama: la revelación del desastre
El plan era buscar una vulcanización para arreglar el neumático de Ojitos que seguía perdiendo aire, cada vez más, y más rápido.
Pero nada abría antes de las 9:30, no teníamos un dato concreto, y no era prudente seguir con el viaje con un neumático malo.
Tomamos desayuno en el hotel, y éramos casi los únicos que no teníamos ropa naranja y anteojos oscuros, típicos de la gente que trabaja en la minería.
En el comedor, todos con sus bandejas, recolectando las cosas de su preferencia, para después instalarse en estas mesas para ocho o más.
Después de desayunar partimos para el primer lugar que nos habían dicho. Era una tienda de motos, pero al menos nos mandaron a un taller de motos que no vimos en internet.
Para allá partimos y llegamos sin mayor dificultad.
Desmontaron el neumático, lo revisaron y no tenía nada. Ni pinchazos, ni pérdidas visibles con el método del agua con jabón. Tampoco era la válvula el problema.
Nos recomendaron echarle un liquido Liquimoli para reparar pinchazos, pero evidentemente lo que nos daría más tranquilidad era cambiarlo.
El mecánico que le hace mantención a esa moto, que pasa largos meses estacionada en Santiago, le había dicho que el neumático no estaba óptimo pero que si no corría no debería tener problemas. Y no lo cambió porque según él, no había encontrado el repuesto... obvio, el que no busca no encuentra.
Del taller mandaron a buscar un neumático nuevo para cambiarlo, y llegó un chico de Pedidos Ya con la solución a todos nuestros males.
Pero no servía!!
Era número 18 y el de Ojitos era 17. Porca miseria!! y ya eran las 11:30.
Se barajó la alternativa de ponerle una cámara pero con cero margen para un pinchazo.
Raya para la suma, estuvimos dos horas y salimos igual que como entramos.
El paseo a Ollagüe empezaba a guatear.
Y también el viaje completo! Si no encontrábamos el repuesto había que empezar a volver a Santiago. La última esperanza era conseguirlo en Antofagasta.
A esa hora habíamos descartado ir a Ollagüe, pero se nos ocurrió arrendar un auto y hacer la mitad del camino, hasta el Salar de Ascotan y volver. O por lo menos ir a Chiu Chiu.
Más encima andábamos abrigados como para el clima en alturas, con temperaturas bajo los 10º, y así super abrigados, en el taller viendo como no arreglaban el neumático.
Ya eran más de las 12, así que nos fuimos al hotel a cambiarnos ropa para ir a buscar un Rent a Car.
Dimos con un Econorent que quedaba cerca del hotel y partimos para allá, con mucha suerte porque justo tenían un auto disponible ahora ya!
Un Citroen C3 disfrazado de SUV. Nuevito.
Ya eran más de las 2, el plan era ir a comer algo rápido y visitar Chiu Chiu.
Pasamos a una Aramco, comimos y partimos.
En media hora ya estábamos en Chiu Chiu,que se veía desde lejos como el oasis que es. Asi que decidimos seguir hasta Ascotan.
De a poco fui acordándome del camino que hicimos en pandemia, en Enero 2021.
Justo cuando íbamos en la recta desde donde se tiene una vista del volcán espectacular, iba un camión muy lento y atrás un radiopatrulla, que no adelantaba.
No íbamos a ser nosotros en romper la regla, así que nos acercamos al convoy. Ya estábamos muy cerca y en una curva cachamos que el camión iba remolcando al radiopatrulla (que ganas de decirle el auto de los pacos, pero alguien lo puede encontrar ofensivo y no es mi intención)
No íbamos a ser nosotros en romper la regla, así que nos acercamos al convoy. Ya estábamos muy cerca y en una curva cachamos que el camión iba remolcando al radiopatrulla (que ganas de decirle el auto de los pacos, pero alguien lo puede encontrar ofensivo y no es mi intención)
Bueno, parece que iba en pana, o querría ahorrar bencina, el caso es que el camión remolcaba al auto. Asi, si se podía adelantar y sacar una foto decente jajajajaja
Nos encontramos con un control de carabineros, que antes no estaba. Se justifica, ya que Ollagüe es un paso fronterizo que se ha visto superado por la enorme ola migratoria hacia Chile, especialmente desde Venezuela, que cruzan a Chile por Bolivia.
Ya se veía el volcán que compartimos con Bolivia, el Ascotan, con su silueta inconfundible, cuya cumbre fue removida por una gran explosión, que arrojó escombres a gran distancia.
Como yo iba de pasajera, pude apreciar el paisaje en toda su inmensidad.
En una curva hay un poblado muy chico con iglesia y juegos infantiles, por lo que asumo que ahí vive gente permanentemente, y deben trabajar en el salar.
Paramos en un punto, poco más allá del caserío que está en el salar mismo, a sacar fotos. Justo en ese momento un tren de carga se desplazaba a la distancia, en la mitad de la ladera de un cerro.
Seguimos hasta un mirador, al lado del salar.
Paramos a sacar fotos, el entorno es tan impresionante que no hay como capturarlo en una foto o en un video, que logre transmitir la sensación de estar ahí.
Traté de sacar una foto con mi fiel Nikon, con temporizador, como en otros tiempos.
La ubiqué, enfoqué, disparé pero no alcancé a llegar a la posición del encuadre jajajajaja.
Estando allá, Ojitos empezó a sentirse no muy bien, un poco mareado... osea se apunó. Cosa que en la vida le había pasado. Yo andaba con una botella de oxigeno, para la subida a Chungará, sólo por precaución, pero jamás consideré necesario llevarla a Ollagüe!
Ya de vuelta, pudimos notar que el salar se ve mucho blanco que a la ida. Y justo iba cruzando una llama o una vicuña... imposible saberlo.
Paramos en el control de carabineros, pero no hubo que mostrar papeles.
Seguimos admirando el paisaje circundante, especialmente las áreas abiertas por plantitas bajas color zapallo, que le dan a los cerros una tonalidad muy especial.
Al acercarme a ver las plantas, son como manojos de pasto amarillento, como paja.
El color más dorado es una ilusión óptica producto del reflejo delsol.
Pasamos a Chiu Chiu. Yo nunca había estado ahí.
Con su calle principal, su plaza, una posta rural, la escuela que cuenta con transporte escolar para traer a los niños que viven en zonas más retiradas, y un par de restoranes.
Mención aparte merece la iglesia, San Francisco de Chiu Chiu, la más antigua de Chile, que data de antes de 1611, construida de adobe pintada blanca entera, y madera de cactus.
Fue construida en un oasis precolombino que tenía alta presencia atacameña. Formaba parte del Camino del Inca, que al llegar los españoles fue conquistado y evangelizado.
El pueblo se fundó en el oasis y se considera que tiene orígenes prehispánicos.
Encontramos un restorán bien agradable y con una oferta de jugos, y cosas para comer bien variada. Nos pedimos un mote con huesillos que estaba delicioso.
Seguimos a Calama, apurados para alcanzar a comprar el liquido para reparar neumáticos.
No llegamos pero fuimos al Mall a comprar pantalones. Ojitos creía haber echado dos pero solo llevaba uno, y para 20 días es muy poco!!
Pasamos al Homecenter que estaba ahí mismo, a buscar el líquido, pero no había de la marca recomendada.
Tampoco había pantalones pero nos tomamos un café con una torta muy rica y volvimos al hotel.
Seguíamos con el problema del neumático y la duda de si podríamos seguir viaje o no.


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