domingo, 9 de septiembre de 2018

Paseo corto a Puro Caballo

Este paseo se armó ayer en la tarde-noche en el grupo de whatsapp, sin mucho entusiasmo.
Mi moto está con la revisión técnica vencida, y me daba un poco de lata arriesgarme al parte.
En vista de eso, Vitrola propuso ir en grupo a sacarla, pero después la idea fue desechada ya que seguramente las PRT estarían llenas por la urgencia de regularizar la documentación de los vehículos,  como diría un paco después de tomarse el cafecito en un Starbucks.
Camarón me ofreció prestarme la moto roja, una BMW F700, para que practicara, ya que esa es la que manejaré en el próximo periplo por Colombia, que comienza en 5 días más.
Más tarde volví a preguntar si había quorum para un paseo y nadie aparte de Camarón, que propuso ir al Puro Caballo, y Vigilante que dijo que iría, se pronunció.
Pero hoy en la mañana se sumaron Vitrola, Ojitos, Vetu, Elmer y Rudy con la Sonia.
Como era tan cerca, quedamos de juntarnos en la Copec Veneno a las 11:30.
Mi hija Magdalena, alias la Chika, también se sumó. Yo creo que como 10 años que no se subía a una moto. Cuando era chica, iba con mucha frecuencia a los paseos. 
Después, fue más entretenido salir con los amigos que con la mamá, obvio, jajajajaja.
Así que seríamos 11 para un paseo muy improvisado.
Yo también pensaba que era un buen día para un paseo, porque además del clima exquisito, no debía haber mucho movimiento en el fin de semana previo al superhipermega feriado que se viene para las fiestas patrias, con lunes martes y miércoles feriados oficiales.
Y partimos, yo al principio, iba bien insegura, entre que no conocía bien la moto, es más chúcara que la mía, y además sin costumbre de andar con pasajeros.
Pero bueno, ya en la Costanera Norte me fui acostumbrando y acomodando y se me pasó el susto pero no la sensación de responsabilidad de llevar a mi hija de copiloto. Igual le pedí que sacara fotos con la gopro.



Llegamos a la Copec y ya estaban todos tomando el primer cafecito del día.
Poco después partimos a Lagunillas, cerca de Casablanca, que es donde queda el Puro Caballo.






La ruta 68 como siempre, más parecida a la Kennedy en hora de alto tráfico.
El día exquisito, soleado, el aire limpio, y no caluroso. Un agrado los peajes con free flow! Llegar y pasar. (Claro que le debo los peajes a Camarón, que serán cargados a su TAG)

Un dandy!!




Después de Curacaví, había muchos menos autos con lo que  el paseo fue mucho más agradable, y más todavía cuando salimos de la autopista con aún menos  tráfico, y con paisajes campestres, empezando a revivir después del período invernal.
Especialmente las extensas áreas de viñas, que le han dado el sello a la zona, bajo la denominación de Valle de Casablanca.








Los aromos, que son mi rayadura, siguen preciosos, frondosos y amarillos.
También el aroma a eucaliptus reforzaba esa sensación de estar en pleno campo.






Nos fuimos juntos casi todo el camino. Vitrola tuvo que parar un momento porque se le metió una avispa en el casco y lo mordió cerca del ojo. No se si hizo la consulta respectiva con los facultativos que iban en el grupo. Pero al menos no se le hinchó como a Henry cuando una avispa lo mordió en el labio y quedó varios días como la Angelina Jolie.
Llegamos al Puro Caballo y estaba muy distinto a como lo recordaba de la vez que fuimos años atrás.

Más grande, más equipado, con muchas caballerizas, muchos caballos, todos lindos, muy bien cuidados, llevados de la rienda por sus dueños, cantidad de huasos con trajes ad hoc, manta chilena y sombrero alón. Osea la chilenidad misma.












También hay una medialuna de rodeo, no tan grande pero más que digna, con buenas graderías para el público, y una caseta en altura para el jurado, que deben observar sin perder detalle las destrezas o la falta de ellas de los jinetes y sus cabalgaduras.


Al fondo una especie de quincho enorme, desde donde salía una columna de humo (ahí la chilenidad se cae con el cuidado del medioambiente) que seguro sería una gran parrilla para los invitados a ese asado en particular.
Entramos al comedor, con concurrencia moderada, la mayoría hombres en modo ecuestre.
Nos habían reservado una mesa redonda para 8 (recordar que muchos se sumaron hoy mismo), pusieron dos puestos más, pero otro más realmente era imposible, así que juntaron dos mesas redondas, y quedamos más que cómodos, considerando que los platos eran muy grandes, y además estaban las copas, las paneras, las bebidas y los arreglos de flores. 

Nos atendió Alex, muy simpático y atento, no se hizo problema con las cuentas separadas ni con los "nombres" jajajajaja.
Nos ofreció un consomé, cortesía de la casa, junto con unas sopaipillas con pebre y pancitos amasados que estaban deliciosos. Vigilante comentó (alegó en verdad) que estaba tibio y no caliente... su karma como varios ya saben.
Después empezaron a llegar los platos... deliciosos, 10 puntos!
Ese plato es entraña con ensalada verde

Lo más gracioso fueron las apuestas sobre si a Vigilante le traerían su comida o no, ya que alguna vez quedó sin almorzar porque a alguien se le olvidó preparar el plato que había pedido. Ya todos estábamos degustando y alabando las delicias culinarias, y todavía no le traían lo suyo ni a Vigilante ni al Vetu y Elmer  que estaban sentados a su lado. Camarón dijo que la mala suerte de vigilante era contagiosa, jajajajajaja.
Vigilante además nos entretuvo con la historia de la renovación de su carnet de manejar, porque le exigían usar lentes para la clase C y no para la B, osea, solo para manejar moto. El quería que le dieran dos licencias distintas. No estaba de acuerdo con la resolución técnica, argumentaba que estaría obligado a usar lentes cuando anduviera en auto sin necesitarlos.
Pero al final los platos llegaron y todos fuimos felices.
Nos tocó la casualidad de que justo había rodeo en la medialuna durante la tarde. Se produjo un interesante debate acerca de si los novillos y vaquillas de los rodeos sufren o no. Muchos pensaban que si y que debería prohibirse. Otros como yo, que en mi vida he ido a un rodeo pensaba que a lo mejor no era tanto, que la gente atribuye  sentimientos humanos a animales que en rigor no sabemos que les pasa. Yo decía que podía ser que fuera como en el rugby, que se aplastan y se aporrean, pero que hay un placer en el asunto.
Los postres eso si, poca variedad y no muy apetitosos. Como nunca, yo pasé, y no comí nada dulce.
La Chica no pudo con su pastel de choclo, y pidió que se lo empaquetaran para llevarlo a la casa. Como pudieron se lo pusieron en papel de aluminio ya que no tenían fuentes desechables. 

Salimos del comedor y nos encontramos con que en la medialuna chica pero digna, ya se estaba llevando a cabo un rodeo con todas las de la ley. Ahí comprendí que seguramente los comensales del asado en el quincho eran los jinetes, los amigos, las autoridades y el jurado.


Harta gente en las graderías, atenta a las incidencias del controvertido deporte.
Nos instalamos a mirar un rato. Lo más llamativo fue que en esta actividad eminentemente masculina, había una amazona configurando la collera con su compañero, esperando para ganar los puntos buenos.


Elmer nos explicaba sin saber mucho, pero más que nosotros, acerca del significado de las maniobras y de los puntos buenos y malos. Lo más sorprendente era que coincidía con el dictamen del jurado encaramado en su atalaya con la mejor vista del desempeño de los participantes.






Después de un rato de estar mirando las atajadas, decidimos irnos, para descanso de los demás observadores que sí valoraban y disfrutaban del espectáculo.
Yo cambié mi opinión acerca del tema, creo que las vacas lo pasan muy muy mal.
La siguiente parada sería a comer un dulcecito de Curacaví con un café. Algunos decían en Agua de Piedra, otros o más bien Camarón, en el Millahue.
Ahí sacaríamos la foto grupal.

Volvimos más o menos ordenados y sin correr. Yo mucho más afiatada con la moto ajena y con la copiloto.



Paramos en Agua de Piedra, y los dulces estaban muy buenos! 
Luego salimos y la Marcella le pidió a una chica que nos sacara la foto grupal.
Además le grabamos un video de cumpleaño feliz al estilo Cualtaco a la Veti, para mandárselo al otro día. Los amigos de la fotógrafa se mataban de la risa de los viejos revolviéndola por 20. 
Es que era un paseo de la Fundación Las Rosas, que había salidos por el día con la apoderada, que era la Chica jajajajajaja y que ya era hora de volver al hogar.
Nos reímos mucho!!

Volvimos sin problemas y cada uno llegó a su casa feliz, después de un día muy entretenido.
Mi hija me dijo que lo pasó muy bien, que le encantó volver a andar en moto, y que le gustaría aprender a manejar y acompañarnos a los paseos... porqué no?

Ya no queda nada para partir a Colombia.
Así que el próximo reporte será en harto tiempo más, cuando logre terminar la serie colombiana. Hasta entonces!