sábado, 12 de enero de 2019

Fiestas Patrias 2018 en Colombia, día 3, de Bucaramanga a Riohacha

Amanecimos en Bucaramanga con el cielo cubierto de nubes.
Desde la habitación se apreciaba mejor el tamaño de la ciudad. 

Es la capital del departamento de Santander, y está considerada por el Banco Mundial como la ciudad más próspera de América Latina (con lo que ello pueda significar y siempre que el lugar en el ranking no esté comprado por el narcotráfico).
Está situada en en la Cordillera Oriental, brazo de la Cordillera de Los Andes, a orillas del Río de Oro. El municipio tiene 500.000 habitantes y junto con otros municipios, conforma la región metropolitana de Bucaramanga con 1.416.000 habitantes.
Fue fundada en 1622, y cuenta con aeropuerto internacional... que te pasa.
Nos levantamos muy temprano, ya que teníamos 600 Km. por delante y ninguna certeza de cómo estaría la ruta.
Desayunamos y bajamos, con toda la incomodidad del caso, a cargar las motos.
La mano no me dolía tanto, pero la tenía totalmente torpe, me costaba sostener la taza del café y los movimientos más precisos, por ejemplo maquillarme o subir los cierres de la ropa.


Migué se ofreció para sacarme la moto, ya que no estaba taaaan fácil la salida del parking, y nunca me negaría al ofrecimiento de ayuda.
Era domingo en la mañana, y aún así, tuvimos bastante congestión y harto taco a la salida. A las 9:30 más o menos íbamos partiendo.



El hotel Sonesta, en el mall de Parque Arauco


Cerca del hotel pasamos a llenar los estanques.

Muchos autos, cacharros y camiones en calles estrechas y de sólo una pista por lado.
La vista desde lo alto, la ciudad rodeada de vegetación, era muy linda. Había salido el sol y la temperatura estaba muy agradable.










En los basureros municipales había unos pájaros negros, de gran tamaño, en lugar de perros vagos, hurgando en la basura. Después supe que eran buitres.


Seguimos por un camino precioso y por suerte, no tan transitado. La vegetación simplemente de otro mundo. Era un camino con curvas y cuestas, bello. En medio de lo que parecía un bosque tropical, con infinidad de especies de árboles y arbustos de todos los verdes imaginables. Además con sol y sin lluvia. Lo disfruté. Y por supuesto, los infaltable e inolvidables peajes...







Para que se hagan una idea, entre Bucaramanga y Rio Negro, donde pasamos el peaje, hay 17 Km. Según las fotos nos demoramos casi una hora en cubrir el trayecto.
En una parte del camino, con harto tráfico y curvas, por lo tanto línea continua yo quise  adelantar a un camión, como lo habían hecho mis compañeritos pero al mirar el espejo retrovisor veo una pareja de pacos, él y ella en una moto. Allá es muy frecuente verlos patrullando de a dos en una moto, como los caballeros de Las Cruzadas.

Así que hasta ahí no más me llegó el impulso, me hice la buena y me quedé comiéndome el camión.
Pero después ellos mismos adelantaron con línea continua y hasta en curvas y la policía que iba de copiloto, hacía señas para que adelantáramos con ellos. Así de asumido está el problema que genera tanto camión en caminos de una pista por lado y sin berma.



En algún momento perdí de vista a Camarón.
Migué y Cristián se habían escapado, así que me fui un rato largo esperándolo, a no más de 80, pensando que venía con problemas con su mano. Por lo mismo pude admirar el paisaje y el camino con más tranquilidad. Popeye y Rana me estaban esperando, les expliqué lo que pasaba, pero me dijeron que Camarón iba adelante, y seguimos.
Cada tanto pasábamos por un poblado, y rápidamente nos familiarizamos con el gentío, el taco, los lomos de toro y con la libertad de circular por donde más te acomode.

Al final de una bajada larga había un restorán en una explanada enorme. 
Ahí paramos para desabrigarnos porque ya hacía calor, y a tomar algo.
Estuvo muuuy agradable.






Le saqué el forro a la chaqueta y los pantalones, y Vampiro tuvo que ayudarme a subir el cierre de las piernas del pantalón, porque los dedos no me respondían!


Después de seguir un rato por ese camino entramos a la autopista. Bieeen!!
El día estaba exquisito. La autopista muy buena, da la impresión que es relativamente nueva.






Aquí pude sacar fotos de cada uno en el camino. Antes fue imposible.
Rana

Migué

Ojitos

Los Vampis

Camarón y Marcella

Popeye

Cristián

Eso sí, cada tanto hay desvíos que vuelven al camino original, de dos pistas y que pasa por la mitad de los pueblos, con los consiguientes lomos de toro, camiones, tacos, vendedores ambulantes, gentío, bulla, música a todo chancho, todo lo cual configura la postal de un modo de vida muy ajeno al nuestro.
Me da la idea de que para que todo ese microcomercio no muera con el progreso, dejan la construcción de los tramos de autopistas que pasan cerca de los pueblos para el final.
Y por supuesto uno que otro peaje para alegrar el día.






Cuando se hizo necesario paramos a llenar los estanques. Nos repartimos dos bombas, una al frente de la otra, para acelerar la operación. A esa hora, con el sol en el cenit, se apreciaba ese curioso fenómeno del círculo alrededor del sol (cuyo nombre técnico es halo solar y corresponde a la radiación del sol refractada por una clase especial de neblina que tiene cristales de hielo)







Como era la hora de almuerzo, cerca de las 14 probablemente, un poco más adelante paramos en un restorán, parecido a las parrillas en el norte de Argentina, un gran espacio, con la parrilla al fondo, techado, pero abierto.
Camarón, una vez más, bajo el argumento de querer llegar luego, prefirió seguir solo. 
Igual bien jugado seguir solo por caminos desconocidos, y sin GPS.
Le preguntamos al encargado si tenía algo para comer que saliera rápido, y como nos dijo que si, nos quedamos (yo creo que nos hubiéramos quedado de cualquier forma).



Pudimos descansar, relajarnos, refrescarnos, conversar un rato, sacar fotos. Yo comí un plato de lengua en salsa, de las mejores que he probado! Realmente deliciosa. Los demás comieron una carne como bistec con tocino y yuca. También probé el jugo de guanábana. Es muy rico, se parece a la chirimoya y a la piña.



El jugo de guanábana
Reanudamos el viaje a las 15:30. Todavía quedaban más de 200 Km, y considerando que los caminos no permiten velocidades promedio muy buenas, y que oscurece relativamente temprano, estábamos bien al filo para llegar a Riohacha.
El camino precioso, expresión máxima de la naturaleza y la vegetación tropical.
El pavimento, expresión máxima de la corrupción y del abandono de los gobiernos y las autoridades del desarrollo y de la infraestructura de las regiones.
Como buena zona selvática, la señalética caminera advierte sobre la presencia de animales totalmente ajenos a nosotros, como monos, serpientes y lo que parecían lagartos o iguanas.





Progresivamente se fue nublando pero nunca bajó la temperatura.
Una buena parte de ese tramo fue un camino más bien recto, con poco tráfico y el pavimento aceptable, pero siempre atentos para no comerse un hoyo.
Estas motitos con acoplado son un medio de transporte, tipo taxi muy común








Migué iba adelante guiándonos y siguiendo a Waze. A ratos llovía un poco pero nunca fue crítico, como el día anterior en la ruta a Bucaramanga, pero lo suficiente como para parar y ponernos los trajes de agua.



En algún punto, Waze le indicaba un camino diferente al que él pensaba que era el correcto. Seguimos por la ruta indicada por Waze, pasamos por un pueblo llamado Fonseca, y seguimos por un camino más estrecho y lo que parecía una cuesta o subida suave. Ya estaba anocheciendo lo cual no nos favorecía para nada.

Ibamos avanzando, ya de noche, cuando en un cruce de caminos nos para un destacamento militar, con 2 tanquetas y varios soldados con lo que me parecieron metralletas, que estaba bloqueando la pasada. Paramos, obvio y conversamos con el militar a cargo que nos dijo que no se podía seguir por ahí porque estaba complicado, parece que había algún problema con la guerrilla y que definitivamente no podíamos seguir por ahí hacia Riohacha. 
También nos dijo que el otro camino tampoco era muy bueno, que estaba "feíto" porque estaba muy malo, con muchos hoyos, lo cual lo hacía peligroso, y porque de noche asaltaban.
Que nos recomendaba devolvernos al pueblo por el que habíamos pasado y buscáramos alojamiento ahí y que siguiéramos al otro día.
Lo conversamos entre nosotros, y decidimos seguir su recomendación y no arriesgarnos si no era necesario. Todos para callado teníamos la guata un poco apretada porque Camarón debía haberse ido por ahí y seguro que lo había agarrado la noche y la lluvia. Yo estuve muy preocupada hasta que por whatsapp avisó que estaba en el hotel.
Llegamos de vuelta a Fonseca y un chico en moto muy gentil, nos llevó hasta una bomba de bencina. Ahí cargamos los estanques y vimos donde nos podíamos quedar. 
Migué se había comunicado antes con el hotel para explicar la situación y avisar que no podíamos llegar, para ver si nos anulaban el cobro de las habitaciones. Eso no se pudo, pero a cambio nos ofrecieron servirnos desayuno al otro día cuando llegáramos, y que usáramos las habitaciones para cambiarnos de ropa ya que ese día dejaríamos las motos y toda la indumentaria ad hoc en el hotel, y tomaríamos una van para seguir a Cabo La Vela.
Bueno, ya con el nuevo plan trazado, nos fuimos a un hotel cercano a la bomba donde repostamos, el hotel Turin,  guardamos las motos, nos registramos y asaltamos el refrigerador lleno de cervezas heladas.




En eso estábamos cuando llegó el whatsapp del Camarón. Parece que cuando llegó le contaron que nosotros no alcanzábamos a llegar, lo cual hasta cierto punto, pero sólo hasta cierto punto, le daba la razón en no haber parado a almorzar. 
Pero como dice mi partner, "los viajes son así, y esto es un viaje", y parte de la aventura es vivir estas experiencias, estos imprevistos y gratificarnos de que todo se hubiera resuelto satisfactoriamente.
Entre tanto la travesía de Camarón fue bien terrible. Efectivamente se fue por el camino malo y peligroso, lo agarró la lluvia y mucho tráfico, especialmente camiones. Mala visibilidad y detrás de un camión los hoyos no se ven. Camarón se metió a un hoyo enorme lleno de agua, más invisible aún en la oscuridad, y se fue al suelo. Quedaron bien mojados pero ilesos. Un transeúnte compasivo los ayudó con la moto.
Y así fue que Camarón sí consiguió llegar ese día a Riohacha.



Desde allá alegaba que el hotel no tenía agua caliente. 
Después nos enteramos que casi ningún hotel en el norte de Colombia tiene agua caliente porque no se necesita. Hace mucho calor y el agua sale tibia.
A su reclamo nosotros le contestamos que estábamos en el jacuzzi del hotel Turin SPA & Towers de Fonseca jajajajaja.
Casi nos cree si no hubiera sido porque antes de eso Migué había mandado la foto de una araña inofensiva en su habitación.
Luego de ducharnos y cambiarnos, fuimos buscar algo donde comer. 
Como a una cuadra del hotel paramos en una pizzería que tenía mesas en la vereda.
Nos sentamos, y nos atendió Carolina. Una chica muy muy simpática y amable, que no era de Fonseca, pero que se estaba quedando con una prima, y que pensaba juntar un poco de plata para estudiar más adelante.

El local se llamaba El Perro de Nairo y además de pizzas y sandwiches de pollo o queso, ofrecían patacones de 6 tipos diferentes.

Qué manera de revolverla con los patacones. Ella iba explicando en qué consistía cada una de las variedades, y tenía que volver atrás cada vez que uno le preguntaba, y cómo era el completo? y cómo era el especial? y cómo era el sencillo? jajajajajaja que manera de reírnos!! 
Y la Carolina, con santa paciencia nos volvía a explicar la diferencia entre uno y otro.
Algunos comimos pizza y otros, patacones. Salió muy barato y lo pasamos muy bien.



Después de comer volvimos al hotel y nos fuimos al sobre, había que madrugar, tratar de salir a las 7 para llegar a tomar desayuno a Riohacha.





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