En la planificación inicial de este día estaba Bahía Inglesa como destino, obvio, alojando en el Hotel Coral, con linda vista y buena comida.
Pero se fueron al chancho con los precios! Casi cien Lucas la habitación single sin vista al mar.
Así que lo cambiamos por Caldera. Primero vimos los hoteles que estuvimos antes, uno que se llamaba Costa Fósil o algo así, y otro que quedaba en la esquina de una calle que llega a la playa, bien bonito, antiguo, con escaleras de madera de pino Oregón.
Pero nos decidimos por un departamento, que costaba mucho menos y pagado entre dos. No es por ser coñetes, pero si se puede elegir, mejor no derrochar.
En el hotel de Vallenar dormí extraordinariamente bien! La cama exquisita, sin luz y sin ruido… óptimo!
Que hotel más bueno el Puerto de la Vega.
A las 8 nos juntamos a tomar desayuno que estaba buenísimo. Todo lindo, todo fino, bien presentado y como familiar. Y el personal súper amable, qué gente más agradable!
Después de desayunar organizamos el equipaje, cargamos los bolsos ( bueno, en rigor, el mío hay que cargarlo, el de Ojitos solo se lleva jajajaja) y estuvimos listos para partir.
El plan del día era subir hasta San Félix, en esta idea de revisitar pueblos chicos después de mucho tiempo.
Luego iríamos a Huasco a almorzar y de ahí a Caldera por el camino costero.
Había amanecido nublado y estaba un poco fresco, por lo que fue necesario un polerón, al menos por un rato.
Al aumentar la altura las nubes se disiparon y se sintió el calor.
Como casi siempre me pasa que no me acuerdo de las rutas, tampoco me acordaba de un tramo con harta curva subiendo hacia el embalse Santa Juana, pero nada complicado y muy rico de hacer.
Eso si algunos tramos malitos que requieren mantenimiento pronto.
El embalse Santa Juana es impactante. Ya he comentado mi fascinación por estas obras de ingeniería, y este no es la excepción.
A esa hora, con la luz que había el agua se veía de un color azul intenso precioso.
Seguimos ascendiendo hasta que llegamos a Alto del Carmen.
Para seguir a San Félix había que hacer un desvío de unos cuantos Km de tierra, que se veía bastante malo, porque estaban haciendo arreglos y remodelando el sector de la Plaza, así que había que rodear el pueblo por este desvío para volver a la ruta.
Con Ojitos nos miramos y lo descartamos sin titubear. Llegaríamos hasta ahí no más. En situaciones como esta, se echa de menos más destreza, más arrojo, una moto multipropósito o todas las anteriores.
Estacionamos en un lugar medio prohibido, acordonado con esas típicas cintas plásticas blancas y naranja, para cerrar calles.
Pedimos que nos guardaran las chaquetas y los cascos en un negocio y fuimos a mirar lo poco que se podía ver a través de las rendijas de los paneles que tapaban la plaza en obras.
Buscamos dónde tomar un café y no había nada atendiendo a esa hora. Solo unos pequeños restoranes muy básicos que abrían a mediodía.
Así que no resignamos y fuimos a buscar las chaquetas y los cascos que habíamos dejado encargados para volver.
Conversamos con el propietario del negocio que era como un mini supermercado.
Nos contó que el era del sur, y que se había emparejado con un mujer de este pueblo, y el amor lo tenía encargado de este negocio.
Llevaba tres meses desde que abrió y les ha ido muy bien. La mujer tiene mucho ojo comercial, se encarga de elegir los productos, las ¨novedades", y siempre le achunta. Funcionan con mucha variedad de artículos y no tanto stock. Encargan cosas a Santiago, y el viaja a La Serena de vez en cuando a comprar mercadería. Parece que son un súper equipo en su proyecto común.
Esto es algo que me gusta de los viajes. Que uno conoce personas e historias tan variadas y distintas a la realidad personal cotidiana.
Como siempre, el viaje de vuelta no es igual al de ida. Cambia la perspectiva, la luz, las vistas.
Bajamos hasta Vallenar y debo decir que la incorporación a la 5 Norte no fue simple.
Teníamos que llegar a la 5 Norte, avanzar un poco al norte y devolvernos para tomar el camino a Huasco, donde teníamos planeado almorzar.
No estaba muy bien señalizado y ninguno de los dos es muy orientado, así que obligados a poner el Waze, que esta vez nos jugó una mala pasada porque nos llevó por las afueras de Vallenar, por un camino medio trabado con harto tráfico. Al final llegamos a la rotonda de la Copec.
La ruta está estupenda. Ya terminaron todos los ensanches y arreglos que había la última vez que pasamos por ahí.
El cruce para ir a Freirina quedó realmente bueno. Es una especie de medio trébol que reemplaza al cruce con disco Pare que había antes, en el que era muy difícil entrar al camino a Huasco o doblar hacia Freirina.
Llegamos a Huasco y bajamos hasta el borde costero. En la última esquina en bajada tuve un poco de problema porque no doblé bien y quedé con mal radio de giro, pero al final pude.
Éramos los únicos clientes y nos atendieron súper bien!
Abajo había un mini terminal pesquero, donde estaban los pescadores, esos típicos gallos como rudos, chascones, manchados, con delantales de goma, destripando pescados, erizos, piures y tirando los restos al agua para deleite de gaviotas y lobos marinos, que ya se acostumbraron a tener comida sin esfuerzo.
Vimos por lo menos 6 lobos marinos. Verlos nadar juntos, perfectamente sincronizados es lo más lindo que hay.
No deja de ser entretenido mirar la dinámica de una actividad tan ajena para dos médicos, urbanos y motoristas.
Al frente del restorán hay una suerte de rotonda donde está una especie de altar con San Pedro (igual que mi partner) y donde también estacionan el bote donde sacan a pasear la imagen De San Pedro, patrono de los pescadores, y excusa perfecta para la fiesta, el weveo, los bailes y las tomateras... todo sea por la fe.
Alguna energía divina había en el aire que hizo que mi partner, tocayo del santo, tuviera cara de ídem.
Nos fuimos por la costanera hacia el faro, y un poco antes subimos por una calle empinada para llegar al camino principal.
Ya en las afueras del pueblo, el camino atraviesa plantaciones de olivos, con sus follajes inconfundibles y el aroma característico del producto estrella de la zona, el aceite de oliva.
El camino está transitable, pero bastante deteriorado. En poco tiempo más será imperativo hacerle mantención porque ya están apareciendo hoyos en el asfalto.
Pero el camino mismo y los paisajes siguen siendo deslumbrantes.
Alcanzamos a ver los últimos vestigios, bastante tardíos, del desierto florido, ese insólito fenómeno que consiste en que semillas enterradas por décadas, en estado latente, inertes, asimiladas al terreno seco y árido, de pronto con un poquito de agua cobran una vida inusitada y tapizan hectáreas de llanos y lomas con sus colores vibrantes.
Todavía quedaban manchones de flores rosadas, fucsias, y blancas.
Paramos varias veces, a ver las flores, a sacar fotos, a que Ojitos se abrigara, cosa que no ocurre normalmente en los paseos, sobretodo más multitudinarios, en que la meta es llegar al destino, y/o no hay acuerdo de si parar o no.
Es otro ritmo, que permite fijarse en detalles del camino, y sentir que uno estuvo ahí y no solo pasó por ahí.
En el trayecto, en algunas partes no pudimos entender porqué, siendo un camino recto, plano, con visibilidad total, hay mucho kilómetros con línea continua doble, de no adelantar.
Mi única explicación es algún negociado con el que pinta las rayas, para pintar más y cobrar más. Si no, es estupidez, desprolijidad, o efecto de la marihuana jajajajaj
O todas las anteriores.
Por lo demás, hay zonas que asumo que han sido reparadas no hace tanto dejando una imagen muy rara del camino.
Dejamos atrás el desierto y las flores y avanzamos hacia el norte.
A unos 90 Km de Caldera aparece la silueta de una construcción imponente, en la mitad de nada. No tiene avisos ni letreros que informen lo que es.
En viajes anteriores me había llamado la atención, pero hasta ahí no más llegaba la curiosidad.
Pero esta vez, con las tecnologías de geolocalización, con los datos de las fotos, averigüé que es una fábrica de cal, que tiene el original nombre de CalChile. El dato freak es que está a la altura de Punta Cachas (el nombre pa malo!!)
Empezaron a aparecer advertencias de arena en el camino.
Yo me imaginaba un poco de arena, como para disminuir la velocidad, un poco acumulada en las bermas y nada más.
Error! eran montones de arena que obstruían el paso por completo y tenían que ser removidos con cuadrillas y camiones.
Eran un montón de arena a lo largo del borde del camino y cada tanto cerros de arena que atravesaban la calzada. Era impresionante la cantidad que se juntaba en poco rato.
Llegamos a la 5 Norte, se veía desde lejos. Había un letrero que decía Copiapó y Caldera hacia la derecha, osea hacia el Este. Por ahí había que avanzar hasta el retorno y acceder a la calzada norte de la 5 Norte, hacia el Oeste.
Pero Ojitos no lo vio y siguió derecho hasta la misma autopista pensando que podría doblar a la izquierda...en la 5 Norte.
Así que quedamos super mal ubicados, al borde de la autopista, para doblar donde no se podía, en vez de haber salido por la salida normal.
Venían muchos autos y camiones y no estaba fácil. Yo barajé la posibilidad de echarme para atrás y salir por donde estaba señalizado, pero se produjo una ventana sin tráfico y doblamos no más. Una maniobra pésima!
Al final, llegamos a Bahía Inglesa a ver la puesta de sol y tomar un café antes de irnos a Caldera.
La tarde estaba exquisita. Pero tiene el grave problema que no hay donde estacionar. Literalmente.
Dejamos las motos en la esquina, detrás de un auto porque nos dijeron que ese auto no se movía de ahí.
Entramos a un café con terraza y pedimos un café y tortas. La de Ojitos estaba rica, la mía más o menos no más.
Empecé a cachar que mi proyecto de coleccionar fotos de los letreros de los pueblos un viaje aparte, que debe hacerse con ese propósito, para encontrar el encuadre y la luz correctos. Y no la foto sacada a la pasada.
En el café circulaba una perra galgo, un poco tímida que se llamaba Capuchina y que enamoró a Ojitos. Se entendieron al toque.
Yo solo la encontré simpática. Lo mío son los gatos. En Vicuña, en el estacionamiento del hotel, había uno, rubio, peludo, muy regalón y con una cola increíble.
Yo ya me había comunicado con la gente del departamento en Caldera, y nos habían dejado las llaves en la conserjería.
Para allá nos fuimos y no nos costó nada llegar. El condominio estaba como a la entrada del pueblo, no metido en el centro.
Entramos y estacionamos las motos con alguna dificultad porque si bien era plano los sitios mismas tenían arena y las patas de las motos se hundían un poco.
A la moto de Ojitos le pusimos una piedra.
Descargamos los bolsos y nos instalamos en el Depto. En estos casos Ojitos siempre ocuparía la pieza principal con cama doble porque le gusta desparramarse.
A mi, al revés, no me gusta la cama grande porque no logro calentarla lo suficiente, asi que la cama individual para mi está perfecta.
Nos cambiamos ropa y nos fuimos a la plaza.
Ahí estaba un grupo de cabros, con diversos instrumentos, trompetas, tubas, parecían una banda de bronces, además de tambores y un bombo.
Cada uno tocaba por su cuenta, no estaban ensayando un tema específico.
Nos quedamos un buen rato hasta que nos aburrimos. Ya nos íbamos cuando le preguntamos a uno de los cabros qué instrumento era el que tocaba, que no se parecía a ninguno que yo conociera. No le entendí muy bien pero nos dijo que era una copia boliviana de un barítono. Quedé en las mismas. Después le pregunté a Google y claro, existe un instrumento llamado Barítono. Clear and simple.
Conversamos con el director de la banda, que era un músico del ejército, simpático el cabro! Estaba destinado en la zona.
Resultó ser una banda de las que tocan en las fiestas religiosas, y ahora se estaban preparando para el 8 de Diciembre, la fiesta de la Virgen de La Candelaria.
Ahí empezaron a ensayar de verdad, y tocaron los temas propios de esas festividades, la típica música nortina como en La Tirana.
Después de un rato nos fuimos al local que nos había parecido mejorcito en el recorrido a la plaza, a comer algo liviano, una cerveza, unas empanadas de queso o algo así.
Ojitos pidió un Ramazotti y yo una Corona con limón. Y unas papas fritas con ketchup, cual adolescentes de bajo poder adquisitivo jajajajaja, pero estaban bien buenas y eran hartas!
Nos agarró la conversa y nos devolvimos al Depto como a las 11.
Fue un gran día muy variado! Desde Alto del Carmen y el minisupermercado, a la banda en la plaza de Caldera, pasando por la caleta en Huasco y el desierto florido.

Que eres entretenida... Felicitaciones
ResponderEliminarPatty