domingo, 5 de agosto de 2018

En moto a Foz de Iguazú. Capítulo 12, de Santa Fe a Villa Carlos Paz. 21 de Febrero 2018

Desayunamos temprano porque la idea era llegar a Carlos Paz a almorzar para así aprovechar la tarde.
Para eso, teníamos que salir temprano y meterle chala.
Teníamos 400 Km. por delante.

El desayuno, a diferencia del bar era muy bueno en este hotel, y el estacionamiento estaba muy cerca del ascensor, y en el primer piso, con luz natural,  lo cual era un agrado.


Habíamos pensado salir a las 8 pero no lo logramos. 
A las 8:20 ya ibamos partiendo. El tráfico, decente, ni mucho ni poco, a pesar de ser hora peak en la ciudad y la salida fue bastante expedita.







Con Vampiro nos aplicamos en eso de meterle chala... el resto más o menos no más.
Ya en la carretera, la RN 19, el camino estaba bastante despejado, con poco movimiento, así que si se podía mantener un relativo buen ritmo.







A muy poco andar, el primer peaje, estación de peaje Franck
Y después de un rato, la carretera se hacía de doble pista, así que con mayor razón podíamos avanzar más o menos rápido, y desafiar la KV de 50 Km/hr.
En el camino teníamos que echar bencina, ya que las motos no se habían movido del hotel desde que habíamos llegado a Santa Fe.








Que buen nombre para una escuela agrotécnica!

Más o menos a 120 Km de camino divisamos una Shell pero en la calzada del frente.
Vetu, que iba con la reserva, se adelantó y cruzó a la bomba por una pasada de tierra hecha espontáneamente para darle acceso y salida a la bomba para los vehículos que transitan por la calzada del frente.
Vampiro se paró en la berma antes del improvisado acceso de tierra para indicarles a los que venían más atrás que entraran por ahí.
Yo no alcancé a ver bien la pasada, y además, como poco amiga de la tierra que soy, seguí hasta la rotonda 1ó 2 Km más adelante, para devolverme hasta la bomba. Que, además, era la indicación del aviso de la Shell.




Todos recargamos, y todos menos yo volvieron al camino por la pasada de tierra. Yo no me atreví porque aparte de la tierra y la subida tenía declive en la parte que alcanzaba el pavimento. Así que me devolví 4 Km hasta el siguiente retorno para volver a la carretera.

Nos reagrupamos y seguimos. Camarón se adelantó y se fue solo. Lo cual da lo mismo salvo el hecho que se lleva a una de las fotógrafas con el!
El camino estaba super bueno y el día rico. Despejado y no tan caluroso, al menos a esa hora.
Otro peaje en Devoto



Pasamos por una sucesión de pueblos con nombres graciosos ypeculiaridades poco vistas, menos en pueblos perdidos en la pampa argentina.
 El Tío, Arroyito, y Santiago Temple, el más kitsch que he visto! Con los monos de Warner Brothers y Disney como ornamento urbano en la vereda.
El Tío:
 Arroyito:


 Santiago Temple:







Más adelante el GPS se mareó y nos tiró por un camino nada que ver, Tuvimos que dejar de hacerle caso y dar una vuelta para poder volver a la carretera.
Poco rato después paré a Gasparín para avisarle que llevaba la llave de la maleta trasera puesta y flameando que era un gusto, y con riesgo de que se cayera y la perdiera.
Paramos, solucionó el problema y seguimos. 
En el desvío hacia Córdoba, Ojitos nos estaba esperando. Seguimos por caminos más chicos y paramos en la siguiente bomba para un café. Con los Vetus y Gasparín preferimos seguir para llegar luego a Carlos Paz. Además ya hacía mucho calor.






Con la mala pata que entre que no seguimos la señalética y le hicimos caso al GPS, en vez de seguir por una especie de by pass a Carlos Paz, nos fuimos por el centro de Córdoba, un horno y atestado de autos y micros, a todo sol. Horrible.
Además nos perdimos, nos costó dar con la salida hacia nuestro destino.

La entrada a Carlos Paz es hermosa. Desde lo alto en la amplísima autopista se ven las lomas y el embalse San Roque. Ahí uno ya sabe que está llegando.

Sin mayor dificultad dimos con el hotel, que estaba a la entrada de la ciudad.
Camarón se había ido por el camino correcto y había llegado harto rato antes.
Nos recibió Fabricio, el dueño y manager del lugar, muy amable y comprensivo.
Nos entregó las llaves sin tener que registrarnos.


El hotel bien básico, pero con buen estacionamiento, piscina grande, reposeras, buen desayuno con coissants deliciosos, y Fabricio que se esmera en la atención
Cuando ya estábamos todos fuimos a almorzar sin cambiarnos, en taxi. Queríamos ir a La Volanta, donde según el recuerdo de varios, se comían los mejores bife chorizo de Argentina. Y estaba cerrado!
Así que fuimos a una parrilla por ahí cerca. Muy buena. 
El mozo extremadamente esforzado y atento, un hombre mayor, llamado Antonio.
Nos cominos los bifes acompañados de fritas y ensalada, y cada uno con su cerveza de litro, que, como sostiene mi partner, es el mejor hidratante del mundo.
Después de almuerzo volvimos al hotel. Varios se fueron a dormir, Camarón se fue a dar la vuelta al embalse, con la Carla nos fuimos a la piscina y de Vampiro no se supo nada nunca más.
Como estábamos de muy buen ánimo, decidimos salir en la noche.
Lo bueno es que como el hotel queda lejos, Fabricio tiene una van en que traslada a los turistas a las 10 PM hasta el centro de Carlos Paz.
Así que para allá partimos, los Vetus, los Chanchis, Camarón y la Marcella, Gasparín y la Carla y yo.
Fabricio nos dejó muy cerca de la calle principal. Nos bajamos y recorrimos las calles iluminadas, con las tiendas abiertas y llenas de gente.

Paramos en un local sin haber decidido realmente qué haríamos. Nos tomamos una cerveza, nadie tenía hambre como para comer en ese momento, así que decidimos postergar la comida para más tarde.





Estábamos en una esquina un poco en nada, y bastante erráticos, cuando se nos acerca un tipo de muy buena facha, y la labia propia de los argentinos, entrador como él solo, nos mete conversa, nos dice que ahí mismo están presentando una obra de teatro buenísima, que nos hace precio por el grupo, etc etc y al final, como no teníamos planes, decidimos ir a la obra en cuestión, después que nos dejara todas las entradas en 900 pesos, menos de $2500 pesos chilenos cada uno... Amí esas cosas me incomodan un poco, porque creo que especialmente en lo que se refiere a música, teatro, espectáculos, y artes en general, hay que pagar lo que vale, porque si no, cómo se sustentan... todos apreciamos el desarrollo cultural, pero nadie quiere invertir en eso... pero bueno, hasta aquí dejo mi opinión al respecto.
Hicimos una cola en la vereda para entrar, y nos sentamos en primera o segunda fila, no recuerdo bien, pero muy adelante.
La sorpresa fue que el actor principal era el mismo que nos había abordado en la calle.
La obra, lejos de ser un referente del teatro argentino, pero la encontré entretenida, con un ritmo sostenido, como toda obra argentina, con la cuota justa de chicas ligeras de ropa (casi corriendo como diría Alvaro Salas), razonablemente bien actuada, que nos hizo pasar un rato muy agradable.
Después de eso nos fuimos a comer a un restorán con mesas en la vereda. A esa hora había refrescado, y gracias a la Carla que me prestó un polerón, no me congelé.

Despues de comer, cerca de la 1 AM, había que volver al hotel, y conseguir taxis.
Nos explicaron que había paradero de taxis. Una esquina en que la gente hace fila, y los taxis que se desocupan se dirigen hasta allá a recoger los pasajeros, por orden de llegada.
Camarón se agarró con un argentino, porque según él, Camarón no le había respetado el lugar. Parece que el argentino estaba paveando y Camarón se lo saltó y se puso con nosotros, lo que terminó en una discusión a grito pelado.
No tuvimos que esperar tanto, y nos volvimos en 3 taxis.
Llegamos al hotel bien cansados, a dormir, con el plan de recorrer Carlos Paz y sus alrededores al día siguiente.
Y de saber del Vampiro!


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