lunes, 23 de septiembre de 2019

En moto a Uyuni en Fiestas Patrias. Día 1 Santiago - Copiapó

Este año los feriados del 18 de Septiembre venían excepcionalmente favorables.
Con feriado oficial e irrenunciable, para el miércoles, jueves y viernes de la semana en cuestión, ya se sabía que lunes y martes iban a ser días muy poco productivos y poco trabajados en general. 
Por lo tanto, si sumábamos los sábados y domingos, se juntaban 9 días para hacer algún viaje largo, como ya viene siendo costumbre en Cualtaco.
Pero esta vez el desafío eran palabras mayores. Nada menos que el Salar de Uyuni, en Bolivia, destino épico, legendario y necesario para cualquier motorista.
Eso sí, con la condición  de  que fueran solo caminos pavimentados... nada de tierra, cuestión difícil de satisfacer ya que la mayoría de las rutas a este destino incluyen muchos Km de caminos de tierra en estado incierto.
Bueno, Vampiro, el gestor de la iniciativa, lo que ya se ha hecho  una tradición, propuso el viaje y trabajó muchas horas hasta construir una ruta hecha a medida para los que nos interesamos desde la propuesta inicial. Agregando dos días al feriado se podía, sin quedar destrozados.

El 24 de Abril Paparazzi creó el grupo de los posibles participantes para salir en esas fechas y de a poco se fueron afinando los detalles del destino. 
La primera reunión fue en la casa del Mamón, el 29 de Junio, donde el Vampi se lució con una presentación impecable.
El viaje sería partiendo el viernes 13 de Septiembre y regresando el lunes 23.
En el camino varios se fueron descolgando por distintos motivos, y al final quedamos Los Vampis, Camarón y la Marcella, Los Vetus, Paparazzi y Margarita, Wiro, Mamón y yo.
Hubo descoordinaciones como nunca en la reserva de hoteles, y se definieron dos grupos para volver. Uno volvería por Chile para llegar el lunes 23 de septiembre, y otro por Argentina para llegar el domingo 22.
Otro tema relevante era la altura, ya que la mitad del tiempo estaríamos entre 3000 y 4000 msnm o más, lo que podía generar algún problema si alguien se sentía mal (como en Chungará el 2013). Podía prevenirse con medicamentos y de todas maneras llevar botellas de O2.

Asimismo la necesidad de llevar bidones de 5 lt para llevar bencina para los tramos más largos, en la eventualidad de que no encontráramos combustible. Ya nos pasó una vez en Agua verde , camino a Antofagasta, que la bomba estaba sin funcionar por la tormenta de arena y el viento fuerte.
Y sabíamos que en Bolivia el tema bencina podía ser complicado, así  que era una buena idea llevar alguna reserva.

10 días antes de partir nos reunimos en la casa de Wiro y la Leo y repasamos los últimos detalles y ya estaba todo para partir el viernes a las 8:00 AM desde la Petrobras de Lampa.
La Veti, que no podía viajar el viernes, se iría el sábado en avión para encontrarnos en Calama.
El día señalado partimos con Camarón y la Marcella por la radial nororiente hacia la Ruta 5 a las 7 AM.
Era de noche todavía, y teníamos luna llena, gigante, preciosa, que nos acompañó hasta casi la llegada al punto de encuentro.


Estaba totalmente despejado y fresco.  Todos llegamos puntuales, con la emoción propia de encontrarnos para iniciar un gran viaje.


A las 8:15 partimos felices como perro con pulgas a cubrir el primer tramo de 800 Km. hasta Copiapó.
A esa hora bien poco tráfico, así que avanzamos a buen ritmo.
En La Calera había una niebla muy densa que alcanzaba a mojar los parabrisas y las micas de los cascos, y la temperatura bajó considerablemente. Algun@s pasaron frío.

Yo no porque iba abrigada con mis clásicas mil capas arriba y abajo. Además iba chaqueta nueva, recién comprada para este viaje, después de la renovación de mi licencia de conducir por 7 años, condicionada a usar lentes ópticos cuando manejara moto.
Así que yo iba chocha con mi chaqueta nueva, escandalosamente reflectante y llamativa, y mis anteojos.
Parada después  del peaje del túnel El Melón



Vetu

Mamón

Pasamos por Los Molles, y desde la carretera se aprecia un grupo de dos edificios enormes, ahí en primera línea de en la bahía de lo que era uno de los balnearios más agradables del sector, a escala humana, no devorado por la industria inmobiliaria. Pero lamentablemente Los Molles, murió, por lo menos para mí.
La parada en Los Vilos, Palo Colorado, para ser más específica, fue más que necesaria, no solo por la bencina, sino por los que se habían entumido y necesitaban tomarse un café y abrigarse.
Casa de Piedra en Pichidangui



El Vetu y el Mamón después de repostar siguieron a Huentelauquén a comer empanadas de queso. Los demás nos quedamos en la bomba y seguimos luego del café.
TOTORALILLO

Ellos nos esperaban en la berma en la carretera, así que pudimos seguir todos más o menos juntos.
Ante nosotros aparecieron imponentes, los aerogeneradores de los parques eólicos que se encuentran en la zona de La Canela.

Más adelante obras viales de gran envergadura, destinadas a gestionar el acceso a Illapel desde la 5 Norte. Se ve que va a quedar muy bueno!!
Hasta Coquimbo anduvo todo muy bien. Bastante rápido y expedito. 

Los Paparazzis


Pero el taco en el acceso a La Serena es inevitable. Tipo 1 de la tarde que fue la hora que estábamos ahí, es parte del cuento. Paciencia no más.

El plan, como siempre, era comer algo rápido en la Copec a la salida de La Serena, más allá de Serena Golf, y seguir camino a Copiapó.
La Francisca, hija del Mamón, que vive en La Serena, se fue para allá para verse un rato con su papá... la encontré full paleteada y admirable por mamarse el taco de ir y volver hasta ese punto. ella, encantadora como siempre. 
Mamón... se la debes!





Nos demoramos poco en la parada del almuerzo y seguimos camino.
El camino muy bueno, casi sin pacos. Las cuestas Los Porotitos y Buenos Aires, casi sin tráfico y con vistas preciosas desde la altura.
Recién ahí empezó a despejar y mejorar la temperatura. 




En esos tramos más largos y tan buenos nos desparramamos, porque cada uno va de acuerdo a su ritmo y preferencia de manejo... no hay para qué entrar en detalles.
Todo ese camino hasta Vallenar a mi me encanta, porque empieza el desierto con sus colores, están las cuestas y sus vistas increíbles, los observatorios astronómicos, uno tras otros, los parques eólicos.


Pasamos por el cruce donde Camarón, Rudy y la Marcella rodaron por el suelo tratando de pararse despues de una foto. Camarón pegó un logo de Cualtaco en la señalética, que todavía está jajajaja


En la parada después del peaje Punta Colorada, con el Wiro acordamos  parar en Cachiyuyo para sacarnos una foto en el letrero.



Nos enredamos donde había que entrar al pueblo, y yo me pasé unos metros de la entrada.
Wiro entró por la salida. Yo me quedé más adelante. Pero Wirito se paletió, me dio vuelta la moto en la berma y pude entrar a reunirme con los demás para la foto jajajajaja.
Ahi descubrí que las imágenes de las selfies salen al revés, y por lo mismo los letreros. Pero para efectos de esta publicación está editada.



Retomamos el camino, cada Km. más rico, y sin casi notarlo llegamos a Vallenar, a la última parada para echar bencina, antes de llegar a Copiapó.
Ahí nos desabrigamos, tomamos agua, y conversamos con unos brasileños que habían pasado por Jama dos días antes, y nos dejaron medio asustados porque nos comentaron que les había tocado nevado, con hielo en la calzada y mucho viento.
Nos regalaron un sticker de su grupo, nos despedimos, ellos siguieron a La Serena y nosotros a Copiapó.

La llegada a Copiapó, haciendo abstracción del factor humano, es decir las casuchas y la cantidad de neumáticos apilados al lado del camino, a mi me encanta.
Los cerros circundantes, especialmente el atardecer son bellos!
Igual que  la bajada interminable hasta el plano.
Había hartos camiones llegando a esa hora, así que le hice caso a Wirito de tirarme no más detrás de él, y adelantar a la caravana casi completa.
No fue difícil llegar al hotel, yo calculo que debe haber sido como las 18:30.
Saqué mis cosas de la moto y creo que Camarón me la llevó hasta el estacionamiento, que por supuesto, pensado en el ingreso de autos,  no ofrecía ni la más mínima facilidad para las motos.
Nos registramos en un Ibis Budget, que son básicamente hoteles de menor costo, de paso, con lo justo y necesario, incluido el espacio jajajajajaja
Yo compartí la pieza con el Mamón y nos organizamos de lo más bien para no interferirnos. 
En la recepción nos ofrecieron una empanada y un vaso de vino de cortesía. (yo me tomé el del Wiro jajajajaja)

Más tarde nos encontramos en el lobby y supimos que el Pollo, que se había bajado del viaje por temas de tiempo, estaba en ese mismo hotel con el Brutus y otra gente de otro grupo, en un paseo por tierra, a Maricunga, sin parejas.
Eso dio pie a toda clase de especulaciones respecto de los costos de un viaje en esas condiciones jajajajajaja.


Después nos fuimos a comer, a un restorán a algunas cuadras del hotel. En el camino fuimos recordando melodías añejas, de la nueva ola o antes, osea  la prehistoria jajajajajaja.
Comimos muy rico en un restorán con una muralla de espejo para hacerlo más amplio, pero que hacía un efecto muy freak en la bandera que adornaba el comedor en la víspera de Fiestas Patrias. Vampiro y yo pensamos que era una bandera con una especie de cola roja...pero no, era la ilusión óptica creada por el espejo.

Volvimos caminando al hotel, planeando el día que seguía, de Copiapó a Calama. 
En el camino nos encontramos con una caseta de teléfono. Es que antes había teléfonos públicos que funcionaban con monedas y con la memoria del usuario que manejaba su agenda, o con una libretita o un papelito con el número anotado.
Obviamente estaba en desuso, siendo más un objeto de decoración urbana, para que los que saben de qué se trata, nos sacáramos fotos.
 






















Primer día, check ✔. Todo según el plan. Nos fuimos a dormir pensando en el segundo día que también era bien largo.

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