domingo, 27 de mayo de 2018

En moto a Foz de Iguazú. Capítulo 4, de Rosario a Concordia

Después del día de relajo en Rosario, nos tocaba una jornada relativamente fácil. Solo nos separaban 300 Km de Concordia, nuestro siguiente destino.
Claro que yo ya no me confío de las distancias... puede pasar cualquier cosa o no pasar nada, y demorarte todo el día en cubrir los 300 Km. La constante V es más confiable.
Para los que no saben, la cte. V es el cálculo que ha hecho Vampiro con miles de datos, llegando a que, con independencia de todas las demás variables, la velocidad promedio de los viajes en moto es de 50 Km/hr.
El desayuno estuvo muy bueno como siempre... el café y las facturas... delicioso.
Salimos a las 9:30, todos muy puntuales.
Echamos bencina en la bomba de la esquina, cercana al hotel.





El día estaba espectacular, despejado, soleado, y sin nada de frío.
En principio habíamos pensado ir al monumento icónico de Rosario antes de partir. Pero lo descartamos porque estaba en restauración y los que no lo conocían habían ido el día anterior, constatando que se veía poco y nada.
Enfilamos en dirección a la salida que conduce al puente que cruza el Paraná, y que conecta Rosario con Victoria, y que se llama puente de Nuestra Señora del Rosario.




Al ir recorriendo las calles empecé a recordar con total nitidez los barrios que íbamos pasando, y que había conocido en viajes anteriores, como hace un millón de años, pero que tenía borrados.















Vampiro nos llevaba con el Maps.me que anduvo perfecto y precisión total.
Después de varios desvíos, curvas y tréboles, llegamos a esta impresionante obra de ingeniería que se erguía ante nuestros ojos. 
Es monumental, imponente. Mide 608 mt. de largo y fue inaugurado en 2003.











El Paraná es muy muy ancho, y pasado el puente hay numerosos bancos de sedimento que parecen islotes en la mitad del cauce y más allá aparecen lagunas a ambos lados de la carretera.
Son 56 Km de humedales del río Paraná.



Saliendo del puente se paga un peaje.
Después de eso paramos a sacarnos un poco de ropa. Y a comentar lo impresionante del puente.




Seguimos por un camino de una pista por lado, muy transitado con autos y camiones, lo cual implicaba alguna dificultad para adelantar, pero nada del otro mundo.
Después el tráfico disminuyó ostensiblemente y podíamos fijarnos más en el entorno, el clásico humedal, con lagunas irregulares en la planicie ilimitada.









Como a la hora de camino, a la entrada de un pueblo, después de una arboleda muy linda, paramos a tomar un café.






En ese lugar Vampiro y la Antonieta compraron repelentes para mosquitos. Si bien no pasaríamos por las zonas más afectadas por el dengue y la fiebre amarilla, como no alcanzamos a vacunarnos porque las vacunas se agotaron en Chile, tener los repelentes nos daban alguna tranquilidad.
La temperatura estaba ideal. Como para ir con muy poca ropa, calorcito pero no sofocante.




El paisaje se iba poniendo cada vez más verde, con extensas llanuras que parecen muy fértiles. A lo mejor son puros pastizales, pero se ve bonito en contraste con el cielo azul.
Cada tanto algunas quemas agrícolas que recuerdan lo muy poco preocupados del medio ambiente sustentable que son los argentinos.


Eso sí pocas vacas, comparado con lo que se ve más hacia Buenos Aires y el sur argentino.
Avanzamos unos 100 Km, cada vez con menos tráfico. En rotonda del desvío hacia Paraná, ya en la provincia de Entre Ríos, saludamos a un grupo de motoristas que iban en la dirección contraria.


Seguimos camino hasta que fue hora de decidir respecto al almuerzo, y paramos en una YPF con ese propósito y para echar bencina.




Nos recomendaron una parrilla en el borde del camino unos 30 Km más adelante. El Gaucho Gil.
Para allá partimos, con el diente bien largo.
La localidad se llamaba Valleguay.
El lugar estaba anunciado por una figura como maniquí de tienda, puesta en la berma, con shorts, un peto, y un pañuelo rojo que flameaba al viento.
Pero eso, ya de por si freak, no era nada comparado con todo lo que había en todo el recinto de la parrilla.



Eso de que era al borde del camino era un eufemismo cerca del engaño, al menos para los motoristas, que el terreno es tema, y especialmente para mi.
Estaba ahí mismo, pero con una bajada maldita, irregular, con peñascos y una parte blanda rellena como con tejas trituradas.

Los valientes se tiraron camino abajo. Ojitos titubeó, la pensó y estacionó la moto en la tierra al borde del camino, pero a una buena distancia de la calzada. Obviamente yo lo imité.

A la entrada del "comedor" había un gaucho de yeso (parece) 
Nos acomodamos en una gran mesa, al aire libre, debajo de un techo como de planchas de zinc o policarbonato que daba buena sombra.




La parrilla, atendida por el dueño estaba ahí mismo, con todos los cortes de carne haciéndose a las brasas. Me acuerdo del olor y me da hambre.

Nos trajeron unos fiambres, queso, pan y cervezas de litro en fundas de plumavit para mantenerlas heladas.
La esposa del dueño, asumo que el gaucho Gil, ( y no gil), nos contó una historia de que alguien de su familia vivía en Chile, y nos pidió que le diéramos saludos mientras nos grababa para mandarle el video de los chilenos.
Luego salió la carne, el asado de tira, las morcillas y trajeron la ensalada. 
Todo estaba muy muy bueno, acompañado de las vaaaarias Quilmes heladitas.


El lugar era muy ecléctico por decirlo de algún modo. 
Parece que algún miembro de la familia era medio aficionado a la escultura, ya que, aparte de la que avisaba la parrilla en el camino y el gaucho abajo,  había una terminada que funcionaba como macetero enorme de dimensiones egipcias y otro en proceso de fabricación. 

También un caballo y un ciervo, y un crucifijo con Cristo y todo, tamaño natural.
Y qué decir de una especie de altar con una figura bien tétrica como de la representación mexicana de la muerte. Un esqueleto con manto de virgen o de santo, y un rosario en las manos huesudas. Raaaaro.

Al lado, pero no cerca, una imagen tamaño natural o más de una virgen con todas las de la ley.
Y todo esto en un terreno que tenía estructuras como vallas de canchas de salto ecuestre, algunas desmanteladas o rotas en el suelo, con un león blanco en la mitad.
Y balancines de troncos para los niños.

Más el horno como de barro, y un santuario dedicado a San Muerte, con objetos agradeciendo los favores concedidos. Tiene reja para protegerlo de actos vandálicos, como dice el letrero rojo.
Con todas las dudas del significado de objetos tan disímiles, nos aprestamos a reanudar el viaje.

Eran las 15 horas, habíamos salido a las 9:30 y habíamos recorrido 180 Km aprox. jajajajajaja osea, promedio 32 Km/hr.
Salir del lugar para mi, era una proeza. Yo me puse arriba a la salida para indicar que no venían autos y así pudieran subir y seguir, sin tener que frenar y sortear la tremenda irregularidad para entrar al asfalto. 
El primero en aventurarse fue el Vampiro, parado en los pedalines. Impecable.
Después el Vetu, perfecto.
Camarón por supuesto, eligió otra salida, más plana parece, no la oficial.
Al final Gasparín, que no me pescó con mi señalización. Yo le estaba advirtiendo que no avanzara porque venían autos y que esperara.
Pero se tiró igual, subió, paró arriba a mirar y a dejar pasar los autos, y cuando quiso seguir, pasó paralelo al borde del pavimento que estaba alto, se le enganchó la rueda delantera y... al suelo!



Entre todo ayudaron a levantar la moto, pesada de por sí, más todo el equipaje.
La mujeres sacábamos fotos.
Por suerte no hubo lesiones ni daños.


Seguimos camino, yo esperaba que esta vez, los 150 Km que faltaban fuera sin más paradas!

Lo hicimos a buen ritmo, avanzando por la extensa llanura verde, bajo el cielo azul y limpio, con 30°, por un camino bien bueno, salvo por un tramo de desvío en regular estado, por reparaciones, o término de construcción de esa parte de la ruta.






Entramos a Concordia por el sur. 

Antes de entrara a la ciudad misma, letreros sugerían comer yacaré y milanesa de surubí... ambas cosas desconocidas para mi al menos.




Concordia es la tpica ciudad argentina, con construcciones de baja altura, no muy llamativas, donde conviven pequeños negocios de comida casera, vulcanización, minimarkets, con un centro de convenciones, con las banderas de todos los países sudamericanos en el frontis, y casonas aristocráticas antiguas convertidas en dependencias de los gobiernos regionales.















El Maps.me nos llevó certero hasta el hotel. Por fin!! Eran las 16:45, osea 42 Km/hr de promedio. La cte. V no falla!
Nos registramos y después llevamos las motos al estacionamiento que quedaba en la parte de atrás del hotel pero se entraba por la calle de al lado.
Algunos disfrutaron de la piscina.



La vista de mi habitación


A las 19:30 nos juntamos para salir, ya duchados y desempaquetados.
Los Vetus y Ojitos con la Stella y Vampiro con la Anto fueron caminando hasta la ribera del río Uruguay.

Con Camarón, la Marcella, Gasparín y la Carla no quisimos caminar y nos quedamos en un restorán a comer algo liviano.
Nos reímos mucho con las anécdotas de Gasparín y su bote. Era remero de élite en su juventud, y uno de los placeres más grandes que experimentaba, si mal no recuerdo, era que el remo entrara perfecto en el agua y lo impulsara en un movimiento también perfecto.
La comparación que hizo para que entendiéramos a cabalidad el placer que experimentaba fue lo que nos hizo reír a carcajadas, y no pararon las tallas en relación con "el remo de Gasparín". Me acuerdo y me vuelvo a reír! jajajajaja.


 




Terminamos de comer y nos fuimos a dormir. En la plaza, justo al frente del hotel, era noche de carnaval, como en muchas localidades de esa zona. 
Estuvo bonito verlo desde el balcón de la habitación.
La mañana siguiente era con madrugar y estar saliendo a las 8.
Serán 600 Km hasta Posadas.









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